jueves, 1 de diciembre de 2022

Empaquetando...

Y mañana nos mudamos. 

Tengo que escribir de Londres. De Granada. De muchas cosas. Pero lo haré cuando estemos instalados y con Internet en vez de agobiada por no encontrar la colcha. 

No, en serio: ¿dónde se ha metido la dichosa colcha?

martes, 29 de noviembre de 2022

London, baby

En unas horas me voy a Londres. 

Tranquilidad: vuelvo por la noche. 

A veces hay que hacer locuras sin sentido, qué puedo decir. 


lunes, 28 de noviembre de 2022

Despedidas con tiramisú

Estas dos semanas han sido intensas y llenas de novedades. Por abreviar: nos mudamos a Granada esta semana. Él y yo. Ya iré dando más detalles, palabra. 

La cuestión es que estos días están llenos de cosas que hacer. Médicos, compras, maletas, peluquería, de todo. Y despedidas. 

El sábado nos despedimos de Primor y Abracitos con comida china. Hoy, de Jung y Loki con comida italiana. Después de sacarnos el máster en comida india, ahora vamos a por los italianos. Una vez los hayamos probado todos, escribiré al respecto. Pero por ahora, basta decir que hemos cenado muy bien. 

Menudo día me espera mañana... Tengo muchas ganas y a la vez me da una pereza inmensa. Pero ya vaguearé este finde. En mi casa. Con mi pareja. Por fin. 

Mañana más. Aunque me reservo el derecho de no escribir si se me acumula la faena. 

domingo, 6 de noviembre de 2022

Ojalá fuera John Wick

Hoy he visto la primera parte de John Wick por primera vez. Y me ha encantado. 

No tiene un gran argumento, ni un gran guion. Keanu lo hace muy bien... pero es que tampoco había mucho material para hacerlo mal. Pero le gusta a mi parte reptiliana, igual que a todo el mundo. 

Me gusta porque es una historia de venganza. 

Sin moralina. Sin lecciones. Sin sofisticación, ni planificación. Y aunque una parte más elevada y noble de mi persona esté en contra de lo que él hace y considere que hay formas mucho mejores y más productivas de enfrentar las cosas, hoy quiero sangre y dolor, y que no sea el mío. 

Ojalá pudiera ser John Wick por un día sin consecuencias. Ojalá pudiera soñar que lo soy esta noche. Soñar que llego a casa de mis enemigos, que los sorprendo y los tengo a mi merced

Podría deleitarme mucho describiendo la tortura que se me pasa por la cabeza, pero el sentido común todavía me llega para comprender que no es una buena idea compartir ese tipo de ideas. Pero les haría daño. Mucho. 

Rooibos para no desesperarme más. Peli o libro para no pensar. 

Hay niños con cáncer cerebral inoperable. Hay millones de personas que no saben leer. Hay millones de mujeres que se prostituyen porque no tienen otro remedio. 

Dentro de lo malo, tengo suerte. 

PS: Me despido por lo menos hasta el 28 de noviembre. Con este mal humor no se puede escribir nada.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Aaron Carter ha muerto

Y solo tenía dos años más que yo. De pequeña me gustaba mucho, probablemente fuese la razón de que me gustasen tanto los rubios. 

Ningún crío debería ser famoso nunca. Los niños deben ser niños.

viernes, 4 de noviembre de 2022

La carta de desactivación

-La carta de desactivación va al montón de descartes.

-Y la del exploding kitten, al de Platón. 

Como no voy a amarlo. 

jueves, 3 de noviembre de 2022

Maneki-neko

Osisi murió hace meses. Le puse tierra nueva, la mimé más, intenté enderezarla... No hubo manera. Y como no le preste atención, Roslina acabará igual. 

En su momento, me prometí que no me compraría más plantas hasta que me mudase con él... pero he picado. No tengo remedio. 

Esta tarde me he ido con Jung a comprar su regalo de cumpleaños. Le dije que le regalaría una zamioculca, mi planta favorita. Y de una conversación loquísima que tuvimos entonces, se decidió que su plantita nueva se llamaría Iloveny, en honor de todas las niñas con ese nombre cuyos padres obviamente no adoran Nueva York. 

Es la primera vez que voy a Verdecora, y la verdad es que mola mucho. Monsteras enormes, cactus aterradores, begonias alienígenas, plantas cuyas hojas parecen pintadas con acuarela... Ahí hay de todo. Con espacio y dinero suficiente, nos las habríamos llevado todas. 

En uno de los pasillos, me llamaron la atención los bambús de la suerte. Cuando vivía en Varsovia, tenía uno en mi piso, herencia de los antiguos inquilinos. Mira que es fácil de cuidar, pero o le puse demasiada agua o no lo supe podar, que el pobre se me murió. Ni yo le di suerte, ni él a mí, ya que al poco me rompí el brazo en España. 

Llevo días pensando en muchas cosas. Y ahora se me ocurre que la fe no existe sin acciones. No se puede probar la confianza sin correr riesgos. Se me murió un bambú, y una sanseviera, pero no tiene por qué volver a pasar. Perdí un trabajo, pero no tiene por qué volver a pasar. Elijo confiar en mí. Hay días en los que me sale bien, y días que se me salen por los pies sin que consiga aprovecharlos. Eso es la vida. Y por todo lo bonito que tiene, y por todo lo buena que soy, ambas nos merecemos un voto de confianza, un salto de fe.

Me he comprado un bambú y un jarrón para que viva en él. Lo he colocado junto a Roslina, a ver si hacen buenas migas y se dan aliento mutuamente. Por supuesto, el bambú necesitaba un nombre y decidí encomendarle la misión a Jung. Quería un nombre oriental y relacionado con la suerte. No tardó ni diez segundos en responder: Maneki-neko. Esos gatos dorados y rojos espantosos que siempre están moviendo la patita y que en teoría atraen la buena suerte. 

Al principio no me convencía, pero qué demonios, su planta se llama Iloveny. Es lo más normal del mundo que mi planta también tenga el nombre de algo cutre. Y quién sabe, quizá el nombre le siente bien. Yo con que siga viva, me conformo. 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Sin ideas ni tiempo ni ganas

Hoy ha sido un día bastante flojo en casi todos los sentidos. Aunque he conseguido darle la vuelta y que termine medio bien, ha empezado muy mal. Pero no me apetece entrar en detalles.

Él se ha quedado a cenar y ahora se queda a dormir. Así sí que se madruga a gusto.

martes, 1 de noviembre de 2022

Chelva

Chelva es un pueblo a unos sesenta kilómetros de Valencia en el que estuvimos hace meses para ver pájaros. Hoy hemos vuelto con Loki y Jung para hacer una rutita de senderismo.

Buscando información, descubrimos que el antiguo barrio musulmán se parece a Chefchaouen, la ciudad azul del norte de Marruecos. Por suerte, la ruta del agua lo recorre entero y llega hasta el río. En total, han sido unas tres horas de pasear y respirar aire puro. 

Hemos visto casitas preciosas, muchas con una decoración de Halloween que las hacía más bonitas, si cabe. Y plantas alienígenas. Y gatos. Y una mariposa lindísima que nos ha hecho el favor de posar para la foto. Y hemos recorrido una cueva a lo Indiana Jones. Dos veces. También hemos visto una cascada, una presa, una iglesia-mezquita y un restaurante estupendo en el que no hemos podido comer porque estaba todo reservado. Tendremos que volver. 

En días como hoy, festivos raros en mitad de la semana, es importante salir y hacer algo. Si puede ser en buena compañía, mejor. De lo contrario, es fácil caer en las garras del sofá y la tele. Y la verdad… Chelva es más bonita. 

lunes, 31 de octubre de 2022

Historia de dos tostadas

El viernes pasado decidí desayunar una tostada después de acudir a una cita en Valencia. En el centro, no tengo referencias de buenos sitios para desayunar. Me refiero a sitios sencillos, del pueblo, donde desayuna la gente de a pie como tú y como yo. Sitios de tartas suculentas y trampas de turistas conozco muchos, pero no era eso lo que buscaba el viernes.

Al final, por no pensarlo más, me metí en una pastelería-cafetería que lleva unos cien años en funcionamiento. Un local en una calle muy céntrica, a un minuto de la estación de tren... debí verlo venir. 

Las camareras no podían tener más desgana encima. Casi parecían hacerme un favor por atenderme. Nada, me toman nota, se va... Y al rato (demasiado largo para la clientela que había), me trae la tostada.

El pan, gomoso. El tomate, triturado (!!!) y gélido. El jamón... raquítico, salado y pálido. Daban ganas de enviar al jamón a comerse un jamón para que espabilase y pusiese mejor cara. Pido que me calienten un poco la tostada, a ver si remonta la cosa... Ni flowers. Esa tostada está más hundida que el Titanic. 

Le doy dos bocados y decido que no puedo más. Vale la pena no comérsela. Pago la carísima tostada y me voy. 

Al cabo de un rato largo, después de hacer algunos recados, me entra hambre. Normal, dado que no había desayunado. Estaba al teléfono con MacGyver, que también tenía hambre. Así que hicimos algo que hacemos mucho: sentarnos a tomar algo y hacer videollamada. Ella desde Lausanne, yo desde Valencia. En esta ocasión, entro en una cafetería de una cadena de Valencia, un Coffee Corner. Me gustan estas cafeterías porque el café está rico, el ambiente es agradable sin estridencias y son carne de funcionario: estos locales están llenos de oficinistas en la hora del almuerzo, de gente normal. 

¿Por qué no me fui a un Coffee Corner de buenas a primeras en vez de ir al primer local? Porque me pillaban un poquito a desmano y tenía hambre. Punto.

Entro ahí y el sitio está lleno. Pero eso no impide a la encantadora chica tras la barra saludarme, preguntarme qué quiero y, ante mi indecisión, hacerme un par de sugerencias. Decido jugármela y pedir exactamente lo mismo que en el otro sitio: media tostada de jamón y tomate y un café con leche. 

Me siento en la terracita interior, tranquila y agradable. MacGyver y yo estamos en la gloria mientras espero el segundo desayuno. Por fin llega y -¡maravilla!- es justo lo que quería. Pan crujiente. Tomate rallado. Jamón gordito y rico. Qué delicia. Qué exquisitez. Y qué majas fueron las tres camareras antes, durante y después de mi consumición. 

Obviamente les di las gracias por hacer su trabajo con tanto cariño y les di propina. No cuesta mucho ser amable y quizá alegrarle un poquito el día a la gente que trabaja cara al público. A mí me lo alegraron con creces.

En fin, que estoy de vuelta. Sin grandes temas... tampoco es que lo esperase. Era esto o hablar del misterio de la boca de mi novio, que normalmente sabe a albaricoque y hoy sabía a chocolate con leche, sin comer él ninguna de esas cosas nunca. Y la verdad, de las tostadas llevaba un par de días queriendo escribir. 

Ah, hoy he hecho Pilates por primera vez en mucho tiempo. Mañana me voy de excursión. Voy a morir :D. 

domingo, 23 de octubre de 2022

Necesito un descanso

Hoy hemos estado en Xàtiva y nos lo hemos pasado muy bien. Y eso que no hemos visto lo más bonito de la ciudad... Quizá la próxima vez.

En fin, al lío. La semana que viene va a ser muy intensa y, antes que pasarlo mal por las noches para llegar a tiempo escribiendo, prefiero ser realista y darme una semana sin publicar.

Volveré en Halloween. Sed buenos. 

sábado, 22 de octubre de 2022

Cena primorosa

Llevábamos tiempo sin quedar con Primor y Abracitos. Pero los chicos decidieron sincronizar agendas y por fin nos hemos ido esta noche a cenar.

Primero hemos ido a una librería de segunda mano. No he comprado libros, por suerte… pero pelis, sí. Hay gente a la que le sorprende que aún compre películas en DVD y lo entiendo. Es mucho más cómodo usar una plataforma de streaming y ocupa mucho menos espacio… pero estoy harta de depender del catálogo de turno. Y nunca está todo lo que uno quiere ver. Así que, mientras los DVD se puedan reproducir, pardiez que seguiré ampliando mi colección.

Luego hemos ido a cenar. Primor y Abracitos, además de ser sibaritas y de buen comer, son veganos. Por ello, siempre acabamos en algún restaurante interesante y rico. Esta noche hemos ido a El Khambú y qué puedo decir… Qué hamburguesas. Qué postres. Qué boniatos. Hablemos durante un segundo de los boniatos: ¿por qué no han sustituido ya a las patatas fritas en todos los restaurantes de comida rápida? Están más ricos y son un pelín mejores para la salud. En fin, misterios de la vida.

Hemos acabado pronto, por lo que hemos podido jugar un poco con los gatos en casa de Primor y Abracitos. Bueno, yo no he jugado mucho esta vez; estaba ocupada bebiendo agua y comiendo chuches veganas (la única mala decisión de la noche). Pero él se lo ha pasado en grande. Y yo mirándolo. 

Qué bien nos ha sentado esta noche. Pese a la falta de intimidad, al menos hemos salido como adultos. Y cuánta falta nos hace eso.

viernes, 21 de octubre de 2022

Al fin viernes

Apenas nos hemos visto esta semana. Entre el club de lectura, MacGyver y el Estupendo, además, el poco tiempo que hemos estado juntos no hemos podido darnos amor. 

Cuánto nos echábamos de menos. No para hacer nada extraordinario, simplemente para estar cerca y tocarnos, respirarnos, sentirnos. Igual que dos nutrías nadando en el agua, o dos halcones volando juntos. 

Cenita romántica. Y quizá ver La Roca. Y mañana por la mañana (esto te va a hacer mucha ilusión, mi vida), un Ausschlafen como una casa.

jueves, 20 de octubre de 2022

Caballo de bastos

Esta mañana he sacado a pasear al perro de Talía. El pobre ya es muy mayor y está muy enfermo... Nunca me ha gustado sacarlo a pasear porque tira mucho, pero la verdad es que me da mucha pena. 

Esta vez no ha tirado y yo he podido pensar en mis cosas, y mirar las urracas y el metro pasar. De repente, sobre uno de los arbustos me he encontrado un naipe: el caballo de bastos. 

Me encantan los juegos de adivinación desde siempre. Recuerdo que, cuando Talía era adolescente, ella y sus amigas jugaban con la baraja a leerse el futuro. Primero, se sacaba la sota de copas: representaba a la chica. Luego, se barajaba el resto de las cartas y se elegían... ¿diez, quince, veinte? No me acuerdo. Y se empezaban a sacar y a leer.

Si te salían copas, habría amor en tu vida. Si oros, dinero. Si bastos, peleas. Y si espadas, celos. Pero lo interesante era cuando salían las figuras: los caballos eran pretendientes; las sotas, chicas que se iban a interponer entre los pretendientes y tú (a nadie se le ocurrió que pudiesen ser tus colegas) y los reyes, obstáculos en general.

Si te salía el caballo de copas, la alegría era máxima: ibas a acabar con el chico que te gustaba. 

La lectura del tarot no es más que una versión más sofisticada de este jueguito. Y sin creérmelo mucho ni ser ninguna experta, confieso que me interesa, que me gusta, y que cuando tengo alguna duda, consulto mis arcanos mayores de Belén Segarra. 

Es la primera vez que me encuentro con una carta, así porque sí, y he decidido que significa algo. Al volver a casa, me puse a buscar. Si bien no todas las páginas que he consultado dicen lo mismo, sí que hay elementos comunes.

El caballo de bastos es una carta activa, relacionada con el fuego. Anuncia viajes y cambios repentinos: mudanzas o cambios de trabajo, por ejemplo. Además, se relaciona con el éxito en lo material y resolución de problemas. Si sale del derecho, claro está. Si sale del revés, en posición invertida, la cosa cambia: anuncia obstáculos, falta de acción y frustración.

Creo recordar que la vi del derecho, y casi prefiero no cuestionarlo mucho. Pero es un alivio saber que al menos el universo me envía buenos augurios. 

miércoles, 19 de octubre de 2022

Hacia adentro

Hay momentos en los que miro hacia afuera. El cielo, la ciudad, la gente, la comida. La familia. Las necesidades de la familia. El club de lectura. Todo lo que empieza donde acaba mi piel. 

Hay momentos en los que miro hacia adentro. Mi vida, pasada, presente y futura. Mis errores. Mi dirección, o la falta de ella. Mis objetivos. Lo que necesito. Lo que anhelo. Lo que añoro. Lo que me dice mi cuerpo. Todo lo que empieza con mis latidos. 

Llevo más de una semana mirando mucho hacia afuera. Era necesario. Primero, durante las vacaciones. Luego, durante la visita de MacGyver. Se ha ido esta tarde y nos lo hemos pasado muy bien, pero molaría tenerla más cerca...

No es bueno mirar mucho ni hacia adentro ni hacia afuera. Es fácil perderse. Perder el equilibrio, la sensación de fluidez, perderse la vida. Por eso, el día de hoy ha sido revuelto: después de un empacho de días de mirar hacia afuera, toca mirar hacia adentro un poco. 

Para acostumbrar la vista al cambio de luz, conviene ir despacio. Un café con el Estupendo sobre cosas importantes, un paseo, una cena rica para calmar a las fieras internas... Y ahora llega mi parte favorita: los mimos. Pienso ponerme cremas y darme caricias hasta quitarme toda la tensión de encima y dormir bien.

Porque mañana empieza un día maravilloso. 

martes, 18 de octubre de 2022

He sido agredida

Era una tarde tranquila de martes.

Había salido con MacGyver hacia Alaquàs, donde vive la Manicurista, para acompañarla a que le hicieran las uñas. Teníamos el tiempo justo, por lo que en esta ocasión no me hizo las uñas a mí también. 

La Manicurista es un encanto y una amiga. Hacía bastante que no la veíamos porque estaba ocupada teniendo un bebé. En efecto: ¡esta tarde he conocido a un bebé rechonchete y monísimo! 

Ya que la Manicurista estaba ocupada con mi hermana, yo me he ocupado del renacuajo. Hacía más de seis años que no tenía un bebito en brazos, pero eso nunca se olvida. Además, el peque y yo nos hemos entendido fenomenal desde el principio: al poco de bailotear con él, ya estaba súper a gusto riéndose. 

¡Y olía tan bien! Le he dado muchos besitos, le he cantado, le he hecho cosquillitas y le he contado cosas. Vamos, que lo he dado todo. El pobre bichito lo necesitaba: le están saliendo los dientes y le duele la boca una barbaridad.

Todavía recuerdo cuando le pasó a mi sobrino. Nos mordía las manos y la barbilla todo el rato con todas las fuerzas de sus encías. También le mordió la nariz con saña al peluche de Mickey que le regalamos. Y de hecho, una de las mejores fotos que tiene con MacGyver es comiéndole el dedo a mi hermana. 

Por eso, no me preocupó en absoluto que el peque me mordiese la mano. 

Y por eso me dolió aún más la traición.

El muy granuja me clavó sus dos minúsculos dientecitos con tal fuerza, que me hizo sangre. ¡Cómo osa! ¡Con lo maja que he sido con él todo el rato, y va y me deja una marca! 

Eso no ha evitado que le diese el bibe y que le hiciese más mimitos después. Y a lo mejor soy una exagerada con la piel muy sensible… ¡pero todavía me duele! 

Ains, qué ganas tengo de hacerme las uñas el mes que viene… (:

lunes, 17 de octubre de 2022

domingo, 16 de octubre de 2022

Las olas

En una peli que me gusta mucho, El exótico hotel Marigold, la protagonista y narradora de la historia describe su experiencia en la India como una ola que se abalanza sobre ti: si te resistes, se te lleva. Pero si saltas y te dejas llevar, llegas a salvo al otro lado. 

Me parece una buena metáfora para muchas cosas, pero hoy me ha venido a la cabeza después de comer. 

Con motivo de la visita de MacGyver, Talía, mi cuñado y mi sobrino han venido a comer paella. Vino, comparación entre el chocolate polaco y el suizo, cafés... Y luego se han puesto a discutir.

Me alegra decir que no ha sido por nada serio y que esta vez la sobremesa podría haber sido una simpática escena de sitcom. Básicamente, el Maestro Paellero (mi padrastro, en adelante MP para abreviar) está indignado porque ahora es más difícil aparcar cerca de la cancha de baloncesto los días de partido y porque los ricachones de los VIP tienen aparcamiento siempre. MacGyver se ha puesto a replicar, Talía se ha metido de por medio... Y yo me tomaba mi café.

MacGyver y Talía son estupendas. A fin de cuentas, son hermanas mías. Pero es habitual que estén en desacuerdo y no siempre lo gestionan bien. Digamos que los debates y las discusiones más o menos acaloradas por temas de lo más variado son más la norma que la excepción en nuestras comidas familiares. 

Y como siempre que hay tres personas, a la tercera le toca desempatar. A veces entro en el tema y coincido con una. Otras, con la otra. A menudo con ninguna y lo prioritario es cambiar de tema. Y otras, como hoy, simplemente me tomo mi café. He disfrutado mucho de observar el falso drama, escuchar argumentos de un lado y de otro, y de estar al margen. Ha sido divertido.

Ha sido, de hecho, la mejor decisión que podía tomar esta vez. No habría sacado nada de la discusión y no me interesaba lo más mínimo. Mi opinión era mucho más salomónica y simple que la que ellos tenían, pero ponerme a discutir no me apetecía. Para amargo ya tengo al café, no necesito más. ¿Por qué luchar contra las olas? Déjalas fluir. Y fluye con ellas mientras puedas. 

Mientras puedas. Y cuando puedas. Cuando no, súbete al barco y rema. 

sábado, 15 de octubre de 2022

Por qué Toulouse

En principio queríamos ir a Suiza a ver a MacGyver, pero todas las opciones eran carísimas. Acabaremos yendo a Suiza, por supuesto, pero no esta vez.

La segunda opción era Granada. Había muchas razones para ello: él nunca ha estado, podría haber felicitado a la Divina, mi ex-jefa (aunque siempre la consideraré como tal), por su cumpleaños. Y por fin tenemos coche para ir. Pero los hoteles estaban prohibitivos y es un viaje muy largo… iremos a Granada. Solo que esta vez no.

Solo por curiosidad metí las fechas en Skyscanner y busqué billetes a cualquier lugar: el destino más barato era Toulouse. Y la verdad es que siempre había querido ir. 

Yo empecé a estudiar francés en primero de la ESO. Me encantó desde el principio. La musicalidad, el vocabulario, la cultura… Y me encantaban los libros de texto. Sobre todo las lecturas. En una de ellas hablaban de Toulouse. Sus casitas rosa, los puentes sobre el río, la universidad… Por aquellas era muy jovencita y me gustó, pero sabía que tardaría en poder ir. Simplemente dejé la idea en la recámara. 

Hasta que vimos los billetes. De repente, me entraron unas ganas locas de ir. Menos mal que lo hicimos, porque lo hemos disfrutado mucho. Además, me encanta Francia. Pero de eso ya hablaré. 

viernes, 14 de octubre de 2022

Laurent el conquistador

Me gusta organizar mis viajes. Y desde que descubrí Reddit, suelo meterme en el subforo de las ciudades que visito para informarme de cómo están las cosas por ahí. Así fue como descubrí la existencia de Laurent.

Lo encontramos tal y como lo describían en Reddit: un vagabundo de unos cuarenta y pico años, desaliñado, siempre con una cerveza en la mano y varios tableros de ajedrez en el suelo frente a él. Estaba en la plaza del capitolio de Toulouse, como todos los días. 

A Laurent le gusta jugar al ajedrez, pero nunca una sola partida a la vez: se aburre. Prefiere jugar cinco simultáneas, alternando blancas y negras. Con esta información, cabe imaginarse a Laurent machacando a turistas y locales día sí y día también… pero no, no siempre. 

Porque por supuesto, él y yo jugamos una partida contra él. Mi idea era que jugase solo contra mi novio; yo soy una jugadora bastante mediocre. Pero éramos los últimos del día, no había nadie más, así que tuvimos que jugar los dos.

Se rindió rápido contra mi novio al cometer un par de errores y decidir que iba a perder “por matemática pura”. Yo duré un poco más, hasta que aproveché un error suyo para comerle la reina. Se rindió y me dio la mano. 

La experiencia fue divertida, la verdad. Laurent nunca juega por dinero, lo hace por diversión. Pero sus contrincantes a menudo le dejan unas monedas que a buen seguro financian las cervezas que siempre lleva encima. Después de perder con deportividad, era lo mínimo que podíamos hacer por él.

Luego hablamos un poquito. Nos contó que era belga y que había vivido algún tiempo en Barcelona. Yo le conté que era famoso en Reddit; le sorprendió mucho saber que la gente habla de él.

Es una persona extraña, de la que me gustaría saber más y a la vez no saber nada para mantener el misterio. ¿De dónde ha salido? ¿Cómo ha llegado a ser así, a vivir en la calle y a jugar al ajedrez? Quizá no tenga importancia. Al pasado hay que darle la justa para aprender de él sin que llegue a controlarnos. 

Pero parecía feliz… Razonablemente al menos. No le preocupa quién es o lo que hace: es y hace. Es Laurent y juega al ajedrez. Lo demás es accesorio.

jueves, 13 de octubre de 2022

MacGyver está en Valencia

Lo cual, a efectos prácticos, es como estar de viaje. Pero intentaré mantenerme al día y escribir. Porque tengo mucho que contar.

Tengo que hablar de Toulouse. De Francia en general, así como concepto. De Laurent el Conquistador. De Los tres mosqueteros. De mi amor por la cocina francesa. De salones de té. De mí en francés. De gatos. 

Pero por ahora toca hacer que se sienta como en casa.

viernes, 7 de octubre de 2022

Nos vamos

Y volveremos el miércoles. Qué poco me gusta madrugar para ir al aeropuerto, pero valdrá la pena. 

Por supuesto, estaré muy ocupada para escribir estos días.

Por tanto, cierro por vacaciones. Nos vemos el jueves :)

jueves, 6 de octubre de 2022

Una vida

¿Cómo se vive una vida? ¿Dónde o cuándo se aprende a vivirla? ¿Para qué? Y si las cosas han ido mal, ¿hay siempre remedio mientras hay vida? Una vida rota, quemada y maltratada una y otra vez, ¿se puede enderezar a los setenta años? ¿Darle alegría?

¿Y a los cuarenta y tres? ¿A los cuarenta? ¿A los treinta y dos? ¿A los veintinueve? ¿A los ocho?

Si bien no elegimos las circunstancias, sí elegimos cómo vivir en nuestras circunstancias dentro de lo posible. Incluso cuando no se elige se elige. 

¿Y si las circunstancias golpean una vez tras otra? ¿Cada año, como el monzón? ¿Cada dos, o cada cuatro? ¿Hasta dónde habría que volver atrás? ¿Sigue habiendo remedio?

¿Y cómo se arregla una vida? ¿Con frases de Mr. Wonderful y "mucho esfuerzo"? ¿Con dinero? ¿Con suerte? ¿Con las tres cosas? ¿Y qué se hace si no son las circunstancias, sino la persona? ¿O si son las circunstancias y la persona? ¿O si una es causa de la otra y así en un círculo vicioso? 

Puede que nos parezcamos al nacer. Si somos lo bastante afortunados de encajar en lo que se considera normal para nuestra especie, tendremos dos ojos, dos orejas, una boca, cuatro extremidades, veinte dedos, veintiocho dientes (¿creo?), un sistema nervioso muy potente y un corazón que será el único perpetuum mobile de nuestra vida. Pero ahí acaban las semejanzas. 

Hay quien supera las adversidades, juega bien sus cartas y logra una vida extraordinaria y feliz. Hay quien tuvo suerte desde el principio y la supo aprovechar, y también tuvo una vida extraordinaria. Están sus némesis, desdichados que se echan a perder y afortunados que hacen lo mismo. Y en la tiranía de lo extraordinario quedamos los mediocres en el medio sin saber qué hacer. 

Ahora mismo aspiro a ser una mediocre feliz. Mediocre para el sistema, una piececita más del engranaje, necesaria pero reemplazable. Pero feliz por la grandeza que hay en mi vida. Soy tan afortunada por tener el lujo de expresarme, de leer, de viajar, de pensar, de amar a quien quiera, de ser libre. Y lo conseguiré.

Pero qué hago con quien no tiene esa suerte. Qué hago... Nada. No me corresponde a mí.

Hasta mañana.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Mañana

Mañana escribo en condiciones, lo prometo. Hoy he estado muy ocupada maquillándome, abrazando a mi hombre y toqueteando todos los botones de su coche, cenando y viendo una peli. Y bajando las escaleras. El pobre, tan comprometido con la causa como yo, me está sujetando para que no me caiga. Hay que quererlo. 

En fin. Que mañana más y muy probablemente mejor.

martes, 4 de octubre de 2022

Kyra Pro

Nunca me ha entusiasmado demasiado hacer deporte. La natación mola, pero es caro y lleva mucho tiempo y da pereza.

A mí lo que me gusta es bailar. 

Lo descubrí en marzo de 2019 cuando fui a mi primera clase de danza oriental. Me encantó desde el primer momento, fue como sentirme conectada a la tierra por unas raíces que no sabía que tenía. 

Y luego, Primor me presentó los vídeos de Kyra Pro, una chica de Estados Unidos (¿creo?) que hace vídeos de entrenamientos. Los tiene de varios tipos: de caminar, calentamiento, yoga… pero los mejores son los de baile. 

Las canciones son casi todas éxitos del pop y musicales, lejos del reggaeton imperante en la radio. Las coreografías son divertidas y bastante asumibles. Pero lo mejor es lo princesa que es: baila con un entusiasmo que da gusto, siempre sonriente. Dan ganas de invitarla a un café y escuchar cómo te cuenta su vida.

Llevaba tiempo sin practicar, pero desde hace un par de semanas lo he vuelto a retomar. No sé por qué lo había dejado con lo feliz que me hace. Todavía no estoy al 100%, pero poco a poco. Mañana más. 

lunes, 3 de octubre de 2022

Yo hablo y él escucha

Para tener ocho años, mi sobrino está muy preadolescente. Sin ir más lejos, a veces me cuesta la vida levantarlo por las mañanas para ir al cole. Bueno, la vida... tampoco. Lo que tardo en hacerle unas cuantas cosquillas y cantar hasta que se levanta para no oírme. 

En otra ocasión escribí sobre los personajes que invento para hacerle reír, pero en días en los que está especialmente cansado, me he dado cuenta de que lo que mejor funciona es hacerle un monólogo al estilo del Club de la Comedia. 

Básicamente, le cuento lo que he hecho desde la última vez que lo vi. Lo que me gustó, exagerando. Lo que no me gustó, exagerando más aún. Y mientras yo interpreto, él se ríe y desayuna y se viste.

Mientras vamos hacia el cole no me puedo poner tan barroca, obviamente, pero aun así me pongo a contarle mi vida. Los libros que he leído o estoy leyendo, lo que voy a hacer, y de paso le pido su opinión. Hoy, por ejemplo, me ha recomendado que me conforme con el único libro que tengo en francés en casa para leer. Al final le he hecho caso a medias, porque por suerte he encontrado mi ejemplar de la segunda parte de Los tres mosqueteros, pero ya hablaré de eso en otra ocasión. 

Debería estar acostumbrada a estas alturas y sé que me repito, pero es que me deja flipando. Lo que piensa, lo que dice y con cuánta atención me escucha. No es que yo suela decir lo primero que se me pasa por la cabeza de normal; intento ser bastante consciente de lo que digo. Pero delante de mi sobrino extremo las precauciones, ya que todo lo que diga puede ser cuestionado o (peor aún) imitado.

Y sin embargo, a veces meto la pata. Hoy se me ha ocurrido decirle que escribo sobre él y no le ha hecho ninguna gracia. Por lo que me he comprometido a enseñarle un par de entradas y, si le parece mal, no volveré a mencionarle por aquí.

(Porfa, porfa, déjame, que no cuento nada malo y no doy muchos detalles... ¡y te llevaré a La pequeña pastelería de mamá!*)

*Pese a lo que pueda parecer aquí, chantajear a los niños está mal y hacerlo con azúcar está fatal. Haced lo que diga y no lo que yo haga.

domingo, 2 de octubre de 2022

Las apariencias engañan

Si hace unos días escribía que la novelita italiana que estoy leyendo es una chuche para no pensar, ahora me toca desdecirme. 

Es ligera, pero entre pasteles franceses y paseos por el Sena esconde algunas perlas llenas de sabiduría. Nada que no haya leído antes en otro contexto y con otras palabras. No hay tantos tipos de historias ni tantos mensajes, llega un punto en el que es difícil impresionarme. Pero sí me ha sorprendido encontrarme esos mensajes en esta lectura tan de verano, tan de pasar el rato. Más de una se va a sentir identificada leyéndola.

Además, ha habido un ligero giro argumental hacia el final que no me esperaba. Una parte de mí se siente tonta por no haberlo visto venir, porque no era tan complicado, pero echo de menos sorprenderme. Y estoy leyendo en un idioma que no domino del todo: me tengo que detener de vez en cuando a releer. Es lógico que se me hayan escapado detalles con los que podría haber deducido este giro. Y me parece bien. 

Resumiendo, que estoy disfrutando mucho del libro, pese a que no es una obra maestra ni muchísimo menos. Y que me voy a acabarlo ya porque no aguanto más. 

sábado, 1 de octubre de 2022

Día raro

No soporto no hacer nada los fines de semana y hoy ha sido un día demasiado tranquilo. Nada que una cenita improvisada en el salón y una peli no arreglen. Oh, y un libro nuevo. El segundo de Pepe Saurio. Algún día escribiré sobre libros para niños que me encantan. 

viernes, 30 de septiembre de 2022

Buenos camareros, vol. 1

Porque habrá más entradas al respecto. Hoy me han conquistado dos.

El de la cafetería de las tostadas estupendas, que ya me sirve el café sin azúcar ni sacarina.

Y el del hindú de esta noche, que nos ha regalado una ración de pan naan para que no nos muriésemos comiendo el pollo estilo Madras (picante. Mucho). Cuando lo ha dejado en la mesa, casi parecía estar diciendo: “Tomaos esto, chavales, y no os flipéis, que os habéis venido muy arriba con el Madras. Hacedme caso”. No nos hemos dejado ni una miga.

Todo delicioso, por supuesto. El café, las tostadas, el Madras, el naan y todo lo demás. 

jueves, 29 de septiembre de 2022

Cuatro cafés y una Coca-Cola zero

A las 9 cae el primer café del día, con un poco de leche de soja, para desayunar con las tostadas. Pero siempre me preparo uno antes de dar clase: ya van dos. 

La mañana se hace larga pese a las ocho horas de sueño reparador. Por alguna razón no consigo espabilarme. Así que me tomo otro antes de comer. El tercero.

No suelo dormir siesta, pero hoy hago una excepción, no puedo con mi vida. Me despierto a las 14:45 y allá vamos: el cuarto y último del día. 

Porque ya me parece excesivo tomarme una quinta taza para merendar cuando salgo con él. Pero sigo necesitando cafeína: esta vez cae una Coca-Cola zero. 

¿Serán las agujetas de bailarme un vídeo de Kyra Pro ayer? ¿Será la regla? Ambas, probablemente. Eso sí, tengo muy claro que hoy voy a caer redonda en la cama. Buenas noches.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Lecturas del mes

Este mes con la tontería he leído más que de costumbre. Vamos a ello.

Gypsy Boy, de Mikey Walsh (Club de lectura en inglés)

Es un libro autobiográfico; de hecho, el autor lo escribe con pseudónimo por miedo a las represalias. Está bien escrito, pero es muy duro de leer. Da mucho que pensar en lo dura que es la realidad de muchos niños gitanos y lo complejo que resulta encontrar soluciones. Pero sobre todo, esta historia da escalofríos: un abuso detrás de otro prácticamente desde que nació, burlas y discriminación a manos de su propia gente... Es un drama. No apto para todo el mundo.

13, de Andrea Menéndez Faya

Esta chica es la leche. Se hizo famosa en Twitter con un hilo sobre el juicio por el robo de unas plantillas de 75 céntimos y desde entonces es una de las mejores hilanderías que hay. Periodista de profesión, es una apasionada del fútbol femenino y escribe mucho sobre el tema, por lo que no es de extrañar que su primera novela publicada en editorial gire alrededor de una futbolista y cómo llegó a ganarse la vida jugando. 

Me enganchó muchísimo. Es una buena y bonita historia, me encariñé de todos los personajes bastante rápido y tenía ganas de saber qué les pasaba. Sin embargo, hubo párrafos que leí en diagonal por redundantes. El estilo de Andrea es intimista y muy emotivo, lo cual le sirve para enfatizar en sus argumentos en Twitter, pero en una novela a veces resulta cargante. Con todo, me ha gustado mucho y la recomiendo. Espero que Andrea siga publicando y que esta vez haya una editora despiadada puliendo el diamante en bruto que es. 

Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom

Este libro, a caballo entre la biografía y el libro de autoayuda, es un clásico en las listas de recomendados. La primera persona que me habló de él fue la primera esteticién que me depiló las piernas a cera, fijaos si hace años. Nada, que el profesor de Mitch se está muriendo y el bueno de Mitch va todos los martes a verle y hablan de la vida y la amistad y todo.

Si lo hubiese leído en su momento, a los once años, me habría gustado e incluso impresionado. Pero tengo treinta y dos años y muchas lecturas a mis espaldas, bastante mejores que esta. Me ha parecido predecible, soso y carente de sustancia. Yo esperaba un curry de espinacas, con sus gambas, su toque exótico, su sabor... y es un plato de acelgas. Lo he leído mucho en diagonal, tanto que no sé si se puede considerar que lo he leído. Pero no he querido dedicarle más tiempo: he ido al grano y fin. Lo recomiendo a quien nunca haya leído una novela de autoayuda. 

Y ahora mismo estoy con Le piccole libertà (Las pequeñas libertades), de Lorenza Gentile. No llevo demasiado, pero mucho tiene que cambiar para que no me guste. Me lo compré el verano pasado cuando estuvimos en Roma, junto con un par de libros más en italiano a los que les tengo ganas. Este fue el capricho tonto de antes de irnos, y lo compré sabiendo que iba a ser una chuche, la típica novela romántica de verano que ni te exige ni te obliga a pensar, sino que te distrae y te refresca llevándote a otra parte. Ideal para desempolvar mi italiano. ¿Me estoy enterando de todo? Con todo detalle, no, pero en líneas generales sí. Me chifla escucharlo mentalmente en mi cabeza, deleitarme con el acento y pararme de vez en cuando a deducir el significado de las palabras. No sé si está traducido ni si lo recomiendo, pero sí aconsejo buscar lecturas así de vez en cuando. Todo tiene su función. 

Ojalá mantenga el ritmo lector en octubre. Mientras, me voy mentalmente a París, a ver si Oliva por fin se encuentra con su tía. À demain!

martes, 27 de septiembre de 2022

Cada noche pienso en mi dentista

A lo mejor soy solo yo, pero se establece una relación muy particular con ciertos profesionales que te proporcionan un servicio. Todavía no he encontrado una peluquera a la que adore con todas mis fuerzas. La tenía, pero quebró o cerró durante la pandemia. Una lástima, porque tenía una voz preciosa y relajante. 

Sin embargo, desde hace años soy más fiel a mi dentista que la del anuncio de Oral-B. Hagamos un pequeño pero necesario inciso antes de continuar: esa mujer, o su marido, tiene un problema. Porque si su dentista le hace sonreír más que su marido, algo raro pasa. Mi dentista no me hace sonreír más que mi querido, pero sí me sube la moral cada vez que me dice que tengo la boca perfecta y me llama "princesa". No es el título nobiliario lo que me sorprende, estoy más que acostumbrada a ser la reina y creo que me describe bien. Pero "princesa" tiene un punto más adorable, las cosas como son.

Mi dentista es una mujer profesional y excelente en lo suyo, pero lo que la hace especial es que sabe elegir sus batallas. Mientras que a mí me machaca con el hilo dental y me alaba cuando ve que lo uso, sé que jamás osaría decirle algo parecido a mi madre: es consciente de que con ciertas personas, de cierta edad y con ciertas circunstancias, no hay nada que hacer salvo limitar los daños. 

Además, lucha por las piezas y no es partidaria de sacar dientes a la ligera. Pero sobre todo, es muy delicada. Y sé lo que me digo porque a mí no me pone anestesia. No es que ella sea ninguna chiflada sádica, es que yo no soporto las agujas y prefiero mil millones de veces el torno que la inyección. Si eres capaz de soportar una endodoncia sin anestesia, es que la dentista en cuestión va con mucho cuidado. Y yo lo he hecho. 

Por todas estas razones, le he cogido mucho cariño. Tanto es así, que me acuerdo de ella cada vez que me lavo los dientes por la noche. Últimamente me he sentido un poco culpable por no pasarme el hilo dental, no tanto por mis dientes, sino porque me sabría fatal ir a revisión y que me viese con las muelas hechas polvo. Un poco excesivo por mi parte, pero eh, rara vez me acuesto sin pasarme el hilo. 

Esta mañana tenía revisión y todo estaba en orden. Entiendo ponerme contenta yo, por el orgullo y la satisfacción y el dinero que me ahorro. ¿Pero ella? ¿Por qué se alegra ella? Si todo el mundo fuese como yo, se quedaría sin negocio. Esta es una paradoja que siempre me ha resultado fascinante en los profesionales de la salud: promueven buenos hábitos y su objetivo es que todo el mundo esté sano. Pero en ese mundo hipotético, ¿de qué vivirían ellos? ¿Sembrarían patatas? 

La de tubérculos maravillosos que nos estamos perdiendo por no lavarnos los dientes... 

lunes, 26 de septiembre de 2022

A escena

Desde que empezó el curso, llevo a mi sobrino al cole tres veces a la semana. Me toca despertarlo, darle el desayuno y asegurarme de que sale bien vestido y peinado por la puerta. Y con la cara limpia. Lo cual, teniendo en cuenta su habilidad para tomarse el Colacao hasta por los codos, no es fácil. 

Para hacerle más amenas las mañanas, me invento jueguecitos y personajes. Así, mientras le sirvo el desayuno hablo con acento italiano y le pregunto si quiere que le eche al Colacao zumo o caldo de pollo. 

Hoy, por variar un poco, he hecho de robot. “Dar cuatro pasos hasta el fregadero. Parpadear para parecer humana”… El peque se ha reído mucho.

Pero mi personaje favorito es el sastre francés. Pongo el peor acento francés que se me ocurre y lo exagero al máximo mientras le doy indicaciones de cómo vestirse. El primer día le insistí en que debía ponerse los calcetines en el lugar adecuado y no en la cabeza o en las manos. A veces todavía lo intenta para picarme. 

Y así, entre bromas, cosquillas y personajes pintorescos, me lo llevo al cole. Durante el camino me hace muchas preguntas, a veces me cuenta sus cosas. Y cuando nos paramos en un semáforo, me abraza. 

Ya tiene ocho años; le va a durar la dulzura y el encanto dos días. Pero qué dos días más divertidos.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Alemania en otoño huele a petricor

Siempre he podido oler los días y las estaciones de una forma distinta al resto del mundo. Y el día de hoy ha olido a Alemania.

No a un día ni a un momento cualquiera, sino a un domingo de otoño en Saarbrücken, donde estuve viviendo entre 2013 y 2015. Fue en aquellos años en los que descubrí la dulzura alemana de los domingos: el desayuno. 

Ellos lo llamaban desayuno, pero el resto del mundo lo llama brunch. Cada domingo, el buen alemán se despierta un poco más tarde que de costumbre, aunque no demasiado. Baja a su horno más cercano y compra bollos, panecillos, pasteles y todo lo que se le antoje. En casa, siempre hay alguien preparando té y café, cociendo huevos y sacando de la nevera la mantequilla, las mermeladas, los embutidos y el resto de untables. Y la fruta y el zumo. Que los alemanes son gente sana.

No es raro que acudan amigos o algo de familia. La gente se sienta, se sirve café o té, o las dos cosas, y empieza a comer y a hablar durante horas, igual alguien pone la radio de fondo, y allá sobre las dos o tres de la tarde todo el mundo se va, se recoge todo y se empieza a planificar la semana antes de ponerse a ver Tatort.

También se puede hacer esto fuera de casa. En muchos restaurantes hay ofertas para desayunar los domingos como un rey hasta que no te quepa nada más en el cuerpo. Pero yo prefiero la versión casera, con más encanto y menos pretensiones. Recuerdo dos en concreto.

La primera fue en casa de Sonne. "Sonne" significa sol en alemán, y voy a llamar así a esta amiga mía por dos razones: porque sus pequitas y su pelo recuerdan al verano, y porque cuando la conocí en Granada ella siempre me esperaba "en el sol". Antes de mudarme a mi piso, pasé un par de semanas en su casa con ella y su novio, y probé algunos de los mejores desayunos de mi vida. Un dato desconocido en España, que sí conocen los alemanes y los suizos, es lo mucho que mejora la Nutella si la untas sobre mantequilla. Me mostré escéptica, pero es un hecho: el pan con mantequilla y Nutella por encima está de muerte. No recomiendo su consumo más de una vez al año, pero sí probarlo al menos una vez en la vida. 

La segunda fue en mi piso, con Edith y Agnes (las hijas de Gru; yo era Margot), durante mi primer fin de semana ahí. Estaba tan nerviosa y tímida, apenas las conocía y no sabía cómo nos íbamos a llevar, cuando llamaron a mi puerta para que saliera a desayunar con ellas en la cocina. Edith trajo pan de plátano de la tienda bio que teníamos debajo del edificio. "Está muy rico y es muy sano". Sano no lo sé, pero estaba riquísimo. Pusieron la radio, me obligaron a probar todo lo que había y me hicieron sentir como en casa. Para que luego digan que los alemanes son fríos... Cómo las echo de menos. A ellas tres y a los desayunos. 

Hoy me he levantado tarde. Apenas hemos desayunado porque habíamos quedado para comer. Y nos hemos entretenido más de la cuenta en la cama. Pero he estado muy contenta todo el día, porque mentalmente estaba en Alemania. In a German state of mind. En ese estado, todo es posible. Quizá mañana sea un día igual de maravilloso. 

sábado, 24 de septiembre de 2022

Buenas personas

Estábamos en el metro con mi sobrino volviendo a Torrent después de ver una peli. “Buscamundos”, no ha estado mal, aunque los dibujos me han parecido feos.

En esto que se sienta delante una chica joven a punto de llorar, muy nerviosa y con una mano debajo de la axila para aliviarse el dolor. 

Le hemos preguntado si estaba bien, si necesitaba algo. Pañuelos, hablar, lo que sea. Nos ha dicho que no y no hemos querido molestarla, pero estaba fatal.

Al poco, ha venido otra chica joven y se ha sentado con ella. Más resuelta que nosotros, ha logrado que hable. Alguien se había metido con ella y le había pegado y arrancado un pendiente por ser rumana, llegando a decirle que se fuera a su país. A una cría de catorce años. 

La recién llegada la ha abrazado e invitado a denunciar. La niña ha dicho que no, pero al menos dejó que la acompañaran a casa y le dieran agua. Casualmente ambas viven en mi calle, ojalá vuelva a verlas.

El mundo está lleno de buenas personas. Muchas son maltratadas. Y muchas están dispuestas a ayudar, y lo hacen. Solo por eso el mundo sigue en pie: siempre hay más amor que odio. Triste consuelo para una situación que no debería producirse jamás, pero es todo lo que tengo hoy.

viernes, 23 de septiembre de 2022

Peluches de metro ochenta

Tras varios findes ajetreados sin tiempo para nosotros, hoy hemos tenido una tarde completa. 

La peli no ha estado mal. No ha sido memorable salvo porque la he visto entera abrazada a él. Por primera vez en mi vida, he entendido por qué las parejas hacen manitas en el cine. 

La cena, en un sitio nuevo, habría estado mejor si no nos hubiésemos equivocado con el último plato. El sushi estaba riquísimo, eso sí. 

Y ahora aquí lo tengo, apoyado encima de mí y abrazado como el peluche de metro ochenta que es. Cálido y agradable, mi hogar y la mayor distracción para escribir. Ojalá todas las distracciones fuesen así. 

Me voy a abrazarlo, que no aguanto más. 

jueves, 22 de septiembre de 2022

Phoebe y Paige

En uno de los últimos trabajos que tuve, era tradición bautizar a los nuevos grupos de empleados que empezaban juntos con el nombre de alguna serie de televisión. Nosotras éramos las Embrujadas.

Al final cada una eligió a su favorita. Yo me quedé con Piper (además, tenía los mejores poderes) y Paige… bueno, nunca había visto la serie. 

Pero Phoebe es muy Phoebe. Mística y mágica, practica  yoga y se le da muy bien la fotografía. Además, su nombre real es de una piedra semipreciosa también. 

Paige es como habría sido yo de haber tomado las decisiones adecuadas. Traductora, adora bailar y la playa. En el trabajo, éramos las encargadas de alemán, por lo que éramos auténticas compañeras de batalla: responder a algunos clientes une más que luchar en Vietnam. Es jovencísima y monísima y en cierto modo la considero mi pupila, por lo que insisto en aconsejarle que no sea tan idiota como yo y aproveche su veintena.

Por desgracia, a nuestra supervisora le salió muy rana nuestra contratación. Yo fui la primera en desertar. Poco después, Phoebe tuvo problemas de salud y volvió a su país una temporada. Y a finales de verano, Paige también lo dejó para volver a estudiar. De las Embrujadas no quedó ni una.

Sin embargo, bien está lo que bien acaba. Phoebe está recuperada y, para celebrar su regreso a España, nos vamos las tres a cenar. Y quién sabe, si hace falta perseguir a algún demonio, se hace. El Poder de Tres ataca de nuevo.


miércoles, 21 de septiembre de 2022

Lecciones de hoy

“Nunca se sabe de qué desgracia mayor te salva la mala suerte.”

“Cada vez que apuntas con un dedo, los otros cuatro apuntan hacia ti.”

“Lo único que sabes de un viejo es que ha sobrevivido a muchas cosas, mucho peores que tú.”

“Hay un muro invisible entre nosotros. Pero es imaginario. Y en el muro hay una ventana. Y las ventanas se abren…”

“No ofende a las ciruelas quien se las come, sino el labrador que las sembró.”

Y mi favorita:

“Si nos enfadamos deprisa, nos entendemos despacio.”

Estas y muchas otras perlas en “Bullet train”, la peli que hemos visto hoy y por la que no daba un duro. 

Me ha encantado.

martes, 20 de septiembre de 2022

Truco de belleza

Que nadie me odie, porque esta entrada no es lo que parece. No exactamente. 

Tengo mucho maquillaje y a veces hasta lo uso. Y no me molesta desmaquillarme salvo por un detalle: quitarme la máscara de pestañas. 

Es un infierno. No importa lo cuidadosa que sea: o me dejo rímel, o me llevo pestañas. Si no tuviese unas pestañas tan ridículas al natural, no usaría rímel nunca. Pero acepto mi realidad y me armo de paciencia cada vez que me desmaquillo. Lo he probado todo: bifásicos, agua micelar, aceite desmaquillante... Y ese sería exactamente el orden según su eficacia. Pero mezclar el bifásico es un rollo y además es muy graso, así que solo lo uso si llevo rímel resistente al agua. Para lo demás, agua micelar y a correr.

Pero oh, maravilla, he descubierto un truco milagroso por accidente.

Esta noche me he hecho ensalada con cebolla, setas y seitán. Y estaba yo cortando la cebolla tan tranquilamente cuando he empezado a llorar a moco tendido. Qué picor. Qué horror. Casi me arrepiento de todas las veces en las que he dicho que, si una cebolla no pica, es que no es buena: hacía muchísimo tiempo que una cebolla no me hacía llorar así. Nada, a secarse con un poco de papel de cocina y a seguir. 

Obviamente, los ojos de panda que se me han quedado han sido para foto. Lástima que no me haya hecho ninguna. Me he limpiado los churretes de rímel con el agua micelar y luego me he pasado el disco por las pestañas... y ha salido limpio. 

Milagro. Sin frotar. Sin esperar. Sin tener cuidado de que no se me cayese ninguna pestaña. Tanto producto y tanta historia, y lo único que hace falta para quitarse el rímel en condiciones es cortar cebolla. 

Claro, que el dolor y el picor no te lo quita nadie. Igual me interesa seguir usando el agua micelar...

lunes, 19 de septiembre de 2022

La importancia de rallar el tomate

Nakama, además de ser un buen amigo, es andaluz. De Almería, para más señas. Y nadie prepara tostadas con tomate como los andaluces.

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que pedí una tostada en Granada, en primero de carrera. Primero les sorprendió que no supiera que media tostada es media barrita de pan cortada por la mitad y una tostada entera, las dos partes de la barrita. Después, que no pidiese tostadas con tomate, sino simplemente con jamón. Por último, la estupefacción máxima llegó cuando indiqué expresamente que no quería aceite en la tostada. "¿Quieres la tostada sola?" "No, con jamón". "Ya, pero... ¿seca?" 

Qué se le va a hacer, todos cometemos errores en nuestra adolescencia tardía por ignorancia. Por entonces no sabía que uno de los mayores manjares de esta vida es el pan con aceite. Y tardé aún más en apreciar el pan con aceite y tomate. 

Debíamos de estar Nakama y yo desayunando un día en la residencia cuando se puso a describirme las tostadas que le preparaba su abuela, las mejores del mundo. El secreto, según él, estaba en mezclar el tomate y el aceite antes de untarlo sobre el pan. Y siempre poner unas gotitas de aceite sobre el pan antes de echar la mezcla. 

Habrá echado de menos sus desayunos durante los días que pasó en mi casa, porque aquí somos de hummus y queso. Pero tuvo a bien darme un último truco para distinguir una tostada corriente de una de calidad superior: la forma en que se presenta el tomate. 

En muchos sitios de Valencia, donde no tenemos tanta cultura de tostada (aquí somos más del esmorçar a media mañana), se estila el tomate triturado. No está mal, pero coge un color muy feo y parece más una espuma que otra cosa. No resulta tan apetitoso ni tan rico. 

Una auténtica tostada con tomate a la andaluza se hace con tomate rallado, sin la piel. Y aunque me mostraba escéptica, Nakama tiene toda la razón. Esta mañana, después de dejar al peque en el cole, he desayunado una tostada maravillosa, con tomate rallado y jamón del bueno. Y me ha sabido a gloria.

Tanto, que he resuelto casi todo lo que tenía pendiente para hoy en menos de dos horas. Inclusive escribir la entrada de hoy, que no es la mejor que he escrito, pero sí una de las que me ha pillado más enérgica y contenta. Mañana más, aunque no haya tomate. 

domingo, 18 de septiembre de 2022

La ira sublimada

Todos sentimos ira. Como individuos y también de forma colectiva. A todos nos enfada sentir que se nos ha tratado de forma injusta. Profesoras de instituto que cancelan exámenes después de que algunos alumnos lo hayan acabado y con nota porque a los demás les parecía muy difícil (me ha pasado), gestión pésima de nuestros recursos y precarización de la clase media de nuestro país (nos ha pasado, nos está pasando y nos pasará), países con los que tenemos cuentas pendientes…

No se puede ignorar la ira. Ni se debe. Tiene su función, a fin de cuentas. Pero cuando se nos va de las manos y dirige nuestra vida, conduce a la violencia y al odio… y ahí es cuando se convierte en algo negativo.

Por ello, ya que hay que sentir ira, creo que es mejor canalizarla hacia algo positivo y entretenido. Deportes, las artes… y para desquitarnos con Los Otros, SA, lo mejor son las competiciones deportivas.

Aún siguiendo las reglas y jugando limpio, los deportes son algo violentos. Hay contacto, caídas, lesiones, faltas, malentendidos… Pero hay reglas. Hay árbitros. Y en general, hay honor y respeto por el rival. Esto lo saben la mayoría de deportistas. La afición… depende. En cualquier caso, el deporte es violencia sublimada, un combate simbólico y respetuoso entre iguales sin la intención de hacerse daño, sino de demostrar que se es el mejor.

Otro ejemplo sería el festival de Eurovision, más elevado quizá por tratarse de música, de una competición creativa e inspiradora. Pese a las mejoras, sin embargo, sí es verdad que se trata de un combate más desigual. Hay demasiados factores incontrolables. Geopolítica, economía, popularidad, Suecia… Pero no deja de ser una manifestación sana del patriotismo.

Todo este rollo para decir que he visto el final de la final del Eurobasket y me alegro de que haya ganado España, igual que me alegro del bronce de mis queridos alemanes. De lo que opino sobre la nacionalización de estadounidenses para jugar en competiciones europeas ya hablaré otro día.

sábado, 17 de septiembre de 2022

Demasiado verde

En segundo de carrera, me fui de Erasmus diez meses a Münster, Alemania. Y no estaba preparada para nada.

Mi alemán era malísimo, por entonces no me gustaba la cerveza y no sabía montar en bici. Pero eso no era lo peor. Simplemente era muy cría, me faltaba mundo y madurez. Y aunque disfruté de aquel año, lo cierto es que me he arrepentido muchas veces de haberme ido tan joven. 

Recuerdo una de las clases que tenía, Academic Writing. La profesora era un encanto y había un chico monísimo. También hice una amiga, con la que perdí el contacto. Un día, me preguntaron qué opinaba de Alemania, de Münster…

“Es demasiado verde”. En Valencia apenas llueve y fuera de un par de jardines, nunca ha habido mucho verde. Granada es parecida, solo que más fría y seca. Pero Alemania, o al menos esa ciudad, estaba llena de árboles y de hierba por todas partes. Y yo, acostumbrada al secano, tardé en apreciarlo. Casi me ahogaba tanta vida, tanta energía. 

Ahora echo de menos el verde casi a diario. Excepto en las raras ocasiones en las que el cielo está nublado. Porque entonces, nuestros escasos árboles brillan más. Y el blanco hace destacar el verde, y me siento más alemana. Hoy ha sido un día así, al menos parcialmente, pero necesito más. Necesito más verde.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Castillos de arena

Soy una constructora de castillos de arena profesional. 

Me llega una idea y la dejo volar, la moldeo y le doy forma. Podría volver a estudiar. Podría dedicarme a esto. Podría irme a Suiza. Podría irme donde quisiera. 

Solo tendría que hacer esto. O esto otro. Y todo sería perfecto. Y el castillo cobraría vida, y se llenaría de luces y de gente. Estaría rodeado por un jardín precioso, cerca de un río lleno de peces de colores. Y siempre habría un arcoíris de día. Y siempre se verían las Estrellas de noche. 

Entonces le doy un manotazo. O lo golpea una piedra. O sube la marea. O me olvido de él y me voy. Y a la mañana siguiente solo quedan las ruinas de lo que fue un sueño maravilloso. Y me sorprendo, como si los castillos de arena estuviesen hechos para durar.

Un castillo debería ser de roca, duradera. Y me digo que no lo haré más, que la próxima vez lo haré bien. 

Pero entonces recuerdo que la arena no es más que roca desmenuzada. Esto debe significar algo. El qué, no lo sé.

jueves, 15 de septiembre de 2022

Miguelete

El campanario de la catedral de Valencia tiene 207 escalones. Subirlos agota, bajarlos duele.

No puedo con mi vida. Toca descansar, que mañana nos toca Torrent. 

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Museos

Lo mejor de tener visita es tener excusa para ir a un montón de sitios de tu ciudad que normalmente ignoras soberanamente. En mi caso, los museos.

Al final, el día nos ha dado para visitar tres. Hemos empezado por el Museo Fallero, con los ninots indultados de cada año. Desde la última vez que estuve, además de añadir más muñecos, han reorganizado la distribución para que no te pierdas nada durante la visita. Dos euros.

Luego hemos ido a Caixaforun, gratis para clientes de CaixaBank. No daba un duro por el museo, la verdad, pero me ha gustado mucho. Ahora mismo hay una exposición sobre paisajes, bastante más chula de lo que el nombre daba a entender, y una de faraones, con objetos cedidos del British Museum. Un buen contenido siempre es de agradecer, pero si además robamos temporalmente cosas a los mayores ladrones del mundo, se disfruta el doble.

Por último, hemos ido por la tarde al museo de Ciencias Naturales. Desde la última vez que estuve han abierto nuevas salas y parece que lo quieren ampliar. Ha molado y espero con ilusión que le pongan tienda de regalos. Ya no es gratis, pero por dos euros, vale mucho la pena para ver mamíferos prehistóricos, huesos de dinosaurio y muchas más cosas chulas.

Si todo va bien y no nos cansamos, mañana iremos al museo de Bellas Artes, uno de mis favoritos. La última vez que fui, con él, nos reímos tanto que nos riñeron. Si vamos, espero conseguir lo mismo.

Eso sí, tanta visita me está dejando agotada. Bendita cama…

martes, 13 de septiembre de 2022

Nakama está en Valencia

En mi primer año en Granada estuve viviendo en una residencia de estudiantes. Ahí conocí a Carrie, a mucha gente que por ahora no será nombrada… y a Nakama.

Nos conocimos en nuestra primera noche y nos hicimos amigos muy rápido. Por pringados y por intereses comunes. Además, dado que él no tenía ordenador, yo le dejaba usar el mío mientras estaba en clase y a cambio él me lo mantenía libre de virus y lleno de emuladores de videojuegos. Durante un par de partidas al Tetris de Yoshi me gané el apodo de Psicokiller, de hecho. Eran buenos tiempos. 

También veíamos series de anime. Death Note (cojo una patata… ¡y me la como!), Soul Eater, Kuroshitsuji… y One Piece. Nunca me enganchó demasiado, pero es su serie favorita. Él decía que yo era su Nakama, su compañera de tripulación. Así nos llamaba a sus mejores amigos. Y con el tiempo, se quedó con el nombre.

Con el tiempo, yo me fui de Granada. Para cuando volví, él estaba a punto de irse a Sevilla. Y en todos estos años nunca había venido a Valencia… hasta ahora.

Se queda hasta el viernes y tengo mucho por enseñarle, por lo que las entradas estos días serán cortas. Pero nos hace falta ponernos al día. A saber cuándo nos volvemos a ver.

lunes, 12 de septiembre de 2022

Ámbar

Durante cierta época de mi vida desarrollé un gran interés por las piedras semipreciosas. 

Por entonces, mi preferida era la piedra luna. Me encantaban los destellos azulados y me parecía muy mágica. Me sigue gustando, pero es difícil encontrar piedras luna de calidad: la mayoría son muy lechosas y no brillan. 

Ahora mi preferida es la iolita, de la que no tengo muchas joyas, pero sí algunas de mis preferidas. Hace pocos años me reconcilié con la amatista y el cuarzo rosa, que antes despreciaba por ser muy comunes. Algún día contaré la historia de mis pendientes de cuarzo. 

También tenía un colgante de ámbar, que aunque no es una piedra per se y jamás ha sido de mis favoritas, me ponía muy a menudo. Era un colgante de plata con una lengua de ámbar colgando, de manera que gran parte del ámbar estaba sin montar. Para mí se parecía a un péndulo y de alguna manera lo consideraba un amuleto.

El ámbar es bastante frágil, por lo que no es de extrañar que se me rompiera un día que se me cayó al suelo. Me sentó fatal. Por suerte, lo pude arreglar con pegamento de contacto. Pero al poco tiempo se volvió a romper.

Años después, estaba en una joyería cuando escuché hablar a la dueña sobre las piedras. No recuerdo por qué, le pregunté si era conveniente reparar una piedra o una joya rota. Sí recuerdo que me dijo que no. “Cuando una piedra de rompe, te ha protegido de algo. Ya ha cumplido su función”.

Decidí no hablarle de mi colgante de ámbar, pero me dio que pensar. Ojalá pudiese recordar alguna situación en la que la piedra me hubiese podido proteger… Objetivamente no puedo creer en esas cosas, pero confieso que me gustaría, y que me gusta jugar con la idea. Me gusta la magia, y me gustaría que fuese real.

Hasta entonces, también me gustaría encontrar otro colgante de ámbar como aquel, porque estaba chulo.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Déjala dormir

Creo que no entendimos bien el cuento de La bella durmiente de pequeños. La pobre se pincha, se duerme del susto, ¿y tiene que llegar un capullo a despertarla? Déjala dormir, hombre.

A lo mejor estuvo en la boda de unos amigos el día anterior. A lo mejor, debido a las circunstancias, ella y su novio tuvieron que dar un agradable paseo de dos horas entre arrozales y cangrejos para llegar a una ciudad con tren. A lo mejor llevaba más de veinticuatro horas sin dormir cuando llegó a su casa, se pinchó el dedo por accidente y cayó redonda en la cama. 

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero tanto hablar de dormir me hace sospechar que cogeré la cama muy a gusto esta noche. 

sábado, 10 de septiembre de 2022

De boda

Tal es mi compromiso con el blog, que aquí me hallo, escribiendo durante el cóctel de la boda. Con el agua con gas en una mano y el móvil en la otra.

Ha sido un día caótico, pero ha valido la pena. He recreado medio bien el look de Primor, la ceremonia ha sido preciosa y el Estupendo ha bordado su discurso. 

Me encantan las bodas. Los vestidos, el glamour, las flores… pero sobre todo, lo que simbolizan. La esperanza de un nuevo comienzo, las promesas de amor, la alegría… Sé que no soy la única que cuando va a una boda piensa en la suya. La que ha tenido o la que le gustaría. Hay cosas que sí haría igual… otras que no tanto. Pero ha sido una boda muy de ellos, y eso es lo importante. 

Me veo incluyendo dinosaurios en la mía… ay.


viernes, 9 de septiembre de 2022

Beige

Qué poco me inspira este color. Lo he evitado toda mi vida. Reconozco que es versátil, que tiene su utilidad y que, en el gran esquema de las cosas, es necesario. 

El beige no distrae. No es llamativo ni emocionante, es un buen color de fondo que lo une todo. A veces hay que ser beige en la vida. 

Pero qué se le va a hacer, a mí me gustan los colores de verdad. 

jueves, 8 de septiembre de 2022

Lilibeth ha muerto

Con lo progresista que soy en muchos aspectos, hasta a mí me sorprende lo que me gusta la familia real británica. Quizá porque los veo como personajes de telenovela más que como personas reales. 

Admito que disfruté muchísimo de la boda de Meghan y Henry. Que la vi entera con palomitas.

Me avergüenza reconocer que no estoy al día con la serie The Crown, pero pronto le pondré remedio.

Y sí, me caía genial Lady Di y me parece fatal lo que le hicieron. Y me cae bien Meghan y me parece fatal lo que le han hecho, y me parece estupendo que ella y Henry vivan su vida. Siempre serán personajes invitados en la serie, quieran o no. 

Y por extraño que parezca, podía reconciliar mis simpatías con todas ellas. Algo así como ser del Madrid y del Barcelona a la vez. Más lógico, en realidad, porque las tres (Elizabeth, Diana y Meghan) son unas pedazo de diosas carismáticas y con estilo, mientras que la mayoría de los futbolistas dejan bastante que desear. 

Sin ironías, me ha sentado fatal que se muriese. Tendría que haber sido su hijo. Le agradezco mucho el momento porque, de haber muerto en mayo de 2023, nos quedamos sin Eurovisión (reina y oportuna hasta la sepultura), pero me da pena. Me han matado a mi personaje favorito de la serie. 

Y me da a mí que la serie ya no remonta.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Azul marino

Los uniformes escolares deberían ser del color más horroroso del mundo. No sé, color vómito o algún tono de verde o de beige. Pero jamás de un color básico y posible. 

Como he mencionado en alguna ocasión, yo iba a un cole de monjas. La orden religiosa del mismo tenía varios centros en la Comunidad Valenciana, todos ellos con el mismo uniforme de camisa amarilla y faldas a cuadros. 

Todos, excepto el mío. En nuestra ciudad, las monjas decidieron que fuésemos más chic que nadie y nuestro uniforme pasó a ser una falda con estampado de pata de gallo negra y blanca, camisa o polo blanco, y rebeca azul marino con calcetines o leotardos del mismo color.

Cómo he odiado el azul marino toda mi vida. Y los mocasines. Y es una pena, porque es un color muy versátil y fácil de llevar, sobre todo en invierno. Pero no hay manera: cada vez que veo algo azul marino, pienso en el colegio. 

Lo mismo me pasa con la ciudad, salvo por un detalle: Torrent está volviéndose más atractiva. No solo me han abierto un Rossmann, sino que hace un par de semanas descubrí una cafetería encantadora que no conocía y dentro de dos semanas me van a abrir otra más. Yo, que siempre me quejaba de que a la ciudad le faltaban cafés con encanto. ¿Me acabará gustando vivir aquí? 

Mientras la ciudad siga envenenada con malos recuerdos, no. El colegio. Mi familia. Personas que me han hecho sentir pequeña e inútil... Torrent no es lo bastante grande. Además de sentir que sería perder la partida de la vida: quiero morir en cualquier parte menos aquí. 

Sin embargo, la experiencia ya me ha demostrado que todo es posible. Yo, que quería acabar con un alemán, no solo me enamoro de un español sino que además es valenciano. Quizá vuelva a llevar azul marino y con cariño. Quizá llegue a ver Torrent como mi hogar. El tiempo lo dirá.

martes, 6 de septiembre de 2022

Magenta

Tengo una cantidad ingente de maquillaje. Antes de 2020, los pintalabios encabezaban la lista, pero desde que las mascarillas se han convertido en parte habitual de nuestra indumentaria, he comprado muchas paletas de sombras de ojos. 

No todo es culpa mía. El año pasado, cuando estaba muy motivada con el cambio de hábitos, me acostumbré a comprarme algo de maquillaje para recompensarme por no comer tarta a diario. Y así con la tontería acabé con dieciséis paletas, cuando no siempre las uso. Luego lo conocí a él y, ante la perspectiva de tener mi futura casa llena de maquillaje y de cosas a las que limpiar el polvo, dejé de comprar maquillaje y volví a comer tarta. Y así estamos. Pero esa es otra historia.

La cuestión es que este sábado tenemos boda y no tenía ni idea de cómo maquillarme. Como Primor es una pedazo de artista, le rogué que viniera a mi casa y me diese ideas. Al cabo de un rato, me había hecho dos looks maravillosos con dos paletas que no suelo usar, así que la tarde ha sido todo un éxito. 

Un look era elegante, sofisticado y muy yo. O más bien, la que me gustaría ser a diario. En marrones y rojos con brillitos. Ya, a mí también me costaba visualizarlo hasta que me vi en el espejo. 

El otro, en tonos fucsia, magenta y morado, más divertido. Más a juego con el vestido. Y más como me gustaría ser si tuviese energía suficiente para mantener esa actitud. Más diosa. Por supuesto, es el que he elegido. Ahora solo me queda poder recrearlo el sábado. Crucemos los dedos (y las brochas).

Ahora que se ha acabado el desafío de treinta días, he tenido que buscarme otro. Hoy empiezo con uno que me parece muy original: en vez de darme temas o preguntas, me da colores. Y con eso tengo que sacar un texto mínimamente interesante. No puedo prometer que lo sean, pero sí que los escribiré. Hoy ha sido un día magenta. Veremos mañana.

lunes, 5 de septiembre de 2022

Cuando escribo

El trigésimo y último día del desafío me pide que hable sobre lo que siento cuando escribo. 

Aunque ya había escrito antes, empecé a tomarme mis diarios en serio a los doce años. Fue también entonces cuando gané el premio de relatos de Navidad en el colegio por mi carita a los Reyes Magos y probablemente cuando empecé a ser consciente de que escribía. Recuerdo que, cuando me aburría en clase, cogía folios y me ponía a escribir mis cosas. Creo que no recuerdo nada de aquella época, tampoco es que tuviese mucha calidad. Pero me gustaba.

En los años siguientes, tonteé con la escritura de forma más irregular. Seguía con mis diarios y empecé los blogs. Hacia finales de la secundaria empecé a perfilar más mi estilo alrededor de los relatos cortos, y a día de hoy sigue siendo con lo que más a gusto me siento cuando escribo. 

Quizá el único momento de mi vida en el que fui escritora de verdad fue cuando escribí una novela corta en nivel A2-B1 de español (nada de subjuntivos) para una editorial polaca. Tras procrastinar durante meses, la escribí en tres semanas, en febrero. Cada vez que recuerdo ese mes me entran ganas de enviarle un mensaje al Fisio, mi compañero de trabajo y una de las personas más tranquilas y felices que he conocido, que me calmó en el momento adecuado y me ayudó a terminarla. 

Y ahora escribo aquí, y muy de vez en cuando en Instagram.

¿Qué siento cuando escribo? Siento que hago lo correcto. Así, en general. Como si fuese algo que debo hacer. Y no me refiero solo a estos tres meses en los que me he obligado a escribir a diario. 

Más allá de eso, depende mucho de lo que esté escribiendo. Cuando escribo en mi diario o sobre mi vida, como aquí, siento que descargo tensión y que la velocidad de mis pensamientos disminuye un poco. Me alivia ordenar un poco mis ideas y escribirlas, aunque nunca llegue a vaciarme del todo. 

Escribir ficción es otra cosa. Ahí ya depende de si es algo que tenía pensado y planeado o si me sale espontáneo. Con diferencia, disfruto mucho más en el segundo caso. Es casi como volar. Simplemente tengo que mantener el ritmo y escribirlo todo tal cual llega. La última vez que recuerdo haber escrito algo así fue hace unos cinco años. Empecé una historia, sin tener nada más que el título, y la terminé unas semanas después. Cuando acabé, me sentí feliz y realizada. Huelga decir que no la he vuelto a leer, que nadie la ha leído nunca y que pese a ser una ficción, contiene mucho más de mí de lo que nadie debería saber. 

No es que escribir con mapa no sea divertido. Hay escenas que molan, frases que da gusto escribir porque llevo tiempo con ellas en la cabeza, y partes a las que hay muchas ganas de llegar. El problema, por supuesto, viene con todo lo demás. Las aburridas pero necesarias transiciones, algunas descripciones y parte de la trama que no apetece nada contar. Me frustran, y tolero muy mal mi propia frustración. 

Nadie me ha preguntado por qué escribo, pero no importa, ya lo respondo yo. Yo me paso la vida narrando en mi cabeza casi todo lo que pasa. Cuando voy por la calle y veo buganvillas, o niños. Cuando pienso en mis cosas. Incluso cuando estoy hablando con alguien. Simplemente me sale solo. No siempre me apetece materializarlo, pero sé que cuando lo hago me siento mejor. Y desde que me he comprometido con esto, a días lo detesto y otros me apetece muchísimo, pero nunca me he arrepentido. 

Hasta que eso pase, seguiré por aquí. 

domingo, 4 de septiembre de 2022

Tres minutos

Es lo único que he necesitado para hacerme la cena. Y aun así, por un momento me he planteado pasar de todo y hacerme un bocadillo o algo así. 

En los días en los que no he comido mucha verdura, o ceno ensalada o me hago un smoothie verde. Yo era una de esas personas escépticas que pensaba que sabría a mejunje asqueroso, pero lo cierto es que está bastante bueno. Leche, espinacas, plátano y ya. Y sabe a plátano nada más, por extraño que parezca.  Como persona a la que no le entusiasman las verduras crudas, esto me salva la vida.

Me alegro muchísimo de no haber sucumbido a la tentación de no prepararlo, porque es muy sencillo y luego me siento genial. No solo física, sino también emocionalmente, por lo que definitivamente ha valido mucho la pena. Y solo he tardado tres minutos. 


sábado, 3 de septiembre de 2022

Ekmeik significa gloria

Vale, seguramente no, pero debería. El ekmeik es un postre maravilloso a base de masa filo, nata y pistacho que te sube el colesterol de mirarlo. Y está muy bueno. Y es una de las razones principales por las que venimos a nuestro griego. 

La cena, exquisita. La compañía, aún mejor. El planetario… mejor el de invierno, para qué engañarnos. 

Pero ha sido una noche fantástica. Diría que le dan sentido a todo, pero sería inexacto: son el sentido. 

La semana que viene, más.

viernes, 2 de septiembre de 2022

Osisi me preocupa

Cuando vivía en Granada, me compré dos plantas. 

Primero compré una sanseviera, también conocida como lengua de suegra. Luego, una zamioculca, mi planta preferida. 

Ahora es más normal ponerles nombre (o la gente a mi alrededor está tan loca como yo), pero en 2019 era más raro. A ambas las llamé “planta”, pero en distinto idioma. A la zamioculca la llamé Roślina, “planta” en polaco, ya que mi primera planta fue una zamioculca pequeñita y preciosa en Varsovia. Y a la sanse, Osisi, que según Google es “planta” en igbo, una de las lenguas de Nigeria, donde se puede encontrar esta planta.

Las pobres ya han sufrido una mudanza dura, pero cada vez veo a Osisi peor. Ha perdido muchas hojas y las pocas que le quedan están mustias. Por fin decidí hacer algo al respecto y le puse tierra nueva, para que tuviera algo a lo que agarrarse, y la tengo en observación a ver si remonta. No pasa nada si no, pero me daría pena.

En cuanto a Roślina, salvo un tallo suelto, en general está bien por ahora. Ya no tiene tallos jóvenes, de los que tanta gracia me hacían al verlos crecer desde que eran espárragos hasta que se hacían más altos que los demás y se tornaban oscuros. Pero sigue siendo una planta muy bonita. 

Adoro a mis plantitas, pero las he tenido bastante abandonadas. Espero que no sea tarde y que me aguanten una mudanza más, porque hemos pasado por mucho juntas y me gustaría darles un nuevo hogar y unas cuantas compañeras. El tiempo lo dirá. 

jueves, 1 de septiembre de 2022

Vuelve a la cama

Me da igual lo que opine la gente: Eat Pray Love  (o Come Reza Ama) es un libro buenísimo. No me importa que Elizabeth Gilbert tuviese una suerte inmensa por poder irse un año a viajar por el mundo y a descubrirse a sí misma, ni que yo jamás vaya a tener esa posibilidad. Pese a lo que mucha gente cree, en gran parte condicionados por la película de 2010, está muy bien escrito, es una lectura muy placentera y hasta se puede aprender de ella.

Al principio, cuando Elizabeth está destrozada, rezando en el suelo del cuarto de baño y llorando sin saber qué hacer, escucha la voz de Dios (la parte sabia y compasiva de sí misma) diciendo: "Vuelve a la cama, Liz". Vuelve porque se avecina una tormenta, y vas a tener que luchar, y necesitas descansar todo lo posible. 

Bueno, pues sin la parte mística, así estoy yo hoy. 

El día ha empezado bien. Pero por la tarde he empezado a pensar en cosas feas, a ponerme tremendista y pesimista y muchos otros -ista que no me gustan, y la he rematado llorando en los brazos de él, que con su paciencia infinita me ha sostenido hasta que se me ha pasado. 

Eso no significa que esté bien ni mucho menos, pero de entre todas las opciones que tengo, esta vez elijo la que creo que es la mejor. 

No puedo cambiar las cosas que ya he hecho. No tengo control sobre muchas otras cosas. Y no tengo ni idea de qué será de mí, y admito que tengo miedo. De acuerdo. He vuelto a casa, me he hecho una buena cena y ahora mismo tengo una taza de té calentito esperándome para reblandecer mi corazón del todo. 

Luego me lavaré los dientes y la cara. Y me pondré todas las cremas. Jugaré una partida y hablaré con él un ratito. Quizá lea. Pero me voy a ir a la cama pronto. En los días malos, lo mejor que se puede hacer es cortarlos por lo sano y dormir. Y reponer fuerzas y descansar mucho. 

Mañana saldrá el sol, será un nuevo día y es muy posible que sea mejor que este. Y quiero estar bien despierta para disfrutarlo. 

miércoles, 31 de agosto de 2022

Mala suerte, buena suerte

Hay una historia china bastante popular sobre la suerte. Había un señor mayor que tenía un hijo y un día el hijo se rompió la pierna. Todo el mundo en el pueblo le compadecía y le decía: “¡Qué mala suerte!” Pero el señor contestaba: “Mala suerte o buena suerte. Nunca se sabe.” Poco después, llegaron los hombres del emperador a reclutar a todos los jóvenes del pueblo. El único joven que no fue a la guerra fue el hijo del señor mayor, porque no podía caminar. 

Vamos, que todo depende del punto de vista. 

Esta noche, él y yo íbamos a ver la segunda parte de Top Gun con Jung y su novio, Loki. Pero cuando llegamos al cine, nos enteramos de que habían cambiado la hora de la sesión y por tanto, no hemos podido verla. 

En otro momento de mi vida, y sobre todo de haber estado sola, me habría amargado a partir de ese momento. Pero Jung, Loki y él son gente linda y optimista. 

En vez de seguir en el centro comercial, nos hemos ido a Valencia. Hemos tenido tiempo de pasear, comprar té en nuestra tiendecita favorita, jugar en la plaza de la Reina (parecerá que no hago otra cosa, pero es que la acaban de reformar y mis amigos son muy niños) y cenar en un restaurante de comida israelí. 

Además, este sábado se vienen con nosotros al griego. Y ya veremos Top Gun la semana que viene. 

Parecerá poca cosa, pero estoy tan acostumbrada a ver a Jung de pascuas a ramos, que me resulta extraño tener planes para verla tres veces en una semana. Extraño y maravilloso, debo matizar. A Loki lo veo todavía menos y hoy se ha portado bien, por lo que necesitará el par de citas que tenemos pendientes para sacarme de quicio. 

Total, que ha sido un día estupendo. Y menuda suerte que el cine haya cambiado la hora de la peli, porque ni habríamos hecho tantas cosas chachis, ni habría tomado knafeh de postre. 

Y un buen postre es la mejor manera de acabar el día. 

martes, 30 de agosto de 2022

Diálisis mental

No hay nada como una mañana o tarde paseando por la ciudad con alguien especial para cargar las pilas. 

Esta mañana he ido a Valencia con mi sobrino. Lo hago porque me encanta pasar tiempo con él, pero también para rememorar mi infancia. Cuando yo era pequeña, no salíamos mucho en verano, y recuerdo con cariño cuando mis hermanas o mi madre me llevaban a alguna parte. Valencia era ese reino mágico al que íbamos en metro, donde había lugares interesantes y buen granizado. Y ahora que soy tía, intento darle los mismos recuerdos a él. Solo que con más tiendas de cosmética.

La verdad es que el peque es una compañía estupenda. No solo tiene paciencia con todas las cosas que quiero mirar, sino que se toma muy en serio darme su opinión cuando se la pido y cuidar de mí. Le he dicho lo mucho que me cuesta resistirme al chocolate y se ha tomado la molestia de distraerme y arrastrarme cuando hemos pasado por el pasillo de los dulces en Mercadona; casi me muero de amor. 

Pero lo que más me gusta de él es lo muchísimo que aprendo, porque es muy observador. Hoy ha descubierto unos juegos que han puesto en la recién reformada plaza de la Reina y hemos pasado un rato estupendo mirándonos en espejos, resolviendo un laberinto y formando un tornado en un tubo de agua. 

También hemos aprendido que The Brunch Corner, la cafetería donde hemos desayunado, no usa Apple ni Windows, sino una tablet con Android para recibir los pedidos, y que el software que usan para los tickets es nuevo. Por último, le he explicado por qué las cosas se paran en la cinta de las cajas del supermercado, lo que significa "tax free" y la diferencia entre farmacia y parafarmacia. 

Mi sobrino me obliga a estar presente todo el tiempo y ni siquiera me cuesta. Me hace diálisis mental, elimina lo malo de mi sistema y devuelve sangre oxigenada y fresca a mi cuerpo. 

Este jueves me lo vuelvo a llevar de marcha. ¡Qué ganas tengo!

lunes, 29 de agosto de 2022

Por qué los idiomas

Tal y como mencioné hace unos días, me robaron la cartera el día de mi cumpleaños. En principio no tenía demasiado interés en poner la denuncia. Total, para renovar el DNI no me lo exigen. Pero si no quiero pagar por la renovación de la tarjeta SIP, sí que tenía que ponerla. Y no ha sido tan sencillo como esperaba.

La primera vez que fui, estaban esperando al abogado de un detenido. 

La segunda, el agente a cargo de las denuncias tenía mucho papeleo pendiente. "Venga por la noche si le viene mejor". Pues a ver... la comisaría está a media hora de casa. Que yo encantada de salir a pasear por la noche, pero eso de ir de madrugada a denunciar que me han sacado la cartera del bolso cuando lo tenía abierto y no miraba me da bastante pereza, ché. 

La tercera, por suerte y obedeciendo al dicho, ha sido la vencida. 

Mientras esperaba, ha entrado una señora que no hablaba ni papa de español. Era una señora mayor y, por lo que había podido oír, búlgara. El primer agente que nos atendió en la puerta intentó apañarse con ella en inglés, pero nada. Lo único que consiguió fue hacerla pasar. Ahí fue cuando la vi yo. 

En este punto debo hacer una confesión: yo, traductora, adoro Google translate. No lo usaría para un trabajo (quizá para consultar una palabra, pero siempre contrastando el resultado con otras fuentes), pero admito que lo uso para buscar cositas en otros idiomas, tanto en los que he estudiado como en los que no. Me parece una herramienta que, bien utilizada, puede ser de mucha ayuda. Y aquí dejo un truco para navegantes: Google translate puede ser bastante de fiar siempre que se use el inglés como la lengua origen.  Para obtener los mejores resultados, recomiendo escribir frases simples y cortas. 

Me dio una pena inmensa esa mujer. Y pensé que con Google y mis conocimientos de polaco podríamos llegar a alguna parte. Muy optimista por mi parte, porque aunque hay palabras parecidas, lo cierto es que el búlgaro y el polaco no se parecen tanto. Pero ahí me puse a preguntarle cosas. El problema fue que ella entendía las preguntas, pero yo no entendía casi nada de las respuestas. Algo de documentos. 

En esto que me llaman para poner mi denuncia, lo hago y le digo a la señora que no se preocupe, que le he dicho al policía que con Google translate se pueden comunicar... Y la señora me hace señas para que entre con ella. 

Y entro, claro. Era un cuadro, yo tecleando en el móvil como loca, la señora hablando en búlgaro como si el policía y yo nos hubiésemos ido de Erasmus un año a Sofía, y el policía hablando español a gritos y despacio, porque todos sabemos que para entender un idioma solo hay que escucharlo a todo volumen. 

No hay manera. El policía llama a la hija de la señora y se aclara todo. La señora era mayor, muy mayor, y ya había empezado a perder facultades. De hecho, contó la hija, tenían cita con el neurólogo para evaluarla y quizá incapacitarla. Lo que quería la señora era su documento de identidad búlgaro, para irse a Bulgaria, donde un hombre treinta años más joven que ella la estaba esperando. La hija temía que el señor quisiese quitarle el dinero a su madre, y la madre no se enteraba. 

En este punto, yo intenté explicarle a la señora con la mayor precisión que Google me permitió que el documento se lo tenían que dar en el consulado de Bulgaria y que el policía no podía hacer nada por ella. El policía intenta que hable con su hija. Ella, que no quiere. Al final hablan y no sé cómo acabaría la cosa, porque yo me tenía que ir ya. 

Tecleé una última frase para decirle que lo sentía y que tenía que irme. Y la mujer me acarició la mano, me sonrió y me dijo adiós. Un poco antes también la oí decir algo que debía de ser "gracias" o algo parecido. Y salí de ahí.

Las palabras son mágicas. Son limitadas, claro que sí, pero describen, expresan, nos representan, a menudo son lo único que tenemos pare defendernos. Nos ayudan a existir. 

Por suerte y por desgracia, hay más de cinco mil idiomas en el mundo, y si bien estoy segura de que ni sabiéndolos todos sería el ser humano capaz de describir con precisión cada componente de su experiencia en este planeta, existen diferencias y matices entre uno y otro. ¿Qué hacemos si no hay una lengua común? ¿Cómo nos entendemos?

Hay veces en que con buena voluntad y palabras rotas se consigue mucho. Pero en este caso era imposible. Y se me partió el alma. La realidad de esa mujer era la que era, saber búlgaro no habría cambiado mucho las cosas. Pero habría podido explicarme mejor. Habría podido preguntarle dónde vive, si quería que la acompañase, si podía hacer algo por ella. Habría podido ser más humana con ella. Pese a todo, sé que he hecho lo que he podido y que ha significado algo para ella... Pero me mata. 

Por esto he estudiado idiomas. Para ser entendida, pero sobre todo para entender. Para tener más piezas del puzzle de la experiencia humana. Para vivir más vidas, tener más emociones, saber más cosas. Para amar más y mejor. 

No voy a aprender búlgaro. Pero he dejado mi número por si alguna vez necesitan ayuda con el polaco. Es probable que llamen a sus intérpretes asociados antes, pero nunca se sabe. 


domingo, 28 de agosto de 2022

Sunday blues

Los domingos son raros, sobre todo a partir de la tarde, cuando el lunes amenaza con aparecer con la rutina y el trabajo. 

Me parece bien entristecerme por los domingos. O por cualquier cosa, en realidad. Nunca rechazo una oportunidad para exagerar y dramatizar, y por supuesto eso incluye esta frase. Además, estar triste me queda bien. Estar alegre me queda mucho mejor, evidentemente, pero a veces no se puede elegir.

Ah, pero a él le queda fatal estar triste. Me rompe el corazón igual que si estuviese triste mi sobrino. No es justo que las personas preciosas y luminosas se pongan tristes. 

Pero no pasa nada. Porque por fin, de meses y meses de darle vueltas, hoy he descubierto la vacuna contra el bajón de los domingos: hacer planes para la semana.

Por ahora, hemos agendado ver dos pelis, ir al planetario y a cenar a nuestro griego. Y de alguna manera acabaremos yendo también a nuestro café preferido a jugar al ajedrez. 

Le noté en seguida la calma y las ganas de sonreír otra vez. Y me las contagió a mí. Y ahora estoy tan contenta como si hubiese descubierto la penicilina. No será posible organizar planes todas las semanas, o no tantos, y no siempre dará resultado. 

Pero cuando siento que en mi vida solo hay problemas, cada solución marca la diferencia.

sábado, 27 de agosto de 2022

Tercera parte

Cumplir años es tan traumático a partir de los treinta, que debería ser obligatorio por ley celebrarlo durante toda una semana. O más. 

El martes fue la familia. El jueves, Primor y Abracitos. Y hoy, el Estupendo, el Concejal y la Chiquillera, amigos de él. 

Me encanta sentirme celebrada y homenajeada. Ya que este año no está resultando como me habría gustado, que al menos la transición entre números sea agradable. Y toda excusa para comer tarta es buena.

Ya solo me queda celebrarlo con Jung (pero eso ya el mes que viene) y quizá celebrarme yo misma un par de veces más. Esta década es tan dura…

viernes, 26 de agosto de 2022

Planes de futuro

Me ha llevado veintinueve días de desafío el darme cuenta de que seguramente el propósito del mismo no era publicar en un blog los textos resultantes. Pero ya es tarde y aquí estamos. Hablemos del futuro... Qué poco me apetece.

¿De cuánto tiempo en el futuro estamos hablando? Porque si se trata de unas horas, mis planes son ponerme guapa para salir a tomar algo con el club de lectura. No hay reunión, es simplemente una quedada social. Y la verdad es que me apetece, son gente maja. 

Si hablamos de dos semanas vista, quiero empezar a leer el libro del club (Gypsy boy, a ver qué tal) y deshincharme un poco antes de la boda que tenemos en septiembre. El vestido hay que lucirlo en condiciones, ché. 

Más allá de eso... Actualizar el currículum, buscar trabajo y poner en marcha un par de ideas, a ver qué sale de ahí. 

Lo que más ilusión me hace de lo que queda de año es mudarme con él. También lo que más miedo me da; he vivido con compañeros y con mi familia, pero esta será una experiencia distinta. A ver si llega ya. 

En el gran esquema de las cosas... ¿no lo sé? Quizá ahora que he demostrado que puedo escribir aquí a diario me decida a publicar los post en Instagram. Tal vez inicie algún otro proyecto. Pero los grandes planes ya no dependen de mí sola. Y todavía no sé qué quiero ser de mayor. 

Es curioso. Me siento anciana desde los 26, pero al mismo tiempo siento que soy una cría y que no maduraré jamás. Ni lo uno ni lo otro, seguramente. 

La habitación se está oscureciendo y no veo por dónde desarrollar más. El futuro no existe. No tenía motivos para creerlo hasta marzo de 2020, cuando la vida que había planeado se deshizo en mil pedazos. ¿Para qué planear? Al final, el azar tiene la última palabra. Siempre se puede jugar con las probabilidades, pero no hay nada seguro.

Ugh, qué intensita estoy. Me voy a por un vino, que apetece. 

PD: Acabo de fijarme en que en realidad era "objetivos de futuro". Igual da. 

jueves, 25 de agosto de 2022

Libros, alemán, plantas y Alaska

La regla no escrita de Tinder establece que la persona a la que le salta la notificación del match tiene la obligación de iniciar la conversación. Y por eso, el 17 de junio de 2021 le envié un mensaje con un "Hola, ¿qué tal?" Él respondió con un "Hola, buenas" y empezamos a hablar.

Bueno, quien dice hablar... escribir. Todas las noches, alrededor de las nueve, chateábamos y nos contábamos lo que habíamos hecho. Y cada vez descubríamos más cosas en común. Nuestro amor por los libros y los viajes, saber alemán... Dos semanas después nos conocimos en persona. 

Habíamos quedado a las cinco y media de la tarde. A las diez y media, cinco horas después, volvía a mi casa. Teníamos varias conversaciones pendientes y ni con todo ese tiempo logramos terminar. No nos callamos ni un segundo. Bueno, lo justo para alucinar cuando descubrimos que ambos teníamos un app instalada en el móvil para identificar plantas. Aquella noche ya quería salir (e incluso casarme) con él. A intensita no me gana nadie, no. 

Un mes después empezamos a salir. Y ya llevamos más de un año. 

Algo que le digo a todo el mundo desde que estoy emparejada es que el amor no tiene por qué ser dramático ni complicado. Desde que lo conocí, lo único que siento con él es paz. Vale, no es verdad. Pero cuando algo me va mal, suelen ser cosas que no tienen nada que ver con lo nuestro, sino conmigo. Enamorarnos fue fácil y desde que salimos, lo hablamos todo. 

Eso es lo segundo que le suelo decir a todo el mundo: nunca hay demasiada comunicación. Hasta le anuncié que le iba a besar antes de hacerlo por primera vez (tampoco hay demasiado consentimiento). Con esto no quiero decir que siempre sea sencillo hablar las cosas. Claro que no. Pero es crucial. Es como cepillarse los dientes o seguir una rutina cosmética: no siempre apetece, pero son hábitos que evitan muchos problemas en el futuro. 

Me chifla estar con él. Es pasar tiempo con mi mejor amigo, con el beneficio extra de los besos y los abrazos. ¿Por qué la gente besa tan poco? ¡Es lo mejor que hay! También jugamos, comemos, viajamos y en general experimentamos la vida juntos. Es otra cosa que me entusiasma de salir con él: cada experiencia cuenta doble y es novedosa porque la vivimos los dos. 

En el lado más intenso y pesado de la ecuación, sé que cuento con su apoyo incondicional y él con el mío. Es maravilloso y una gran responsabilidad. Entiendo que no es para todo el mundo, pero vale la pena.

Imagino que no será así para todo el mundo, pero ojalá lo fuera. Ojalá todo el mundo tuviese la suerte de tener un amor así. Divertido, estimulante, dulce, inteligente, fuerte y lleno de cariño. Se puede encontrar, lo prometo. Incluso en Tinder.