Creo que no entendimos bien el cuento de La bella durmiente de pequeños. La pobre se pincha, se duerme del susto, ¿y tiene que llegar un capullo a despertarla? Déjala dormir, hombre.
A lo mejor estuvo en la boda de unos amigos el día anterior. A lo mejor, debido a las circunstancias, ella y su novio tuvieron que dar un agradable paseo de dos horas entre arrozales y cangrejos para llegar a una ciudad con tren. A lo mejor llevaba más de veinticuatro horas sin dormir cuando llegó a su casa, se pinchó el dedo por accidente y cayó redonda en la cama.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero tanto hablar de dormir me hace sospechar que cogeré la cama muy a gusto esta noche.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!