La peli no ha estado mal. No ha sido memorable salvo porque la he visto entera abrazada a él. Por primera vez en mi vida, he entendido por qué las parejas hacen manitas en el cine.
La cena, en un sitio nuevo, habría estado mejor si no nos hubiésemos equivocado con el último plato. El sushi estaba riquísimo, eso sí.
Y ahora aquí lo tengo, apoyado encima de mí y abrazado como el peluche de metro ochenta que es. Cálido y agradable, mi hogar y la mayor distracción para escribir. Ojalá todas las distracciones fuesen así.
Me voy a abrazarlo, que no aguanto más.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!