Es lo único que he necesitado para hacerme la cena. Y aun así, por un momento me he planteado pasar de todo y hacerme un bocadillo o algo así.
En los días en los que no he comido mucha verdura, o ceno ensalada o me hago un smoothie verde. Yo era una de esas personas escépticas que pensaba que sabría a mejunje asqueroso, pero lo cierto es que está bastante bueno. Leche, espinacas, plátano y ya. Y sabe a plátano nada más, por extraño que parezca. Como persona a la que no le entusiasman las verduras crudas, esto me salva la vida.
Me alegro muchísimo de no haber sucumbido a la tentación de no prepararlo, porque es muy sencillo y luego me siento genial. No solo física, sino también emocionalmente, por lo que definitivamente ha valido mucho la pena. Y solo he tardado tres minutos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!