miércoles, 19 de julio de 2023

Una moneda en el suelo

Que yo recuerde, para mí recoger o no una moneda del suelo estaba proporcionalmente relacionado a su valor. Cuanto mayor fuera, mayores las probabilidades de que me agachase a recogerla. A fin de cuentas, si el dinero en metálico ya es bastante sucio, el que uno se encuentra por la calle todavía más. A veces uno va con prisa, ¿por qué agacharse a por una moneda de 5 céntimos? La moneda de 10 era mi mínimo: con eso ya te compras dos chicles.

Por si el valor de la moneda no era lo bastante disuasorio, en mi ciudad empezó a ponerse de moda lo de pegar monedas al suelo. ¿Por qué? ¿A quién le pareció tan divertida la idea de ver a alguien intentando despegarla (durante dos segundos, quizá) para hacer esa tontería? Fuese su intención o no, pasé bastante de las monedas durante una temporada. 

Mi cinismo se empezó a desvanecer con una película de Hilary Duff. No la vi entera, ni me acuerdo de cuál era. Pero ella se encontraba una moneda y, como no está de cara, decidió ponerla cara arriba para que la próxima persona que la encontrase tuviese suerte. Me pareció muy bonito. Cursi, pero bonito. Fue entonces cuando empecé a tener más presente la relación entre las monedas en la calle y la buena fortuna.

Así que un día que no tendría nada de especial (o de tenerlo, a buen seguro era algo más especial que esto), decidí que en adelante recogería cualquier moneda que me encontrase, porque encontrársela es una suerte. Buena suerte.

Es una suerte vivir. Es una suerte poder caminar, ver algo bueno, agacharse y llevárselo consigo. ¿Por qué rechazar las cosas buenas cuando pasan? 

Por supuesto que esto va de algo más que de recoger monedas. Va de abrazar lo bueno, todo lo bueno, venga de donde venga, como venga, cuando venga. Porque jamás hay que dar las cosas por sentadas. Y porque si la Fortuna es una diosa, más vale estarle agradecido, agasajarla, demostrarle que siempre es bienvenida, para que siempre tenga ganas de volver a vernos. 

jueves, 13 de julio de 2023

Una de cal y una de arena

 ...hacen la mezcla buena. Pero dado que todo el mundo conoce esta expresión para referirse a algo bueno y a algo malo, me sirve. 

Me apetece hablar de libros. Llevo unas semanas aprovechando nuestros largos peregrinajes en coche a y desde Valencia (y otras partes de España, a quién quiero engañar) para leer como loca... y luego no puedo comentar los libros con nadie. Están las reseñas de Goodreads, sí, pero siempre llego tarde a la fiesta y yo pretendo sentar cátedra. Así que lo haré aquí, y para salirme de la norma, esta vez voy a hablar de libros bastante actuales.

La orilla de los vivos de Rodrigo de Pablo Ortiz 

Como todos los años desde que salimos, él y yo fuimos a la Feria del Libro de Madrid. En la caseta de Versátil estaba firmando este autor y la chica de la caseta se puso a hablarme bien del libro, cómo no. Una novela sobre una viuda en la India que va a Varanasi a morir, porque si te entierran en el Ganges, se libera tu alma y acaban las reencarnaciones. Sonaba bien, pero admito que me llamó más la atención la portada. Bonita, delicada, me recordaba a otra novela de Versátil (Una visita inesperada, que aún tengo por leer). Abrí ambos libros para buscar la ilustradora de la portada y en efecto, era la misma: Eva Olaya. "Le debéis a Eva Olaya la venta de muchos libros, diseña unas portadas preciosas", le dije a la chica mientras le daba el libro para que me lo cobrase. "Eva Olaya soy yo". Flipé. Y por supuesto, la obligué a firmarme el libro después de que lo firmase el autor. Serendipias e ilustradora/editora encantadora y de buen gusto aparte, el libro me encantó. Tiene pasajes duros y no es una novela alegre, pero también desprende esperanza, una gran fuerza y a veces, hasta alegría. Una frase para recordar: "Cada pariente verá en ti la parte que cree que le pertenece. No olvides que tú eres una mujer de una pieza y te debes lealtad a ti misma". 

La recomiendo, por supuesto. Muchísimo.

La maestra gitana, de Lola Cabrillana

Sigo a Lola por Twitter desde hace tiempo y me encanta. Creo que su labor es muy necesaria, que personas como ella y su padre ayudan a romper estereotipos y que debe ser una maestra muy especial que ojalá tuviesen mis hijos. Y por eso le debo una reseña justa a su novela.

La historia es sencilla y buena, el estilo es claro y fácil de digerir para quien esté poco acostumbrado a leer, y eso es fantástico. A mí se me queda corto. Redundante en ocasiones, demasiado ligero y sin desarrollar demasiado los personajes. Hay muchos personajes, pero pocos tienen carisma. El resto te los tienen que describir y eso es una lástima. (Acabo de tachar un párrafo con un minispoiler sobre algo que no me gusta, pero me he arrepentido. Es mejor ser amable. Además, el libro me ha gustado.)

En fin. Aunque solo sea por el padre de la protagonista, recomiendo sacarlo de la biblioteca. Se lee en una tarde. No cansa, ni ofende, ni... revoluciona. Y eso está bien. Ser una gran divulgadora y maestra es más que suficiente, ni implica ser una brillante escritora ni tampoco tiene que serlo. Además, esta novela ha acercado a la lectura a mucha gente y eso es un gran logro. Me ha gustado y me leeré lo próximo que publique. Pero ponerla por las nubes es hacerle un flaco favor. Lola va a mejorar mucho. 

Cómo matar a tu familia, de Bella Mackie 

Comprado en mi feliz viaje a Toulouse el otoño pasado. Este me lo leí en versión original, en inglés, porque me hizo gracia el título. Confieso que cometo genocidios y asesinatos en mi mente a veces, qué pasa. Mientras se queden ahí, todo está bien. 

Narrado en (a veces cargante y pretenciosa) primera persona, cuenta cómo Grace mata a todos los miembros de su familia de formas creativas y originales sin ser descubierta. Los capítulos a veces se pasan de largos, es verdad. Y la protagonista es borde, arrogante y muy tonta a veces, pero me da igual: me estaba encantando la novela. La devoré en un viaje de ida y vuelta a Valencia. Me quedaba poco y tenía tantas ganas de saber cómo terminaba, que me quedé levantada hasta las dos de la mañana para acabarlo.

Cuando lo terminé, quise morirme. Quise quemar el libro. Quise presentarme ante Bella Mackie y zarandearla sin dejar de preguntarle: "Why those three last chapters, for heaven's sake? Why? WHYYYY??". Me enfadé tantísimo que no pude dormir, y a la mañana siguiente tenía que madrugar. Enfadadísima aún, por supuesto, y aún poseída por el espíritu de Mourinho. En serio, Bella, ¿por qué? ¿Qué necesidad había? 

No lo leáis. No se lo merece. Pero si lo vais a leer, que sea de la biblioteca. Y si os gustaba cómo iba la novela, saltaos los capítulos en los que cambia la fuente. Ya está. La historia acaba ahí. En serio. 

Como un suspiro, de Ferzan Ozpetek

Este me lo compré en mi felicísimo viaje a Roma, al poco de empezar a salir con él, y me lo he leído en versión original también, en italiano. ADORO las películas de Ferzan Ozpetek. Al menos, las dos que he visto. Y si tenéis Disney +, la serie Los ángeles ignorantes está basada en una de sus pelis, Las hadas ignorantes, y vale la pena. No es tan buena como la peli, pero está bien. En fin. Que me gusta mucho Ozpetek, que me hace feliz, y que me hacía mucha ilusión leerme un libro suyo.

Y está... bien. A ver. Falta algo de desarrollo de personajes, sí, pero es que está escrito como si fuese una peli. De principio a fin, mientras lo lees, estás viendo la película. Una película con temas recurrentes de Ozpetek y otros temas que quizá toma prestados de otras obras (no soy la única a la que le ha recordado a la peli italiana, con adaptación española, Perfectos desconocidos). 

Solo atino a decir que Ozpetek escribe las mujeres mejor para el cine que en el papel. Que la mayoría de los personajes son idiotas, que no tiene que ser algo malo, pero lo son. Y que el final me dejó descolocada en el mal sentido. Mira, si me quieres dar un puzzle para hacerme pensar, vale, pero que tenga solución. La mitad de las reseñas de Goodreads del libro preguntan por interpretaciones sobre el final y eso es horrible. Si queréis leerlo, también de la biblioteca (por favor), y darme vuestras impresiones, os lo agradeceré muchísimo. Porque ahora mismo no sé si el libro me ha gustado o no. He disfrutado leyéndolo, Estambul es preciosa y el italiano es una chuchería para mi cabeza, pero ese regusto metálico del final... no.

Proletaria consentida, de Laura Carneros

La joya inesperada. La sorpresa. La novelita que me compré en mi sitio favorito de Málaga y que me acabé antes de llegar a Granada. Bueno, novela... exabruptos honestos y autobiográficos. Esta chica se ha abierto de arriba abajo con un bisturí y lo ha volcado todo en estos textos. 

Son textos breves. A veces duros, otras livianos y dulces. A veces arrogantes, a veces dan vergüenza propia y ajena. Poderosos. El retrato fiel de una generación, de mi generación. Me he identificado con ella muchas veces, me han entrado ganas de abrazarla muy fuerte y de darle lo que necesita. 

Me encantó. Laura Carneros es malagueña y espero poder conocerla algún día. Hasta entonces, dejo la recomendación, a ver si consigo hacerla tan famosa como otros de los autores de esta lista. 

Este fin de semana me voy a Marruecos, con sus ocho horas de autobús, su ferry y sus otros trayectos cortos. No es cuestión de llenarme la maleta, que voy a trabajar. Pero alguno más caerá. Y volveré para contarlo.

jueves, 6 de julio de 2023

La colcha todavía no ha aparecido

Y en el fondo se lo agradezco, porque me ha servido de excusa legítima para no escribir. Pero escribir me hace bien, incluso cuando me cuesta. Y no escribir me hace mal, aunque a veces crea que me lo pide el cuerpo. Es mentira. El cuerpo, mi cuerpo, pide muchas cosas. Casi todas relacionadas con el tiempo. La parte de mí que me pide no escribir es claramente la autodestructiva.

Será porque aún vivimos de alquiler, o porque el piso no recibe ni un rayo de sol a lo largo del día, o porque todavía no tengo plantas, pero siento que no termino de aterrizar. Que no termino de instalarme. A lo mejor es como cuando te pruebas una prenda porque te gusta, pero necesitas una talla más. Y sí, ciertamente nos faltan metros cuadrados y orientación este o sur. 

El problema de caer en la trampa del en cuanto es que no tiene fin. ¿Cuándo será un buen momento? ¿Para escribir, vivir, respirar? Nunca. Nadie me lo va a dar. Nadie va a venir a mi casa con un montón de fotos y un par de contratos bajo el brazo a decirme: Mira, esta casa es para vosotros. Tiene lo que necesitáis para estar cómodos a un precio razonable. Y como estamos que lo tiramos, también os regalamos ocho horas más cada día, a ver si así dormís un poco, desgraciados. Hala, a hacer todo lo que queréis, ya no tenéis excusas. 

¿Seguro... ?

El tiempo se saca, no se tiene. Es lo que vengo a decir. 

Me lo han recordado Marco Aurelio, Séneca y mi hermana Talía. Ella es la nota discordante en la enumeración, no tiene nada en común con los estoicos salvo quizá su amor por el teatro. Pero da igual. Llevaba semanas, si no meses, picándome en los dedos las ganas de exponer de forma ególatra y sin que nadie me lo pida las cosas que me están pasando aquí. Y llevaba todo ese tiempo ignorando mis deseos, hasta que he encontrado el sitio perfecto. 

No un piso, no. Todavía no. Una cafetería. Cerquísima de casa, la cual me repelía por su color verde marihuana y me atraía por el nombre, tan cutre que me gusta: Dancing Coffee Shop.

Nombre y colores aparte, tienen aire acondicionado, mesas cómodas con enchufes, buen café y unos molletes que me entran ganas de hacerles la ola. 

Y buenos camareros. Porque el producto puede ser bueno, pero la gente le da alma a los sitios. Ella se aprendió mi comanda de café a los dos días. Él me mira cómplice, cuando no hace algún comentario, cada vez que mi mesa está ocupada. Mi mesa, por cierto, es la que está pegada al escaparate, a la izquierda, la de cuatro personas. No me la quitéis. 

Vuelvo, supongo. Pero no este fin de semana, que me voy a Málaga. Qué falta me hace... 


jueves, 1 de diciembre de 2022

Empaquetando...

Y mañana nos mudamos. 

Tengo que escribir de Londres. De Granada. De muchas cosas. Pero lo haré cuando estemos instalados y con Internet en vez de agobiada por no encontrar la colcha. 

No, en serio: ¿dónde se ha metido la dichosa colcha?

martes, 29 de noviembre de 2022

London, baby

En unas horas me voy a Londres. 

Tranquilidad: vuelvo por la noche. 

A veces hay que hacer locuras sin sentido, qué puedo decir. 


lunes, 28 de noviembre de 2022

Despedidas con tiramisú

Estas dos semanas han sido intensas y llenas de novedades. Por abreviar: nos mudamos a Granada esta semana. Él y yo. Ya iré dando más detalles, palabra. 

La cuestión es que estos días están llenos de cosas que hacer. Médicos, compras, maletas, peluquería, de todo. Y despedidas. 

El sábado nos despedimos de Primor y Abracitos con comida china. Hoy, de Jung y Loki con comida italiana. Después de sacarnos el máster en comida india, ahora vamos a por los italianos. Una vez los hayamos probado todos, escribiré al respecto. Pero por ahora, basta decir que hemos cenado muy bien. 

Menudo día me espera mañana... Tengo muchas ganas y a la vez me da una pereza inmensa. Pero ya vaguearé este finde. En mi casa. Con mi pareja. Por fin. 

Mañana más. Aunque me reservo el derecho de no escribir si se me acumula la faena. 

domingo, 6 de noviembre de 2022

Ojalá fuera John Wick

Hoy he visto la primera parte de John Wick por primera vez. Y me ha encantado. 

No tiene un gran argumento, ni un gran guion. Keanu lo hace muy bien... pero es que tampoco había mucho material para hacerlo mal. Pero le gusta a mi parte reptiliana, igual que a todo el mundo. 

Me gusta porque es una historia de venganza. 

Sin moralina. Sin lecciones. Sin sofisticación, ni planificación. Y aunque una parte más elevada y noble de mi persona esté en contra de lo que él hace y considere que hay formas mucho mejores y más productivas de enfrentar las cosas, hoy quiero sangre y dolor, y que no sea el mío. 

Ojalá pudiera ser John Wick por un día sin consecuencias. Ojalá pudiera soñar que lo soy esta noche. Soñar que llego a casa de mis enemigos, que los sorprendo y los tengo a mi merced

Podría deleitarme mucho describiendo la tortura que se me pasa por la cabeza, pero el sentido común todavía me llega para comprender que no es una buena idea compartir ese tipo de ideas. Pero les haría daño. Mucho. 

Rooibos para no desesperarme más. Peli o libro para no pensar. 

Hay niños con cáncer cerebral inoperable. Hay millones de personas que no saben leer. Hay millones de mujeres que se prostituyen porque no tienen otro remedio. 

Dentro de lo malo, tengo suerte. 

PS: Me despido por lo menos hasta el 28 de noviembre. Con este mal humor no se puede escribir nada.