Tal y como mencioné hace unos días, me robaron la cartera el día de mi cumpleaños. En principio no tenía demasiado interés en poner la denuncia. Total, para renovar el DNI no me lo exigen. Pero si no quiero pagar por la renovación de la tarjeta SIP, sí que tenía que ponerla. Y no ha sido tan sencillo como esperaba.
La primera vez que fui, estaban esperando al abogado de un detenido.
La segunda, el agente a cargo de las denuncias tenía mucho papeleo pendiente. "Venga por la noche si le viene mejor". Pues a ver... la comisaría está a media hora de casa. Que yo encantada de salir a pasear por la noche, pero eso de ir de madrugada a denunciar que me han sacado la cartera del bolso cuando lo tenía abierto y no miraba me da bastante pereza, ché.
La tercera, por suerte y obedeciendo al dicho, ha sido la vencida.
Mientras esperaba, ha entrado una señora que no hablaba ni papa de español. Era una señora mayor y, por lo que había podido oír, búlgara. El primer agente que nos atendió en la puerta intentó apañarse con ella en inglés, pero nada. Lo único que consiguió fue hacerla pasar. Ahí fue cuando la vi yo.
En este punto debo hacer una confesión: yo, traductora, adoro Google translate. No lo usaría para un trabajo (quizá para consultar una palabra, pero siempre contrastando el resultado con otras fuentes), pero admito que lo uso para buscar cositas en otros idiomas, tanto en los que he estudiado como en los que no. Me parece una herramienta que, bien utilizada, puede ser de mucha ayuda. Y aquí dejo un truco para navegantes: Google translate puede ser bastante de fiar siempre que se use el inglés como la lengua origen. Para obtener los mejores resultados, recomiendo escribir frases simples y cortas.
Me dio una pena inmensa esa mujer. Y pensé que con Google y mis conocimientos de polaco podríamos llegar a alguna parte. Muy optimista por mi parte, porque aunque hay palabras parecidas, lo cierto es que el búlgaro y el polaco no se parecen tanto. Pero ahí me puse a preguntarle cosas. El problema fue que ella entendía las preguntas, pero yo no entendía casi nada de las respuestas. Algo de documentos.
En esto que me llaman para poner mi denuncia, lo hago y le digo a la señora que no se preocupe, que le he dicho al policía que con Google translate se pueden comunicar... Y la señora me hace señas para que entre con ella.
Y entro, claro. Era un cuadro, yo tecleando en el móvil como loca, la señora hablando en búlgaro como si el policía y yo nos hubiésemos ido de Erasmus un año a Sofía, y el policía hablando español a gritos y despacio, porque todos sabemos que para entender un idioma solo hay que escucharlo a todo volumen.
No hay manera. El policía llama a la hija de la señora y se aclara todo. La señora era mayor, muy mayor, y ya había empezado a perder facultades. De hecho, contó la hija, tenían cita con el neurólogo para evaluarla y quizá incapacitarla. Lo que quería la señora era su documento de identidad búlgaro, para irse a Bulgaria, donde un hombre treinta años más joven que ella la estaba esperando. La hija temía que el señor quisiese quitarle el dinero a su madre, y la madre no se enteraba.
En este punto, yo intenté explicarle a la señora con la mayor precisión que Google me permitió que el documento se lo tenían que dar en el consulado de Bulgaria y que el policía no podía hacer nada por ella. El policía intenta que hable con su hija. Ella, que no quiere. Al final hablan y no sé cómo acabaría la cosa, porque yo me tenía que ir ya.
Tecleé una última frase para decirle que lo sentía y que tenía que irme. Y la mujer me acarició la mano, me sonrió y me dijo adiós. Un poco antes también la oí decir algo que debía de ser "gracias" o algo parecido. Y salí de ahí.
Las palabras son mágicas. Son limitadas, claro que sí, pero describen, expresan, nos representan, a menudo son lo único que tenemos pare defendernos. Nos ayudan a existir.
Por suerte y por desgracia, hay más de cinco mil idiomas en el mundo, y si bien estoy segura de que ni sabiéndolos todos sería el ser humano capaz de describir con precisión cada componente de su experiencia en este planeta, existen diferencias y matices entre uno y otro. ¿Qué hacemos si no hay una lengua común? ¿Cómo nos entendemos?
Hay veces en que con buena voluntad y palabras rotas se consigue mucho. Pero en este caso era imposible. Y se me partió el alma. La realidad de esa mujer era la que era, saber búlgaro no habría cambiado mucho las cosas. Pero habría podido explicarme mejor. Habría podido preguntarle dónde vive, si quería que la acompañase, si podía hacer algo por ella. Habría podido ser más humana con ella. Pese a todo, sé que he hecho lo que he podido y que ha significado algo para ella... Pero me mata.
Por esto he estudiado idiomas. Para ser entendida, pero sobre todo para entender. Para tener más piezas del puzzle de la experiencia humana. Para vivir más vidas, tener más emociones, saber más cosas. Para amar más y mejor.
No voy a aprender búlgaro. Pero he dejado mi número por si alguna vez necesitan ayuda con el polaco. Es probable que llamen a sus intérpretes asociados antes, pero nunca se sabe.