martes, 16 de agosto de 2022

Unidos por el aire

Acondicionado, por supuesto. Echo de menos muchas cosas de Berlín, pero la principal es la temperatura. Calor hacía, pero sin pasarse, y por las noches refrescaba y era muy agradable pasear.

El regreso fue horroroso. Horroroso. Si existe el infierno, sería este verano por toda la eternidad con música de reguetón de fondo. 

Pero esto es lo que hay, así que toca acostumbrarse. Y no es como si todo fuese tan malo. Hoy he redescubierto la alegría de madrugar, es agradable amanecer cuando todavía no hace un sol de justicia. Mi idea era adelantar cosas que tengo pendientes, pero salvo escribir esta entrada, no he hecho nada de provecho. El éxtasis de no estar empapada en sudor, imagino. 

Otra cosa que me ha llamado la atención estos días es lo repentinamente unida que estoy a mi familia. Paso más tiempo con mis padres, aunque sea leyendo en el sofá. Y tiene toda la lógica del mundo: el aire acondicionado está en el salón. 

Y me pregunto si estará pasando lo mismo en otras casas y las consecuencias. ¿Estaremos hablando más? ¿Compartiendo más? ¿Se reducirá tanto la distancia emocional como la física? ¿O simplemente estamos siendo prácticos sin más? Hasta que la ola de calor se relaje, me esperan muchos días compartiendo el aire con mis padres, así que si se produce algún cambio relevante, lo dejaré escrito por aquí. 

Se me olvidaba: cuando madrugo necesito más café. Nos vemos mañana.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!