La regla no escrita de Tinder establece que la persona a la que le salta la notificación del match tiene la obligación de iniciar la conversación. Y por eso, el 17 de junio de 2021 le envié un mensaje con un "Hola, ¿qué tal?" Él respondió con un "Hola, buenas" y empezamos a hablar.
Bueno, quien dice hablar... escribir. Todas las noches, alrededor de las nueve, chateábamos y nos contábamos lo que habíamos hecho. Y cada vez descubríamos más cosas en común. Nuestro amor por los libros y los viajes, saber alemán... Dos semanas después nos conocimos en persona.
Habíamos quedado a las cinco y media de la tarde. A las diez y media, cinco horas después, volvía a mi casa. Teníamos varias conversaciones pendientes y ni con todo ese tiempo logramos terminar. No nos callamos ni un segundo. Bueno, lo justo para alucinar cuando descubrimos que ambos teníamos un app instalada en el móvil para identificar plantas. Aquella noche ya quería salir (e incluso casarme) con él. A intensita no me gana nadie, no.
Un mes después empezamos a salir. Y ya llevamos más de un año.
Algo que le digo a todo el mundo desde que estoy emparejada es que el amor no tiene por qué ser dramático ni complicado. Desde que lo conocí, lo único que siento con él es paz. Vale, no es verdad. Pero cuando algo me va mal, suelen ser cosas que no tienen nada que ver con lo nuestro, sino conmigo. Enamorarnos fue fácil y desde que salimos, lo hablamos todo.
Eso es lo segundo que le suelo decir a todo el mundo: nunca hay demasiada comunicación. Hasta le anuncié que le iba a besar antes de hacerlo por primera vez (tampoco hay demasiado consentimiento). Con esto no quiero decir que siempre sea sencillo hablar las cosas. Claro que no. Pero es crucial. Es como cepillarse los dientes o seguir una rutina cosmética: no siempre apetece, pero son hábitos que evitan muchos problemas en el futuro.
Me chifla estar con él. Es pasar tiempo con mi mejor amigo, con el beneficio extra de los besos y los abrazos. ¿Por qué la gente besa tan poco? ¡Es lo mejor que hay! También jugamos, comemos, viajamos y en general experimentamos la vida juntos. Es otra cosa que me entusiasma de salir con él: cada experiencia cuenta doble y es novedosa porque la vivimos los dos.
En el lado más intenso y pesado de la ecuación, sé que cuento con su apoyo incondicional y él con el mío. Es maravilloso y una gran responsabilidad. Entiendo que no es para todo el mundo, pero vale la pena.
Imagino que no será así para todo el mundo, pero ojalá lo fuera. Ojalá todo el mundo tuviese la suerte de tener un amor así. Divertido, estimulante, dulce, inteligente, fuerte y lleno de cariño. Se puede encontrar, lo prometo. Incluso en Tinder.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!