martes, 2 de agosto de 2022

Adoro pagar impuestos

Cuando hablo con mis gestoras para pedirles que me resuelvan un trámite o insisto en que me deduzcan el máximo de IRPF, todo el mundo me suele decir que no es necesario, que puedo deducirme menos. A lo que respondo muy tajante: "Hay gente que tiene miedo del dentista. A mí me da miedo que me salga a pagar en la declaración de la renta". 

Esta es una de las pocas cosas que he aprendido de cabeza ajena. En una ocasión, MacGyver tuvo dos empleadores en el mismo año fiscal. Por eso y porque le siguieron deduciendo poquísimo, al año siguiente le tocó pagar casi un sueldo entero a Hacienda en la declaración. Huelga decir que MacGyver no ganaba ninguna barbaridad y que el desembolso no le vino nada bien, lo pasó bastante mal con este tema. Y yo con ella. Fue entonces cuando me conciencié sobre la importancia de darle a Hacienda más de lo que pide, en cuanto lo pida o antes si es posible, para tenerla contenta y satisfecha. 

Y sin embargo, puedo afirmar a la vez que adoro a Hacienda. Me encanta pagar impuestos. 

Claramente nunca he sido autónoma. 

Pero como empleada, lo confieso: me gustan los impuestos. Me gusta que me quiten una parte de mi salario para que tengamos sanidad, educación, parques y servicios, y me encantaría ganar más para poder contribuir todavía más. 

Eso no quiere decir que me guste cómo se invierten estos, nuestros impuestos. Detesto que necesitemos presupuesto de defensa, pero sí, es necesario. No me gusta la actual monarquía, si bien tengo sentimientos encontrados con la idea de una presidencia de la república, que a veces puede ser más cara, o con un cargo dual como el del presidente de Estados Unidos, que gobierna y representa al país al mismo tiempo. Y la lista podría seguir ad infinitum. No, la distribución de los impuestos no es perfecta ni lo será nunca. 

Sin embargo, teniendo en cuenta todo lo que por ahora recibimos pagándolos, me parece una maravilla. En cierto modo es lo que nos hace responsables del país, el hecho de que estemos pagando para hacerlo funcionar. Que nos preocupen los servicios sanitarios o que se instalen más farolas porque todo eso es nuestro. Los colegios, los hospitales, los museos, los bancos del parque, todo eso nos pertenece. Y depende de todos que siga funcionando y que mejore. 

Por supuesto, me resulta muy frustrante todo esto cuando pienso en cómo van las cosas y cómo podría ir si, por una parte, pudiésemos recaudar más impuestos de quien más puede aportar y, por otra, se administrasen mejor los recursos que ya tenemos. Por eso he dejado de ver el telediario. Prefiero concentrarme en lo que puedo solucionar. 

Finalmente, puede que esta sea la razón más estúpida para pagar impuestos, pero a mí me da(ba) una gran sensación de realización personal: mi vida podía ser un desastre absoluto, pero al menos estaba haciendo funcionar un país. 

Todo este rollo porque hoy he resuelto un asunto con Hacienda. Qué le vamos a hacer, se me hace feliz con poco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!