Mi sobrino se está aficionando a las novelas de Multicosmos, de Pablo C. Reyna. Ya se ha leído los dos primeros y hemos ido hoy a Valencia a comprar el tercero. Por desgracia, está en proceso de reedición, por lo que es casi imposible encontrarlo en tiendas físicas. Pero ya que estábamos en Valencia, nos hemos llevado a mi sobrino a comer.
Al igual que yo a su edad, mi sobrino no sabe comer y le gustan pocas cosas. Por suerte (o casi diría que por milagro), hemos encontrado mesa en San Tommaso. Y hemos triunfado: al peque le ha gustado la lasaña y la ha calificado como "mejor que la del Mercadona", "la mejor que ha probado" y "mejor que los canelones del papi". Yo misma he probado los canelones de mi cuñado y he de decir que el listón está muy alto, pero sí, la lasaña es mejor.
Una de las cosas que más me gustan de salir con mi sobrino es ser su tía (o tita, como me llama él) en vez de su madre. Mi sobrino y yo ya formamos una pareja bastante singular y divertida, con nuestros memes internos y nuestras mundo en común, pero la adición de mi novio nos ha llevado al siguiente nivel.
Nos ocupamos del niño como si fuera nuestro, pero lo malcriamos con buena comida, libros y juegos. Pero es que además ellos dos se llevan tan requetebién, que se alían contra mí para hacerme cosquillas y gastarme bromas. Y nos reímos y abrazamos y es precioso. Ojalá podamos darle primitos algún día.
Por la tarde, he dado rienda suelta a mi Imelda Marcos interna porque necesitaba zapatos para el viaje. Ya he metido las tiritas en la maleta por si las moscas. Pero tengo mono de personaje nuevo. Y eso siempre es bueno.
Mañana más.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!