domingo, 21 de agosto de 2022

La muerte de mis ídolos

Llevo días posponiendo el tema del desafío de 30 días de hoy: alguien que me inspire. 

De verdad que lo he intentado. Y se me han ocurrido mis respuestas frecuentes. Lisa Eldridge, Carmen Pacheco, Safiya Nygaard, mis esposas, la Traductora, Gretchen Rubin, él... Nada.

Por alguna razón, mis ídolos han caído. Decir que han muerto sería incorrecto, porque además todos están vivos y coleando, pero ya no ocupan ese lugar en mi mente. A lo mejor tengo que explicarlo con un ejemplo. 

Sigo a Carmen Pacheco desde hace unos quince años. Media vida, vamos. Me parece una mujer brillante, una de las mejores escritoras que existe y una persona muy interesante. He pasado por la fase de adoración, de comprar cualquier cosa que recomienda, de recomendarla a todo el mundo, de leer prácticamente todo lo que ha escrito y de escribirle hasta el punto de temer que cualquier día me llegue una orden de alejamiento. 

Pero en algún momento me di cuenta de su humanidad. Vi cosas de ella que no es que no fuesen brillantes, sino que directamente no tenían nada que ver conmigo. Dejé de verme tan representada en ella. Y la verdad, fue un golpe durísimo. Lo pasé fatal durante una temporada, hasta que me di cuenta de que ella no había cambiado, sino yo. Por fin empezaba a tener vida. Por fin empezaba a sentirme bien conmigo misma sin necesidad de compararme con ella. Me había liberado, y desde entonces disfruto muchísimo de todo lo que crea, pero siendo más crítica y auténtica. Carmen me encanta porque es sincera. Y ahora yo también lo soy. 

Lisa Eldridge y Safiya Nygaard son dos mujeres inteligentísimas, creativas y bellísimas. Y riquísimas. Puedo sentirme inspirada por ellas todo lo que quiera, que no voy a tener su vida: simplemente vivimos en distintas realidades. Lisa Eldridge puede gastarse cientos de libras en una crema sin pestañear y Safiya Nygaard ha comprado cientos de velas/pintalabios/loquesea para hacer sus vídeos. Me gusta lo que crean, son artistas y muy buenas en lo suyo, y las apoyo en la medida de lo posible... Pero no, no me sirven de guía. 

De Gretchen Rubin a veces saco ganas de hacer cosas, su libro tiene ese efecto en mí. Riquísima y acomodada también. Ayudar, algo ha ayudado, pero no es una inspiración constante.

Mis esposas son compañeras. La Traductora es mi nueva mentora, pero al ser amigas también no existe la verticalidad que requiere ese otro tipo de relación. 

Y él... él es el motivo. Muy compatible conmigo, parecido a mí en muchas cosas, mejor que yo en muchas otras. Me enternece y ocasionalmente me inspira, pero somos lo bastante diferentes como para no ser la referencia del otro. Somos compañeros, que no es poco.

Quizá MacGyver sea lo más parecido a una fuente de inspiración ahora mismo. Está esforzándose un montón en aprender informática para conseguir un trabajo mejor. Y la admiro mucho por ello. 

Pero mi camino es otro. El problema es que no sé cuál. Y me siento un poco huérfana de referencias ahora mismo. Me falta un faro, una inspiración, alguien a quien admirar y desear emular.

Puede que el problema sea que lo humano ya no me es ajeno. No hay, ni ha habido jamás, nadie cuya vida deseara por completo. Todos tenemos miedo. Todos hemos luchado batallas. Y yo soy yo. No puedo ser otra persona. 

¿Tal vez tengo que inspirarme a mí misma? ¿Trabajar en crecer hacia una versión más sabia y feliz de mí misma? Es posible. Pero suena tan egocéntrico... Además, a veces me pierdo en los detalles. Si me imagino al milímetro, siempre seré una decepción para mí misma. 

Nadie me inspira. Nada me inspira. Hoy. Pero quién sabe qué pasará mañana.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho lo que dices sobre mí, pero no me parece digno de admiración. Te quiero, peque, siempre has sido la más inteligente e ingeniosa de las tres, ya verás como encuentras tu inspiración y tienes una vida maravillosa ❤️

    ResponderEliminar

Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!