domingo, 31 de julio de 2022

La pregunta de la noche

No es si nos lo pasaremos bien.

Ni si llegaremos a tiempo, porque en nada vamos hacia la parada de metro.

Ni qué cenaremos -pasta y berenjenas a la parmesana, y tiramisú.

Ni si nos querremos para siempre. A saber. Sí estoy segura de que mientras nos queramos, seguiremos juntos muchos años. 

Hoy cumplimos el primero. 

La pregunta es: ¿nos encontraremos a Keanu en el restaurante? 

sábado, 30 de julio de 2022

Querido iaio:

Hace más de veinte años que no estás. Yo era tan niña que todavía no podía articular mis sentimientos como ahora, pero te eché -y te echo- mucho de menos. Porque cuando te fuiste, acabó la infancia.

La iaia fue quien peor lo pasó, sin duda. Llevabais tanto tiempo juntos, que la vida sin ti sencillamente carecía de sentido. Desde que te fuiste, dejó de celebrar las navidades y las fiestas en su casa. Luego empezó a salir menos y a ver más la tele... Tardó varios años en morir, porque era terca como ella sola, pero se fue apagando poco a poco. Sé que no está bien decir esto, pero no le tenía mucho cariño. No era amable con nosotras. Porque no sabía ser de otra manera, pero hay cosas que no sé perdonar. 

Pero a ti sí te añoro, muchísimo. Ojalá siguieras vivo, o al menos, ojalá me hubieses durado más tiempo. Me habría encantado contarte muchas cosas. Los viajes que he hecho, las cosas que he aprendido, las historias que he creado. 

Y me habría encantado jugar más contigo al ajedrez. Mi madre me contó que quedaste finalista en una competición y que te entrevistaron por la radio. Que te preguntaron quién creías que iba a ganar. Y que tú dijiste: "El que no pierda". Nadie recuerda si ganaste, pero no importa. Tú realmente sabías jugar. Yo era muy pequeña y no lo recuerdo, pero MacGyver sí se acuerda de todas las veces en las que les ganaste a ella, Talía y los primos. Cuatro críos contra ti, como si pudiesen hacer algo. Sí recuerdo el tablero, y las piezas, y el ruidito que hacía la caja al abrirla.

También recuerdo el tocadiscos, todavía te estoy viendo inclinado sobre él, acariciándolo con el limpiador de terciopelo rojo. Y el disco de villancicos que ponías siempre en Navidad, con monaguillos en la carátula. La música era una parte muy importante de tu vida, tocabas lo que hiciese falta. Y aunque fui una pésima alumna, recuerdo con cariño tus intentos por enseñarme solfeo.

No me gustaban tus bromas de pequeña, me hacías mucho de rabiar. Y sin embargo, confieso que con el tiempo he acabado haciéndole lo mismo al hijo de Talía, mi sobrino. Tu bisnieto. Una lástima que no lo hayas podido conocer, alucinarías con él. Él sí te daría una paliza al ajedrez, porque se inventa las reglas si hace falta. 

¿Cómo lo hacías, iaio? ¿Cómo podías tener tan buen humor y estar tan contento siempre? Te volviste loco en la guerra. Te pasaste la vida trabajando como un burro. Tu hija se casó con un hombre violento. Te cortaron una pierna y parte del pie, y durante casi toda mi vida fuiste en silla de ruedas. ¿Cómo pudiste soportarlo todo? 

A veces pienso que fue por la iaia, pero tiene que haber algo más. Porque yo he conocido a alguien así. Creo que te habría gustado. Juega al ajedrez, tocaba la tuba de pequeño y le encanta viajar y aprender cosas. Os habríais llevado genial. La cuestión es que él me da fuerzas, pero me sigo enfadando mucho. Me sigo agobiando por todo. Tú solías decir que si tiene solución, para qué preocuparse. Y que si no tiene solución, para qué preocuparse. Pero yo no sé hacer eso, lo de no preocuparse. Quizá si te hubiese tenido más tiempo, habría logrado aprender. 

O quizá todavía pueda. A fin de cuentas, te conocí cuando ya eras muy mayor. Quizá de joven te parecías a mí. El tiempo lo dirá. 

viernes, 29 de julio de 2022

Escena hogareña

Él pasea a Titán mientras hago la cena. Me ha salido rica. Netflix. Sofá. Caricias. Juntos, uno al lado del otro.

Y sus ojos. Enormes. Amables. Penetrantes. Después de casi un año me sigue sorprendiendo.

Y sus manos. Suaves. Cálidas. Tiernas. Firmes. 

Y sus labios. Dulces. Con sabor a melocotón. 

Y su voz. Y su sonrisa. Y su pelo. Y su cintura. 

Todo él aquí. Como debe ser. 

Si me disculpáis, voy a devolverle las cosquillas.

jueves, 28 de julio de 2022

El guardaespaldas

Mis padres se han ido hoy de vacaciones a Benidorm. Él se vendrá esta noche y fingiremos que vivimos juntos unos días. Pero no estaremos solos: tenemos guardaespaldas.

Hace unos trece años, MacGyver se encontró un perro atropellado y lo llevó al veterinario. Después lo trajo a casa de mi madre, solo por una noche antes de llevarlo a un refugio. Pero después de pasarse toda la noche cuidando del animal, mi madre se encariñó y decidió quedárselo. Lo llamó Titán, como el perro de mi abuela.

Titán es un cruce de akita con otra raza y la verdad es que es un perro muy distinguido y elegante. Tiene orejitas de Yoda, ojos rasgados y hocico largo y blanco, con la trufa negra y siempre húmeda. Su pelaje es canela y blanco, blanco y abundante, y especialmente suave en la cabecita. No es porque sea de la casa, pero es un perro precioso. Un peluche andante.

Al principio, ladraba mucho cuando sonaban fuegos artificiales o ambulancias, pero con el tiempo se ha tranquilizado. También reaccionaba con los otros perros, sobre todo con los grandes. Por suerte, años de sacarlo de paseo han logrado que se acostumbre. Ahora solo se le escucha cuando bufa en sueños, pero si le acariciamos un poquito, se le pasa. 

En casa es una alfombra o un pilar de refuerzo. Nos lo encontramos en cualquier estancia, tumbado y estirado en posturas imposibles. Es tan confiado, que no se mueve ni un milímetro cuando tenemos que pasar por encima de él. A veces lo empujamos ligeramente con el pie y ni se cantea. Como mucho, se acomoda más. Lo de hacer de pilar es otra historia: a veces se tumba con las patas apoyadas contra la pared. Me consta que las paredes del edificio son sólidas, pero es un consuelo saber que contamos con un refuerzo adicional de vez en cuando. 

MacGyver le enseñó a dar la patita hace años, truco que Titán aprovecha para que le demos jamón y cosas ricas. Mi madre no se hace de rogar, pero a mí me gusta jugar con él y hacer que se lo gane. Además, creo que en el fondo le gusta. 

Es un perrete muy cariñoso que tiene claras sus lealtades. La persona más importante de este mundo es mi madre, a la que sigue fielmente a todas partes y sin la que se niega a salir a pasear. Mi padrastro y yo ocupábamos el segundo lugar, pero entonces llegó él a mi vida, dándole mimos y caricias cada vez que lo ve. Me parece bien, pero a veces tengo la sensación de que Titán me ha robado a mi novio. 

Y es que encima, a ver cómo compito contra él. Él es un peluchito calentito, cariñoso y adorable que siempre se alegra de verte y nunca se enfada ni tiene dramas. ¿Quién no querría pasar horas abrazándolo y acariciándolo?

Pero lo mejor de todo es lo protector que es... a su manera. Fue él quien analizó el comportamiento de Titán y dedujo su forma de razonar. Si estamos todos en casa, Titán está con mi madre o en la habitación con mejor temperatura. Pero si mi madre no está, Titán se sitúa en una posición equidistante a todas las personas de la casa. En un esfuerzo por facilitarle la vida al perro, él y yo intentamos quedarnos en la misma habitación para que solo tenga que vigilar una puerta. 

Tengo suerte de tenerlo, aunque me quite el novio. Es un alivio saber que, por muy mal que se pongan las cosas, nunca estaré sola mientras tenga al peludito alrededor. 

Más me vale recordar todo esto mientras lo saco a pasear ahora, con 36 grados a la sombra. 

miércoles, 27 de julio de 2022

Demasiadas chuches

Primor y yo hemos quedado y hemos ido de compras. Cosméticos, chuches veganas... Luego nos hemos tomado el aperitivo de rigor. Y chuches. Demasiadas... Me duele la tripa. 

Entre eso y que hoy ha sido un día ajetreado por temas que no vienen al caso, hoy no estoy con fuerzas de escribir nada más. 

Mañana más y mejor, lo prometo. 

martes, 26 de julio de 2022

Cartas, cosméticos y caricias

"Escribe sobre el día de hoy", dicen los dioses del desafío de treinta días. Pues a ver...

Tras resolver unos recados que tenía pendientes, he preparado el regalo y he escrito una carta para Carrie. Su cumpleaños es el lunes y si no lo enviaba hoy, no llegaba a tiempo. Carrie odia que la gente recuerde su cumpleaños, y yo adoro hacer cosas especiales para la gente que odia su cumpleaños. Odiar los cumpleaños es terrible. Es el único día del año en el que puedes hacer cualquier excentricidad y comportarte como una reina porque básicamente es lo que se espera de ti. Si pudiera celebrarlo exactamente como yo quiero, sería mi día favorito del año. 

Antes de ir a correos, ha llegado un paquete que estaba esperando. Lo cierto es que estos días le estoy dando a las compras compulsivas, pero al menos compro cosas que utilizo. Desde que el viernes declarase mi intención de trabajar en mi amor propio, he vuelto a tomarme en serio mi rutina cosmética y he decidido añadir un par de potingues más. Me he comprado una crema que me encanta, una esencia que me apetece mucho probar y una BB cream de la que había leído mucho. Temía que no me quedase bien el color, pero oh, maravilla: tengo la piel tan roja que me queda perfecto. Además, tiene una textura muy agradable de llevar. Es pronto para afirmarlo, pero me está gustando mucho.

Después de enviarle el regalo a Carrie, él y yo nos hemos embarcado en la búsqueda de lo imposible: un piso que me guste, que tenga todo lo que queremos y que nos podamos permitir. Lo primero es lo más difícil, como hemos podido comprobar. El segundo que hemos visto era una buena opción y por un instante me he imaginado organizando fiestas en la terraza. Pero... no. Está en mi ciudad. Y no puedo quiero vivir aquí para siempre.

No es que a mi ciudad le pase nada. Bueno, hubo un tiroteo en el cementerio el día de Todos los Santos. Y otro tiroteo cerca de casa de mi madre hace dos o tres años. Eso casi tuvo gracia: la persona que disparó lo hizo porque confundió un pedo con un tiro. Pero criminalidad aparte, lo cierto es que no es una mala ciudad. Está muy bien comunicada con Valencia, tiene mi bocatería favorita y dos bibliotecas maravillosas. Dos de mis esposas, mi hermana, mi sobrino y mi madre viven aquí. Y pronto tendremos un Rossmann. 

Pero no me imagino envejeciendo aquí. No lo soporto. Tengo malos recuerdos en casi todas partes, y aunque sí podría vivir aquí un tiempo, no quiero echar raíces aquí. No quiero que la gente se crea que conoce a mis hijos solo porque conoce a su madre, y a la madre de su madre. No quiero un sitio donde a veces no saludo porque, francamente, es que no sé de qué me conocen. Y sobre todo, no quiero formar una familia en un lugar en el que siempre me siento inapropiada, incorrecta y asustada de que en cualquier momento aparezca gente del colegio para hacérmelo pasar mal. 

Él, que me lee como un libro abierto, me ha preguntado qué me pasaba. Y se lo he acabado contando. Así que cambiaremos de estrategia. A él le da igual mientras vivamos juntos. Y me ha acariciado y abrazado hasta que se me han pasado los males y he dejado de llorar. 

Es bonito jugar a la vida en coop, con un compañero con paciencia para esperar, soportar y ayudar para pasarse el nivel juntos. Pero a la vez es tan raro... todavía no me acostumbro. 

Mañana más, pero no sobre hoy. 

lunes, 25 de julio de 2022

El calor me está matando

A mí y a todo el mundo. Pero hoy me ha dejado seriamente fuera de combate. 

Después de ir al hospital para que me viese la cirujana (todo está perfecto), él y yo fuimos al centro, de librerías. Tenemos un serio problema, pero ya hablaré de eso en otra ocasión. 

En estas que empiezo a estar floja... Y más floja y débil... Y nada, nos hemos vuelto a casa. 

No es solo el calor, la regla tampoco ayuda. Pero he acabado hecha polvo esta mañana. Nada que el aire acondicionado de casa y una buena siesta no hayan solucionado, pero aun así, creo que se me han fundido un par de neuronas durante el proceso, por lo que hoy no habrá entrada bien elaborada. Mañana sí, lo prometo. Junto con los doscientos pequeños asuntos que tengo que resolver. 

Ah, jueves, ven ya...

domingo, 24 de julio de 2022

Dulce mañana de domingo

 Él es un dormilón y yo me dejo. Y es trágico, porque las mañanas son preciosas. En verano, además, son el único momento que se puede disfrutar. Especialmente ahora que las temperaturas no bajan hasta la madrugada. 

Anoche cenamos con el Estupendo y hoy hemos desayunado con él también. Hemos ido a Bluebell, una cafetería hipster maravillosa que me encanta. He escrito mucho en esa cafetería, se presta mucho a mi afición preferida: a mirar a la gente e imaginarme sus vidas. Es una afición solitaria, pero muy bonita.

Después, aún ebria de triunfo por hablar francés “casi sin acento”, según la camarera, él y yo hemos vuelto al barrio. Él tenía que acabar cosas para el trabajo y yo me he sentado en otra cafetería, a tomar el aire y a imaginarme la vida de la gente. 

Tengo delante a dos mujeres rubias. Por su parecido, diría que hermanas. Toman cerveza, quizá sea su ritual dominguero. Son mayores y preciosas, ambas con gafas de sol y contándose sus cosas. 

Antes tenia al lado una pareja desayunando. Tendrían treinta y pocos, pero se notaba que llevaban tiempo juntos. Viven juntos y seguramente estarán casados. Lo noté en lo automático de sus movimientos. Sin cariño, sin espontaneidad. Hoy desayunamos aquí y luego iremos a ver a tus padres. Admito que me han preocupado, porque desde que salgo con él, veo en cada pareja una profecía, una posibilidad de futuro. Y no quiero que seamos así, que caigamos en la rutina, que nos acostumbremos tanto al otro que no distingamos su presencia de la de la mesilla de noche. 

También me ha dado tiempo a ver un capítulo, el primero de Solo asesinatos en el edificio . Me ha gustado, creo que seguiré viéndola. Steve Martin lo hace muy bien y la trama es curiosa. Durante el capítulo ha sonado Clair de lune, de Debussy. Hacía mucho que no la escuchaba. Es una pieza que me encaja muy bien, dulce y mágica con un toque de melancolía, muy versátil según mi estado de ánimo. 

Cuando ha acabado el capítulo, me he montado una escena de película. He pedido otra bebida. Quería una copa de vino, pero no tenían. Coca-Cola Zero, está bien. Y me he puesto Clair de lune, y he cerrado los ojos. De fondo, la música y las cigarras, y los pájaros y la gente con sus historias de domingo. Y la brisa fresca, y fresca también la bebida. Y el olor de los árboles, la quietud sublime de una mañana perfecta. La dulzura de las mañanas de domingo, la mejor mañana de la semana. 

Él acaba de ayer. Se rompe este hechizo y otro comienza. El de sonreírle para que sonría y me diga lo guapa que soy. Y besarnos. 

sábado, 23 de julio de 2022

El roce de tu piel

Anoche cenamos con Primor y Abracitos, su novio. Fuimos a una pizzería de mi ciudad en la que hay pizzas veganas, Primor llevaba tiempo queriendo llevarme.

Luego fuimos a un concierto de Revólver, un grupo de mi infancia.

Lo pillamos empezado, él estaba cansado y nos íbamos a ir después de la siguiente canción. Deseé entonces que sonase mi preferida. 

Y entonces sonó El roce de tu piel. Y bailamos, torpes. Y le canté, me miró, nos besamos y abrazamos. 

Y es que no hay droga más dura que el amor sin medida. Y es que no hay droga más dura que el roce de su piel. Y es que no hay nada mejor que tener su sabor corriendo por mis venas. Nada mejor. 

viernes, 22 de julio de 2022

El amor es el motivo

Hoy sí estoy preparada para ponerme intensa. Agarraos.

Cuando vi en el desafío de treinta días el tema "escribe sobre el amor", se me cayó el alma a los pies. Por una parte, es un tema del que se ha dicho todo lo que hay que decir, o casi. Por otra parte, el amor, como todas las emociones y gran parte de los conceptos abstractos, se entienden mucho mejor cuando se experimentan. Y lo peor de todo es que ni siquiera sabía por dónde empezar.

En este tipo de entradas, me gusta empezar definiendo el concepto como punto de partida. Otro berenjenal en el que no me apetece meterme. Para mí el amor son muchas cosas, en las que mucha o poca gente puede estar de acuerdo conmigo. ¿Qué es el amor? El amor lo es... todo. El amor es la razón de todo. 

Aquí está mi punto de partida. 

Casi todos los problemas que tiene la gente se deben a la falta de amor. ¿Problemas en el trabajo? No te están cuidando/queriendo, o no estás cuidando/queriendo. ¿Te llevas a matar con alguien de tu familia? Se ha priorizado el orgullo por alguna o ambas partes. Falta amor. ¿Y la inflación? ¿También es falta de amor? SÍ. La falta de amor que nos tenemos todos como especie, como familia conjunta. Yendo a la raíz del problema, si todos los seres humanos nos sintiésemos vistos, aceptados, queridos y cuidados, no necesitaríamos nada más. No necesitaríamos imponernos con la fuerza para sentirnos importantes. No necesitaríamos controlar a los demás, ni crear guerras. 

Cuidarnos entre nosotros, proteger a la gente de nuestra casa, nuestro edificio, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra provincia, nuestro país, nuestro continente, nuestro planeta, nuestro universo. Pensar en el bienestar de una mujer en Irán o un hombre en Reino Unido y priorizar ambos, porque ambos son parte del universo. Esa es la solución para todos los problemas. Y la única que no viviremos para ver.

Es un problema complejo, porque nos afecta a todos, pero la solución pasa por cada individuo del planeta. Cada persona, cada corazoncito que late, con su infancia, sus traumas, su falta de amor interna, ha de ser vista y sentirse aceptada y querida para poder cuidar de sí misma y de los demás. Ni con toda la buena voluntad de la ONU se puede trazar un plan para aplicar esta solución. Solo nos queda, como dijo Voltaire en Cándido, "cuidar de nuestro jardín". A lo que yo añado: "en la medida de lo posible, pensando en lo que también es bueno para el jardín de los demás". 

Pero por muy ambiciosa que sea, no pretendo solucionar el mundo a través de este espacio. Me vuelvo, pues, a mi "jardín", a mi casa, que empieza conmigo. 

Desde hace meses, me siento inmóvil a ciertos niveles. Incluso cuando tenía trabajo. Pasaban los días, hacía lo que tenía que hacer y solo me sentía viva con él. Porque él me ama y porque yo lo amo. Porque somos el motivo del otro. 

"Motivo" viene del latín motivus: "razón que mueve a obrar". El motor inmóvil. El inicio de toda acción. Mi motivo es una persona preciosa a la que quiero mucho. Pero en todo lo demás estoy insatisfecha desde hace tiempo. Inmóvil, a menudo dejando los días pasar. ¿Cómo es posible si tengo amor, si tengo un motivo?

Porque las personas somos complejas. Porque un motivo externo no es suficiente. Porque el movimiento, el crecimiento, la felicidad, comienzan en nuestros latidos ("pulso" en origen significa "empuje"). Ondas en expansión que abrazan todo lo que tocan, hasta deshacerse. Si los latidos no son fuertes en el pecho, no llegarán lejos. 

En otras palabras, me falta amor propio. Ser mi motivo, mi razón para latir. Si eso falla, falla todo. Puede que a corto plazo no, todos conocemos gente que vive abnegada por los demás, o que simplemente "funciona" y "no está mal", pero tampoco bien. Y todo lo que no sea estar bien es una tragedia. Necesario a veces, pero que se debe minimizar. 

Cuidar de uno mismo es una tarea importante, bonita y gratificante, pero puede ser muy difícil a veces. No voy a entrar en detalles. Por eso, quiero empezar poco a poco. Escribir aquí, de hecho, es un pequeño gran acto de amor de mí a mí misma. Llevaba tiempo pensando en si estaría sirviendo de algo... quizá, de no llevar este ritual desde hace un mes, no habría llegado a esta conclusión. Qué más da. 

Lo realmente importante es lo que estoy haciendo. Lo que voy a hacer. Cómo voy a llenar la regadera para mi jardín. Pues... de muchas formas que no voy a detallar. Pero me han entrado ganas de empezar otro proyecto paralelo. Otro blog, quizá en inglés. Todavía le estoy dando vueltas, ya veremos. 

Por lo pronto, voy a ducharme y lavarme el pelo y ponerme diosa. Y a pasar una tarde fabulosa. Conozco bien mi cabeza, sé que seguirá maquinando en segundo plano. Para acabar, os invito a pensaros, a miraros con curiosidad y a analizar si os falta amor. Tanto si falta como si no, os hago esta pregunta: ¿qué podéis hacer para amaros más, amaros mejor? Os leo.

jueves, 21 de julio de 2022

Crítica

El tema del desafío de treinta días es demasiado intenso y no sé cómo abordarlo, así que en vez de eso, voy a hacer una reseña del último libro que he leído: Muerdealmas, de Santiago Álvarez.

Actualmente participo en los dos clubes de lectura en inglés de las bibliotecas de mi ciudad, pero de vez en cuando leemos libros en español. Es el caso de la novela que nos ocupa, ya que habrá un encuentro con el autor en otoño. Y ni siquiera es el primer libro suyo que leemos: Santiago Álvarez vive en Valencia y organiza varios eventos culturales, por lo que resulta sencillo contactar con él. 

La acción transcurre en una aldea remota de provincia de Castellón, donde Abel, el protagonista, se muda con su mujer y su hijo tras haber heredado una casa. Sin embargo, la aldea está dominada por una familia, los Osset, a los que no les gustan los forasteros ni nadie que se interponga en su camino. Y pasan cosas.

Ninguna crítica es objetiva, pero esta todavía lo va a ser menos: no me gusta nada este autor. 

Su primer libro me pareció excesivamente largo y descriptivo, pretencioso, misógino, gordófobo y en general muy mal escrito. De verdad que he intentado leer este libro con optimismo y ganas de verle cosas buenas, no me gusta ser tan criticona y negativa... pero es que no hay por dónde cogerlo. Yo acepto que una novela esté mal escrita si la historia es buena, o que la historia no sea muy interesante si está bien escrita. Este hombre no logra ni lo uno ni lo otro.

Desde este momento puede haber algunos spoilers, pero intentaré limitarlos.

No me gustan los personajes: todos, salvo el protagonista, están mal desarrollados. Y lo del protagonista tampoco es que sea para tirar cohetes. Además, todos los personajes son desagradables y resulta imposible empatizar con ninguno, ni siquiera con el uso del narrador en segunda persona. Sin ser yo ninguna experta y solo por experiencia, sé que este tipo de narrador puede funcionar muy bien. Un buen ejemplo de ello, y que recomiendo, es Actos humanos de Han Kang. Sin embargo, a Santiago Álvarez este recurso le queda grande. 

El argumento podría haber dado para mucho, pero falta profundidad. De nuevo, falta desarrollo. Y no porque la novela sea corta: trescientas veintiséis páginas, que perfectamente se podrían haber quedado en menos, porque las descripciones no pueden ser más redundantes, gráficas e innecesarias. 

Voy a poner dos ejemplos que me han sacado de quicio. Primero, dedica medio párrafo a describir cómo se enciende un cigarrillo un personaje. "Coge el encendedor, lo protege con sus palmas y enciende el cigarrillo". Que a ver... es un recurso estilístico, lo entiendo. Pero me chirría: esa escena no se prestaba a esa recreación. Y luego, todas las escenas de sexo, desagradables y extremadamente gráficas. 

Todos los escritores tienen manías y esquemas narrativos preferidos, pero es alucinante que a este hombre se le pueda sacar el patrón tan rápido: zona pintoresca de la Comunidad Valenciana, caserones antiguos, cartas o manuscritos del pasado, incestos (oh, sí, y violentos, y en los dos libros) y amores imposibles. Todo eso con un señor como protagonista intentando entender o averiguar lo que pasa y pam, ya tenemos el libro escrito. 

Y si fuese una fórmula bien ejecutada, bien escrita y entretenida, no tendría nada en contra. Sencillamente no me gustaría el libro, pero podría apreciarlo. No sería la primera vez. En el club de lectura, casi nunca me gusta lo que leemos, pero tengo que reconocer que casi siempre se trata de libros muy bien escritos. 

Por decir algo positivo, he de admitir que se lee rápido: en tres horas leyendo en diagonal se acaba. Ojalá fuera suficiente para haberme dejado buen sabor de boca. Pero repito: ya venía escarmentada de otro libro suyo, ya iba con prejuicios. Y no me cuesta reconocer que este libro me ha horrorizado menos que el anterior. Pero rara vez un título había sido tan oportuno: he sentido cómo me devoraban el alma y me la masticaban dolorosamente mientras lo leía. 

miércoles, 20 de julio de 2022

Labios de diosa

Igual este no es el mejor momento para escribir esta entrada, ya que la selección femenina está jugando la prórroga contra Inglaterra. No soy nada futbolera, pero me hace ilusión que nuestra selección femenina gane lo que sea. Hasta a las canicas. 

Sin embargo, ya tenía pensado el tema de hoy. Y cumplir con lo que uno planea es uno de los pilares de la civilización. 

A Lisa Eldridge la descubrí, al igual que muchas otras cosas buenas y molonas, a través de Carmen Pacheco en uno de sus blogs. Lisa Eldridge es una maquilladora profesional con más de veinte años de experiencia . Básicamente ha maquillado a medio Hollywood y ha hecho portadas para prácticamente todas las revistas de moda que hay. Además, también es la directora creativa de la línea de maquillaje de Lancôme y tiene un canal de YouTube donde sube tutoriales desde hace años. 

Ese canal es maravilloso. No solo por lo didáctica que es Lisa y lo mucho que se aprende, sino porque es un oasis de paz y tranquilidad en medio de Internet. Como buena británica, tiene un acento y una voz que a mí me relaja más que la valeriana, además de ser muy amable. Hay vídeos en los que realmente parece que Lisa se siente a explicar las cosas como si hablase con sus amigas (uno de mis tutoriales preferidos es este) y por si fuera poco, sus fans son simpatiquísimas y la sección de comentarios está libre de mal rollo. 

En su infinita sabiduría como profesional de la publicidad, Carmen Pacheco ya predijo que Lisa Eldridge acabaría sacando su propia línea de maquillaje. Pero lo que no sabía, o no dijo, fue que Lisa lanzaría su marca con tanta inteligencia. En varias ocasiones, Lisa Eldridge ha dicho que no tiene inversor ni trabaja con ningún gran laboratorio: su línea la financia ella sola. Por esa razón, en vez de lanzar toda una gama de productos, la está creando poco a poco. 

Y empezó con los mejores pintalabios del mundo: los True Velvet Lip Colours

Estos pintalabios son especiales por varias razones.

Las barras están muy pigmentadas: con una pasada los labios están completamente cubiertos de color saturado. El acabado es mate, pero no reseca los labios, lo cual es crucial. 

Los colores son preciosos y favorecen a todo tipo de piel: es verdad que Lisa vende los colores muy bien (leed las descripciones si no me creéis), pero es que además se puede ver cómo quedan en distintos tonos de piel. He de decir que esto es necesario, ya que sus productos no se pueden comprar sus productos en tienda física (bueno... casi nunca) ni se pueden probar previamente.

Pero además, la propia barra es una obra de arte, ya que imita la textura del terciopelo. Ese es el sello distintivo de esta gama y la obsesión de Lisa. Y el packaging es muy elegante y bonito, no lo voy a negar.

Empezó lanzando tres colores en 2018, entre ellos mi color preferido, con el que quiero ser incinerada o enterrada: Velvet Ribbon, el rojo definitivo y perfecto que blanquea los dientes.

Desde entonces ha lanzado muchos más colores de True Velvet y dos gamas más de pintalabios: Luxuriously Lucent, unos colores traslúcidos hidratantes y muy ponibles en verano, y los Insanely Saturated, con colores tan saturados como los Velvet, pero con un acabado menos mate. 

También lanzó  glosses, coloretes, iluminadores y finalmente las sombras líquidas y la base de maquillaje. Y es cuestión de tiempo que saque una máscara de pestañas. Y aunque no hay tienda física fija, sí ha abierto una tienda pop-up en Covent Garden, Londres, en dos ocasiones. De hecho, estará abierta hasta el 4 de septiembre... y no he podido ir. Ni la primera vez ni esta. Quizá la próxima, porque me apetece mucho.

Lisa Eldridge me entusiasma como creadora. Me parece inteligente, preciosa, buena, elegante y muy creativa. Pero además, sus pintalabios se han convertido en la piedra angular de mi maquillaje. Porque me gustan y me favorecen, obviamente. 

Pero sobre todo, porque son mis colores de batalla. Mis armas. Me siento poderosa y preciosa cuando los llevo, me gusto muchísimo mientras me los pongo, sonriendo picarona al espejo, y de algún modo es como si desbloquease mis superpoderes ocultos. 

Paso de ser una mujer normal a convertirme en una diosa. Como somos todas las mujeres. Lisa Eldridge me ha descubierto esa parte de mí que desconocía. Y aunque solo sea por eso, pardiez que seguiré comprando al menos un color por lanzamiento aunque tenga ya pintalabios para los próximos cien años.

martes, 19 de julio de 2022

Fantasías de cine

O qué famosos me gustan. En general soy más de actores que de cantantes o de otro tipo de celebridad, con la excepción de Kevin Richardson, de los Backstreet Boys, que me gustó durante años. Me gustaban mayores, qué puedo decir. 

Si me pongo a enumerarlos, la lista probablemente no se acabaría nunca. Y luego también, ¿con qué criterio los elijo? Todos los de esta lista me parecen atractivos, obviamente, pero es más que eso. La personalidad que proyectan, que me imagino, me gusta. Lógicamente no tengo forma de saber cómo son, pero parecen buena gente. Y por abreviar, lo voy a dejar en los que me han marcado en los últimos años sin ningún orden específico.

Chris Evans es para mí el famoso que lo tiene todo. Juventud, belleza y buenos ideales políticos. El único inconveniente que le veo es que está demasiado musculoso desde que empezó a interpretar al Capitán América, pero aun así sigue siendo mi crush de referencia. 

Ryan Gosling es probablemente el famoso al que más he convocado mentalmente y al que más he mencionado: lo he usado como ejemplo miles de veces en mi clase. Hasta el punto de que algunos alumnos lo mencionaban en las redacciones y me ponían al lado "punto extra", a ver si colaba. Me parece guapo y acorazo, aunque lamento profundamente que la película en la que me enamoró sea El diario de Noah: no hay película romántica más tóxica, os lo digo.

Benedict Cumberbatch es más alien que persona, pero lo adoro. Además, da la impresión de ser exactamente como sus personajes: rápido, ingenioso, ácido y un poco pedante. No me casaría con él, pero me lo pasaría pipa hablando sobre sus personajes, robándole el abrigo para dárselo a mi novio y en general escuchando su maravilloso acento. Británico. Acento británico. ¿Algo más que añadir?

Chris Hemsworth solo lo concibo para una cosa, pero qué bien me lo pasaría con él, ché. También parece muy simpático y divertido, a este me lo llevaría de cervezas y a bailar. Y luego le haría trencitas.

Keanu Reeves es el amor platónico no solo de mí, sino de varios de mis amigos y hasta de mi novio. Hay un restaurante en Valencia al que viene Keanu durante el torneo de motos de Cheste, por lo que cada vez que vamos (porque además es nuestro -mío y de mi novio- restaurante preferido) no perdemos la ilusión de verlo aparecer. Atractivo, con los pies en la tierra, inteligente, adorable... Actúa mal, ¿pero qué más da?

Blake Lively no es solo un crush, es casi un modelo a seguir. Me parece la mujer más guapa del mundo, y no solo por sus rasgos, sino por su mirada y su sonrisa. La veo y sé que es buena persona, dulce y adorable. Y me pasaría horas admirándola y cepillándole el pelo y básicamente haciendo lo que quisiese.

Y terminamos con Anya Taylor-Joy, aunque quizá sería más correcto decir que mi crush  es Beth Harmon, el personaje que interpreta en Gambito de dama. Qué mujer, no he visto una mirada más poderosa en mi vida. Elegante, delicada y muy inteligente. En cuanto a ella... cree en el tarot y en la energía de los cristales. Una pequeña excentricidad, pero nadie es perfecto. 

Aunque a quién quiero engañar. Las estrellas de cine están bien para fantasear, pero... desde hace casi un año mi estrella es otra. Y sin necesidad de fantasear.

lunes, 18 de julio de 2022

El amor en primaria

El tema de hoy es "mi primer amor". Me encanta lo escuetos que son estos temas. ¿Mi primer amor correspondido? ¿Platónico? ¿Quién sabe? No tengo tanta experiencia en este tema, dado que él es mi primer novio. Así que vamos a hablar de amores no correspondidos. Y aunque tengo material para escribir algunas entradas bastante deprimentes, nos piden que hable del primero, que afortunadamente fue el mejor.

El primer chico del que me enamoré fue X, mi compañero de cole en primaria. Le llamo X no porque quiera volver muy enigmático su nombre, sino porque es su inicial. Ya empezando por ahí, X era diferente. 

Aunque íbamos a clase juntos desde tercero de preescolar, no me empezó a interesar hasta primero de primaria. Era un niño muy guapo, con el pelo cortado a tazón y unos lunares muy bonitos. 

Por supuesto, era el príncipe azul de la clase. Todas las niñas querían ser su novia y todos los niños querían jugar como él al fútbol. Vale, estoy segura de que con el tiempo más de uno descubrió su verdadera sexualidad y de hecho, al cabo de unos años la mitad de los chicos no jugaban al fútbol. Pero se me entiende: X era popular.

¿Y cómo no iba a serlo? Era lindo, simpático e inteligente. O todo lo lindo, simpático e inteligente que se puede ser con seis años. O con siete. O con ocho... Vale, abreviaré: estuve pillada por él toda la primaria. 

Pero no nos empezamos a relacionar hasta quinto de primaria. Entonces nos sentaron juntos en un par de ocasiones. Recuerdo que la profe de Conocimiento del Medio se acabó arrepintiendo, porque yo, que en general era tranquila y no habla apenas en clase, empecé a quedarme embobada mirándolo y hablando con él.

Y la verdad, mis intereses no han cambiado tanto. Intercambiábamos libros y cómics de Zipi y Zape, hablábamos de las series del momento (Padres forzosos  y Un chupete para ella)... Por aquellas tuvo lugar la primera edición de Operación Triunfo. Y aunque Talía se estaba comprando los CD de las galas, hubo un par que no se compró. Pues bien, X me grabó mis canciones favoritas en un cassette muy amablemente, ¿se puede ser más bonico? 

Y así nos pasamos quinto de primaria hasta que un día me dijo que a lo mejor se mudaba a Valencia (inciso: yo no soy de Valencia capital). A mí me entraron todos los males de golpe. ¿Ahora que empezábamos a congeniar se iba? Ese día tuvimos una conversación muy profunda y... le acabé diciendo que me gustaba.

Pero no se lo dije así, "me gustas", porque eso habría sido normal. Se lo dije con la frase que le dice Laurie a Jo en Mujercitas, la versión de Winona Rider. Os invito a buscarla en YouTube. Está en inglés, pero os podéis hacer una idea...

Dentro de lo que cabe, la verdad es que no fue tan mal. X fue todo un caballero. Me dijo que, aunque no me correspondía, que era una amiga y que no le parecía una tontería. Lo siento, me estoy riendo mucho recordando la siguiente frase que me dijo: "Ya no somos unos críos como cuando íbamos a segundo". 

En fin. La cuestión es que sus padres se divorciaron y sí se acabó mudando a Valencia, aunque no recuerdo si en sexto o en primero de la ESO. Pero lo eché mucho de menos.

Desde entonces no lo he vuelto a ver. Alguna vez lo he buscado en Google y la verdad es que no he podido averiguar mucho. Pero a veces me pregunto cómo será. Si se habrá convertido en el hombre bueno y amable que fue con diez años. Me gusta pensar que sí. 

Lo que sí tengo claro es que, si me lo vuelvo a encontrar, le recordaré esa frase que me dijo, porque no se puede ser más adorable. Ojalá pudiese viajar como adulta a aquel día a darle un abrazo muy fuerte a ese niño, porque fue más maduro que muchos sujetos que he conocido. Y ojalá haya encontrado una persona que se lo merezca. En cualquier caso, siempre lo recordaré con el cariño dulce e inocente con el que se recuerda al primer amor. Qué intensita que era ya de niña, ché. 

domingo, 17 de julio de 2022

Rebosante de amor

Puede que sea porque tengo un colocón de azúcar importante ahora mismo, pero me siento muy cariñosa y con ganas de abrazar a mimar.

Puede que sea porque él y yo no nos hemos visto casi esta semana y tengo unas ganas locas de agarrarme a él con todas mis fuerzas. 

O porque me tiene que venir la regla pronto. O un efecto secundario de dormir poco. O porque estoy poniéndome al día con The good doctor. Me pongo blandita viendo series y hacía tiempo que no tenía una noche de maratón de episodios. 

Pero estoy muy amorosa precisamente el fin de semana que más sola estoy. ¿Ironía o causalidad? 

¿Es una coincidencia y mala suerte? ¿O la confirmación de que es necesario el contraste con lo negativo para valorar lo positivo?

Igual me arrepiento de confesar esto pero soy… quejica. No, un momento, la presentación lo es todo. Inconformista. Y lo peor es que a veces disfruto siéndolo. ¿Qué clase de adulta se comporta así? 

Llamé a este blog La reconstrucción de Babilonia para recordarme dos cosas.

Que todo lo que ha sido destruido puede construirse de nuevo.

Y que las personas, como las ciudades, nunca estamos terminadas. No hay una inauguración de Madrid, obra concluida tras pavimentar todas las plazas del centro. 

Y no la hubo de mi abuelo… bueno, puede que sí. Vivió como quiso dentro de sus posibilidades y se fue en paz. 

¿Es ese el objetivo? ¿Añadir barrios, reparar baches, actualizar farolas, proteger fachadas, asegurarse de que la ciudad tiene de todo y funciona, cuidar de sus habitantes de la mejor manera posible hasta el momento final? Inauguración y final son un acto simultáneo y breve.

Como una tos. O como una estrella fugaz. Al final, todo depende de la impresión que se deje. 


sábado, 16 de julio de 2022

30 cosas sobre mí

 Oh, sí. Es el tema del día. 

1. Me llamo Cristina, pero casi me llaman Esther

2. Me gusta más Cristina, pero me pega más el significado de Esther 

3. No creo en el horóscopo ni en el tarot, pero soy Virgo, caballo de metal y quito las cartas del Diablo y de la Torre de la baraja

4. Café solo como mi alma. Té verde, blanco o rojo como… ¿la bandera de Italia?

5. Coleccionaba cuadernos y material de papelería 

6. Colecciono pintalabios y libros

7. Me gusta viajar, pero nunca con más de dos personas

8. También me gusta viajar sola

9. Los aeropuertos me ponen nerviosa

10. Soy una gran fan de los hoteles Ibis (entrada no patrocinada)

11. Prefiero ir a cafeterías antes que a museos

12. Me encanta ir descalza

13. Y ducharme con la radio de fondo

14. Sé hacer pan integral, masa de pizza y roscón de reyes. A mano

15. No sé conducir y espero no necesitar montar en bici para salvar mi vida

16. Puedo distinguir la Coca-Cola normal y la light por el olor 

17. No soporto que nadie coja mis llaves sin permiso

18. En general soy desordenada, pero siempre dejo las llaves en su sitio

19. Tengo conversaciones muy interesantes con los bebés 

20. Y también con el café. Y antes, cuando mi sobrino era pequeño, con los plátanos y las lentejas

21. Me cuesta hacer lo que me gusta

22. Me cuesta hacer lo que no me gusta

23. Pero se me da genial hacer lo que creo que me gusta y en realidad no me gusta

24. Hablo seis idiomas y medio. No porque hable uno medio bien, sino porque salvo el castellano y el inglés, los demás domino a medias

25. Los canónigos me han salvado la vida 

26. Odio el color verde, pero me sienta bien

27. Me gusta contar cuentos o historias, leídas o inventadas 

28. Puedo pasarme horas al teléfono con alguien

29. Todavía escribo cartas a mano

30. Quiero vivir hasta los 111 años

Mañana más :)

viernes, 15 de julio de 2022

A mi corazón se llega por el estómago

El tema de hoy es "formas de llegar a mi corazón". Cursi. Mucho. Cualquier día de estos vomito. 

Él me gana de muchas formas distintas, principalmente aceptándome como soy y queriéndome por difícil que se lo ponga. Y con su mirada y su voz. Claro que al principio solo teníamos conversaciones. Sobre libros, viajes, idiomas, comida, más libros, nuestra vida... 

Las buenas conversaciones son una buena forma de conquistarme, desde luego. Pero una apuesta más segura y sencilla es la hospitalidad y la comida. 

Me encanta la gente acogedora que te recibe bien en su casa. Es decir, la que te hace sentir como si estuvieses en la tuya, te ofrece agua o café y quizá algo más. Cuando entrevistaba familias para acoger estudiantes, se ganaban mi visto bueno si pasaban el test del vaso de agua: si ni siquiera son atentos para ofrecerte algo de beber, no lo serán con los estudiantes.

Él y yo gozamos comiendo o cenando en cualquier sitio, principalmente restaurantes indios o italianos. Lo compartimos todo y tenemos reglas no escritas: él come más del principal porque yo como más postre. En alguna ocasión he cocinado para él, con resultados satisfactorios. Y él me reblandeció el corazón un día que lo necesitaba mucho trayéndome empanadillas. Solo con eso. Se había apuntado las que quería probar y me las trajo, aún calentitas, cuando salí de trabajar. Ha hecho muchas cosas bonitas por mí, pero ese detalle me llegó al alma. 

En general soy muy comidista con mis cuatro esposas, pero con la que más lo disfruto es con Jung. Come de todo lo que le permiten sus alergias y le encanta probar distintos tipos de comida. Y esta noche nos hemos ido a nuestro libanés preferido. 

Qué banquete. Hummus, mutabal (untable) de berenjena y de remolacha, falafel, marías, pan, kenafe... Nosotras lo hemos gozado, sí, pero los camareros nos servían con una sonrisa de oreja a oreja. Y lo comprendo perfectamente: es agradable ver a la gente feliz con lo que tú les has ofrecido. 

Como toda experiencia compartida, la comida nos une y nos acerca a los demás. Especialmente cuando hace tiempo que no veo a alguien, cuando escasean las ocasiones para verse y disfrutarse, sentarse un rato a hablar con algo rico es una manera muy efectiva de volver a conectar. Jung y yo necesitábamos ese mutabal

Por si alguien de Valencia siente curiosidad, hemos ido a Nesma, cerca de Blasco Ibáñez. Yo ahí lo dejo.

jueves, 14 de julio de 2022

El Estupendo no cumple años hoy

Pero los cumple mañana, así que nos lo hemos llevado a cenar. Y como no sé si llegaré a tiempo de escribir algo decente, me conformo con esta pequeña actualización.

Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Hasta mañana. 

miércoles, 13 de julio de 2022

Ella bailaba descalza

Ella vivía en un piso precioso con dos balcones que daban a la plaza Trinidad. Era pequeño, pero para ella era un palacio. Su palacio. 

La cocina era vieja y enana, y no tenía horno. Pero se preparó unas croquetas estupendas en ella, y sofrito de arroz para varios días. Le encantaba hacerse café, el ruido de la cafetera al abrirla, llenarla de agua y al subir el café a borbotones. Tenía solo cuatro o cinco tazas; para ella sola, no necesitaba más. Y dependiendo de su humor elegía una u otra. Se llevaba el café al balcón y cotilleaba mientras lo sorbía.

El cuarto de baño era un desastre. La bañera era demasiado pequeña para bañarse y tenía una gotera encima del lavabo que jamás consiguió que le arreglaran. Pero se puso muy guapa ante el espejo, casi todas las mañanas. Le encantaba limpiar el baño y el olor a lejía y a limpieza. 

El dormitorio era su santuario. Tenía todo el maquillaje y los cosméticos en unos estantes empotrados junto al espejo, perfectamente dispuesto para hacer magia. Y la cama era enorme y cómoda, y en ella se sentía más a salvo que en ningún otro lugar del mundo. 

Además, vivía cerquísima del trabajo.

La adoraban en la oficina. Era una oficina pequeña, donde todos se llevaban genial y eran familia. Su jefa compraba dulces para celebrar cualquier acontecimiento, su compañero le dejaba panfletos de los Testigos de Jehová como broma interna. Y los estudiantes la querían mucho; sabían que en ella tenían lo más parecido a una madre que iban a encontrar tan lejos de casa. 

Por las tardes, paseaba mucho. A su ciudad no le faltaban lugares para escuchar música, pasear, tomar un café y desconectar. Su preferido era el paseo de los Tristes, pero también frecuentaba mucho los Basilios. 

Y dos veces a la semana iba a danza del vientre. Se quitaba las zapatillas, se ataba el pañuelo a la cadera y empezaba a bailar. Cuando pataleaba en el suelo, sentía la energía de la tierra subir a través de sus pies, llenándola y nutriéndola. Y cuando movía las caderas y el ombligo, se sentía la mujer más poderosa de la tierra.

Participaba en clubes de lectura, incluso llegó a fundar uno. A veces quedaba para cenar con los pocos amigos que le quedaban ahí. Y estaba sola, muy sola. Y a veces no lo podía soportar. 

Pero se iba a la cama con la certeza de estar haciendo las cosas lo mejor posible, segura de sí misma, fuerte. 

Murió el 13 de marzo de 2020. Y la echo de menos. 

En otro universo sigue ahí, comprando pasteles a Nicolás los domingos, enamorándose de todos los árboles y rincones de su ciudad y bailando descalza en el salón.

martes, 12 de julio de 2022

A Londres o al futuro

¿Adónde huiría ahora mismo si pudiera?

A Londres, un par de meses, hasta que se me acabase el dinero y me acabase contratando Sherlock como informante vagabunda.

O al futuro, si es que ahí él y yo estamos viviendo juntos.

En general, a cualquier parte lo bastante lejos, que siempre es demasiado cerca.


lunes, 11 de julio de 2022

Joyas de plata, perfume francés y pintalabios rojo

Mi estilo está en proceso de construcción, pero en los últimos años he mejorado mucho. 

Me gustan las joyas de plata con piedras semipreciosas. Desde adolescente. Antes mi piedra preferida era la piedra luna, ahora me decanto más por la iolita, el granate y el cuarzo rosa. Me gustan los colgantes y los pendientes, aunque últimamente me he acostumbrado a llevar pulseras y anillo, es divertido tener algo que toquetear. Algunas de mis joyas hacen que me sienta como una princesa y admito que en algún momento me gustaría tener una tiara como la reina que soy.

El año pasado me aficioné a los perfumes y tengo varios favoritos, pero mi preferido, desde que se lo olí a Mejku, es Coco Mademoiselle de Chanel. Carísimo, lo reservo para las ocasiones especiales. También uso Girl of Now, La vie est belle - L'éclat y en un futuro quiero añadir Libre a la colección. 

Me encanta el maquillaje desde que le robaba los potingues a MacGyver. Ella fue la que me compró mis primeras cositas: una sombra y un brillo de Yves Rocher. Con el tiempo mi colección se ha hecho enorme, pero lo que más me gustan son los pintalabios. Y mi color es el rojo, concretamente este*. 

Todo esto lo hago para mí, que conste, porque a él le importan un pimiento mis joyas y mi maquillaje, y no tiene ni pizca de olfato para apreciar el perfume. Lo que sí le gusta es mi ropa.

Después de una adolescencia intensita de ropa negra y aburrida, en algún momento empecé a abrazar los colores. Me gusta vestir de Desigual porque fue la primera marca en hacer ropa bonita de mi talla. Con el tiempo, más marcas han empezado a hacer cosas chulas y yo me he acercado más a su rango, así que ahora básicamente intento llevar vestido y falda siempre que puedo, azules, rojos y negros (aunque uno de mis vestidos preferidos es amarillo) y en general prendas que me den una figura de reloj de arena. Clásica, pero divertida y desenfadada a la vez. 

Al final el estilo es cuestión de actitud. Y mi estilo, en mis mejores momentos, es de Diva Divina, de Reina del Universo, de Princesa Heredera, de Hechicera Todopoderosa. 

Pero, ay, lo que cuesta mantenerlo...



*De la adicción que tengo a estos pintalabios hablaré en otra ocasión.

domingo, 10 de julio de 2022

Un ejemplo muy tonto

Estando hoy por Valencia he visto un libro que me ha llamado la atención, Contra la igualdad de oportunidades. Es un tema del que se habla mucho, pero que resulta fácil ignorar en la práctica. ¿Por qué estaría alguien en contra de la igualdad de oportunidades? Porque hay gente que lo tiene más fácil, y resulta más conveniente dar a cada persona lo que necesita. 

No he leído el libro, ni creo que lo haga, pero espero que en alguna sección se diga que todo el mundo necesita algo. 

En cualquier caso, había dejado ese tema en la recámara de mi subconsciente hasta esta tarde, mientras volvíamos a casa. Es un ejemplo muy tonto, pero creo que ilustra bastante bien la tesis de ese libro.

Hacía mucho calor, y mucho sol. La única forma que teníamos él y yo de ir por la sombra es ir en fila india. No quería quedarme atrás, así que decidí seguirle el ritmo: caminaba exactamente a la misma velocidad, como dos soldados de la guardia británica. Uno, dos, uno, dos. Pero en vez de mantener la distancia, yo cada vez me quedaba más lejos.

Ah, sí, no lo había mencionado: mi novio es unos doce centímetros más alto que yo. 

Los dos hacíamos el mismo esfuerzo para mantener ese ritmo, un ritmo bastante sosegado, pero no íbamos a la misma velocidad. Porque sus zancadas son, inevitablemente y por naturaleza, más largas que las mías. 

Igualdad de oportunidades sería que a ambos se nos pidiese recorrer esa calle y se recompensase al más rápido, sin importar nada más. Pero no sería equitativo, ya que invirtiendo el mismo esfuerzo, él parte con ventaja. Yo tendría que esforzarme más para ganar. 

Trasladado a un ejemplo más realista, seguro que salen doscientos argumentos. El primero sería que bueno, que yo podría ser más rápida si en vez de andar corriese. Y sería verdad... hasta que él decidiera correr. Y si Usain Bolt se uniese a la competición, nos ganaría a los dos incluso dándonos unos segundos de ventaja. Daría igual cuánto nos esforzásemos los dos: simplemente, Bolt lo tendría más fácil.

Es difícil dar a cada persona lo que necesita para competir. Dependiendo del caso, habrá quien se pregunte si es siquiera necesario. No pretendo saberlo todo, habría que estudiar cada situación. Pero en general, considero que sí. Es necesario que todos podamos llegar al final de la calle, sea como sea. 

sábado, 9 de julio de 2022

Series desaparecidas: Joan de Arcadia

El problema a la hora de escribir de series, películas o libros es siempre el mismo: es imposible seguir las modas. En general no me importa, pero también me gusta hablar de las cosas que interesan a la gente y se me hace difícil en ocasiones. No he visto Stranger things, Juego de Tronos ni un montón de series más que están de moda. Aún estoy poniéndome el día con las pelis de Marvel y en general leo cosas bastante variadas. 

Además, tampoco tengo una serie favorita. ¿Qué quieres de mí, desafío de 30 días? Supongo que la respuesta obvia es Friends, de la que ya se ha dicho todo. Me confieso una gran fan de las series "good": The good wife, The good fight, The good place y The good doctor. Sobre las tres primeras podéis encontrar lo que opino en palabras de César Mallorquí aquí y aquí. La cuarta la he acabado dejando de lado, para frustración de Talía, que se enganchó por mi culpa. La retomaré, lo prometo.

Ya que no tengo ninguna posibilidad, así pues, de escribir sobre alguna serie mínimamente actual, he decidido escribir sobre la tragedia de no encontrar un material de ficción que deseas. No exagero: la deseo. Me compraría todas las temporadas de la serie que nos va a ocupar. O esas películas que no dejo de buscar en Google. O esa obra de teatro. Esas obras discretas, pero que a mí me han impactado muchísimo y que me encantaría poder volver a disfrutar. Pero no hay manera, al menos no legal. Y la ilegal no es mucho mejor, porque la calidad es deplorable.

Hablemos de vida, muerte, dolor, cambio, transformación, hacerse mayor, religión y Dios. Hablemos de Joan de Arcadia (vale, repasando los archivos del blog, he visto que ya había hablado alguna vez de esta serie, pero da igual).

Joan es una chica de 16 años normal y corriente que vive con sus padres y sus dos hermanos. Pero un día, se le aparece alguien diciendo que es Dios y pidiéndole que haga cosas. Y pasan cosas. En general, todo lo que hace Joan tiene un impacto en la gente a su alrededor. A veces pequeño, otras más grande. Pero viene a demostrar que toda pequeña acción puede ser el impulso que genere un cambio mayor e importante en el mundo.

Me gustan mucho los personajes. Joan no es perfecta para nada: no es una estudiante brillante, no es abnegada ni sacrificada y se queja muchísimo cada vez que Dios le pide algo. Es maravillosamente humana y bonita. Luke, su hermano pequeño, fue mi crush mucho tiempo, es un personajito adorable. Grace es compleja y el primer capítulo en el que es importante, el del ajedrez, es una pasada. Y las apariciones de Dios son fantásticas. A veces como una enfermera, otras una niña, un fontanero, un mimo, una profesora... Sin reconocer ninguna religión como verdadera. Sin responder las preguntas de Joan, pero enfrentándolas. 

Pero lo que más me gusta de esta serie es que es un manual de filosofía y ética fabuloso para los más jóvenes. Se puede hablar de justicia, moral, el bien y el mal, acciones y consecuencias, de todo. Y en un formato amable, con personajes encantadores e historias cotidianas. Bueno, quizá más cotidianas para el público estadounidense que para el nuestro. Qué se le va a hacer.

La retransmitían en Cosmopolitan allá por 2007, pero ahora no hay manera de encontrarla. Creo que todavía está en algún canal de YouTube, con una calidad pésima. Y me enfada. Me enfada que la cancelaran después de dos temporadas, que nadie la recuerde y que ahora nadie pueda verla. Y que solo esté a la venta en inglés sin subtítulos. Arghhrghr. ¿Hay alguna serie que echéis de menos?

P.D.: Por fin he encontrado la manera de responder a los comentarios. Wiiiiiii!

viernes, 8 de julio de 2022

Para leer este verano

Y el tema de hoy es... Mi libro favorito. En serio, ¿quién creó ese desafío de 30 días de escritura? Qué intensidad, qué hartura. Mi familia, la felicidad, mis amigos, películas, libros... Pero sigue siendo entretenido, así que no debería quejarme tanto.

Como cualquier persona que haya leído más de cien libros, no tengo uno preferido, sino varios. Y dado que sería tremendamente injusto reducirlos a una lista, he decidido hacer una pequeña selección de cuatro libros que me han marcado mucho en los últimos tres años. Quizá alguno os sirva de inspiración para leer este verano, así que... ¡a ello!

Empezaremos por Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman. Lo leí para un club de lectura en 2019 y me encantó: lo tiene todo. Buenos personajes, escrito (y bien escrito) en primera persona, con humor, misterio, drama, un toque de romance... Va de una chica que tiene un trabajo aburrido, come todos los días lo mismo y todos los viernes se compra dos botellas de vodka para beber durante el fin de semana. Y está perfectamente, ¿o quizá no? Hay que leerlo para entenderlo. Además de ser una historia preciosa, se convirtió en el libro favorito de MacGyver cuando le insistí para que lo leyera. La única pega que le encuentro es que es difícil de catalogar. Y como está escrito y protagonizado por una mujer, y parte de la trama se centra alrededor de un chico, lo suelen colocar con los libros "para chicas", lo que significa que hay muchos hombres ahí fuera perdiéndose una historia fantástica. Por otra parte, sospecho que esta novela es el ascenso y la caída de Gail Honeyman. Este es su primer libro y ya ha firmado un contrato para publicar su segunda novela. Eleanor se publicó en 2017 y todavía no hay fecha para su segundo libro... ni creo que la haya. Por bien que lo haga, es muy difícil que consiga el mismo éxito que el primero. Y la presión por volver a escribir la gallina de los huevos de oro nos va a dejar sin libro. Pero nos queda Eleanor. Y como lectura de verano, la encuentro exquisita.

Seguimos con la única obra de no ficción de esta lista, un ensayo: La resistencia íntima, de Josep Maria Esquirol. Este ensayo me lo recomendó Max, de la librería Agapea de Granada, el día del libro de 2019. Me mostré escéptica, porque no suelo leer ensayo, pero qué equivocada estaba. Este libro es maravilloso, es un abrazo calentito al alma y una llamada a vivir una vida plena dentro de la sencillez de lo cotidiano. Un bálsamo. Y si ya me encantó (y lo subrayé) en su momento, volví a hojearlo durante estos meses tras la pandemia y sigue estando de rabiosa actualidad. Porque nos hemos perdido con tanta interconectividad. Porque lo que necesitamos es amor, en grandes dosis, todos los días. No sé si es la mejor lectura para el verano, pero sí lo es para primavera u otoño. Recomiendo leerlo con calma y un lápiz, listo para degustar las páginas poco a poco y tomar notas en los márgenes.

Iban a ser cuatro libros, hasta que me han venido a la cabeza dos más: El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers, y La novena casa, de Leigh Bardugo. El primero es una fantástica novela de ciencia ficción movida por los personajes, de muchas y diversas especies alienígenas, y su desarrollo. La jerga espacial me tira un poco para atrás, pero es una novela fascinante, divertida y distinta. Muy para el verano. En cuanto a la segunda, me salvó la vida cuando se declaró el estado de alarma. Cuando el mundo exterior daba miedo (casi siempre), las páginas de ese libro fueron mi refugio. Y la historia mola cantidad, a quién quiero engañar. Sociedades secretas, magia, fantasmas, y un personaje masculino adorable que será mi crush hasta que se publique el resto de la saga. Esa es la única pega que le pongo: va a haber más y todavía no tenemos ni la segunda publicada. Pero con todo, vale mucho la pena. 

Entramos de lleno en 2022 con los dos últimos. Leí El último juego, de J. D. Barker, en lo que tardé en ir y volver a Barcelona en tren. Es una novela negra alucinante, una mezcla perfecta entre Jungla de Cristal 1 y Jungla de Cristal: La venganza. La acción no para ni un segundo para tomar aliento: desde que la locutora de radio Jordan Briggs accede a un juego que le propone uno de sus oyentes, los acontecimientos se desarrollan uno detrás de otro hasta llegar al final, como las fichas de un dominó. Mola.Cantidad.Deverdad. Este libro no es mi estilo, pero está bien escrito y es que hasta te hace pensar. Además, gracias al club de lectura, conocimos al autor y hasta comimos con él (ver a un señor autor estadounidense levantar una paella y posar para foto es el paradigma de la vergüenza ajena turística, pero esa es otra historia). J. D. reconoce que es famoso por escribir "palomitas literarias" y le parece estupendo, admite que no pretende hacer arte. Bueno, retomando las palabras de César Mallorquí, lo que él y J. D. hacen es artesanía. Y hay arte en la artesanía. Porque en la sencillez de ofrecer una buena historia, sin pretensiones, hay más belleza y talento de lo que parece. Esta sí que es lectura de playa/piscina 100% garantizada. Sacadla de la biblio y gozad.

Y terminamos con la obra maestra. Cuando estuve en Barcelona con él, fuimos a una librería estupenda, Barra llibre, antes de coger el tren de vuelta. Es mi costumbre pedir a los libreros que me recomienden lecturas por el día del libro, y la librera me recomendó un libro que la había enamorado, a ella, cuyo libro preferido es Cien años de soledad. Me picó la curiosidad y lo compré, pese a que no me gusta leer en catalán: Canto jo i la muntanya balla, de Irene Solà. Este libro es una joya. De principio a fin. El vocabulario, los relatos encadenados y la capacidad asombrosa de esta mujer para meterte en la piel de la tormenta, de un cervatillo, de unas setas (en serio). Es sublime, de una belleza dolorosa y arrebatadora. Recomiendo su lectura, y si es posible, la recomiendo en catalán. De nuevo, no soy nada fan del idioma, pero en este caso es necesario. Hay pasajes del libro que están en castellano, y se pierde parte del sentido de la obra si se lee entera así. Aunque por supuesto, si no se puede leer en catalán, mejor leerla en castellano que no leerla en absoluto. Algún día ojearé por diversión las traducciones de este libro, porque no es nada fácil trasladar esa belleza a otro idioma sin perderla. 

Y por hoy ya me he enrollado demasiado. Mañana más. 

jueves, 7 de julio de 2022

Hermanas

Yo soy la jovencísima (en el sentido de ser la más joven, porque desde que cumplí 30 me siento para el arrastre) de tres hermanas. El bebé Kinder: tras ocho años sin niños, fui toda una sorpresa. Por suerte, a mis hermanas les hacía mucha ilusión tener una muñeca de carne y hueso, así que fui una niña muy celebrada y querida. 

Mis hermanas se llevan tres años y son muy distintas. 

MacGyver recibió la educación clásica de hermana mayor, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Es buena en situaciones de crisis, muy autosuficiente y la más creativa y resolutiva de las tres. Hasta la llegada del DVD, era ella la que programaba el VHS y en general la que sabía utilizar las máquinas. De pequeña, me enseñó a silbar y jugábamos a adivinar la canción que silbaba la otra en un vano esfuerzo por que me durmiera. También me enseñó las capitales de Europa a base de técnicas mnemotécnicas: Suecia "Esto es el colmo", Grecia "Antenas", y un largo etcétera. Por su culpa empezaron a interesarme la cosmética y el maquillaje: de pequeña le robaba las cremas. Le encantan las pelis y las series, y tenemos mucho imaginario compartido. También le chifla viajar y los idiomas. A grandes rasgos, MacGyver y yo nos parecemos bastante y nos entendemos bien, y desde que está en Suiza, la echo mucho de menos.

Talía es un terremoto y lo ha sido siempre. La más sociable y extrovertida, de pequeña tocaba el saxofón en la banda (razón por la cual acabé aficionándome a la música de Semana Santa). Cuando yo era muy pequeña, ella intentaba dormirme acariciándome la cabecita, pero se quedaba dormida ella mientras yo me levantaba y me iba por el pasillo cual patito. Años después, le contaba cuentos y me metía con ella en la cama para que durmiese calentita. Me gastó muchas bromas de pequeña, desde hacerse la muerta hasta hacerme creer que teníamos nueve dedos (nunca me lo creí, pero me enfadaba muchísimo). Y como lo de tenerme de alumna se ve que les molaba a las dos, a veces me explicaba las lecciones de historia. Le encanta el teatro y la literatura, y en más de una ocasión hemos ido a ver alguna obra. Por desgracia, desde que es madre tiene mucho menos tiempo para dedicarse a sus pasiones, pero de vez en cuando seguimos teniendo alguna charla interesante con un café delante. 

La verdad es que las tres no tenemos demasiado en común. Nos gusta comer, nos encanta Friends y siempre nos quedamos embobadas con el baile final de Dirty Dancing. Y podemos ser muy testarudas cuando nos lo proponemos. Y adoramos a mi sobrino. Aparte de eso, como suele pasar entre hermanos, las tres hemos tenido una vida muy distinta. ¿Nos llevamos bien? No siempre, pero lo intentamos Es complicado... 

Pero no me imagino mi vida sin ellas. Es curioso. Nuestra relación puede ser horrible y atravesar baches, pero son los primeros testigos de mi paso por este mundo y las que mejor entienden mi relación con mi madre. Todo el mundo debería tener a alguien así. Por eso, me da pena que mi sobrino no tenga hermanos. ¿Con quién se va a quejar de sus padres? Conmigo, seguramente. Pero no es lo mismo. Porque Talía será como será, pero... me enseñó la Revolución Industrial antes de empezar la secundaria. Y eso no tiene precio.

miércoles, 6 de julio de 2022

La historia de mis cuatro esposas

Ahora que ya estoy recuperada de la hernia, a mi pie le ha parecido una buena idea hacer que se me clavasen las uñas para seguir manteniéndome coja. Me aburro. Podría leer, podría estudiar, podría retomar el tapiz de punto de cruz que empecé a los doce años. Qué narices, podría amasar pan. Pero no me apetece hacer nada de eso. Escribir aquí se está convirtiendo en mi puerta en medio del Atlántico. Menos mal que no está Leonardo Dicaprio por aquí. 

Hoy toca hablar de mi mejor amigo. Mi mejor amigo es él. Pero en el desafío de los 30 días, y en el futuro, habrá mil oportunidades para presumir de mi novio. Por eso, hoy voy a hablar de sus predecesoras, mis esposas, guardianas de mi historia, compañeras de batalla, cómplices y catalizadores de luz: mis cuatro mejores amigas. 

La primera, Carrie, fue compañera de pasillo en la residencia en primero de carrera. En un edificio de adolescentes pizpiretas y felices, Carrie y yo éramos los bichos raros. Nos conocimos y con nuestros más y nuestros menos, nos hicimos mejores amigas. Carrie guarda la escritura, la literatura, los cómics, la que más empatiza con mi lado cobarde y a la que acudo cuando pienso en volver a escribir. En un universo paralelo, somos ricas y tenemos una librería-cafetería-centro cultural. O en este, si alguna vez nos tocara la lotería. Nos gustan las tartas, los libros, el té y los gatos, y ver Jungla de Cristal y La Roca cuando tenemos mal de amores. No nos gustan las novatadas ni la gente que presume de decir todo lo que piensa.

John, la segunda, iba a mi clase de Italiano en primero y luego coincidimos en más asignaturas. Pero no nos hicimos amigas hasta tercero, ya ni recuerdo en qué asignatura. Lo que sí recuerdo es que aquel año fue el primero que vimos Eurovision juntas y desde entonces no hemos fallado ni un año, aunque sea a distancia. En cuarto de carrera nos fuimos a vivir juntas... qué año. Limpiamos usando la escoba como guitarra, estudiamos polaco, cocinamos, salimos de fiesta y hasta organizamos quedadas en nuestro piso antes de ir al Camborio. John guarda mi lado fiestero y divertido, y los mejores recuerdos de la carrera. También, uno de los mejores viajes que he hecho: ir a Lisboa para ver el ensayo de la final de Eurovision en 2018. Nos gusta la pizza, la pasta, viajar, bailar hasta tarde y nuestra profesora de Traductología. No nos gusta el reguetón ni la estupidez humana.

Primor y yo íbamos juntas al cole, pero no nos enamoramos hasta que volví a Valencia después de romperme el brazo, a los 26. Por haber compartido la infancia, en cierto modo es con la que tengo más camaradería y ante la que menos me tengo que explicar: ella vivió lo mismo que yo. Un poco como los veteranos de guerra. Artista preciosa, además de ser guardiana de mis primeros años, también lo es del maquillaje y la cosmética. Hace años trabajamos en un proyecto juntas, ella ilustró uno de mis cuentos. El cuento no era bueno (he escrito cosas mejores), pero sus ilustraciones son una belleza, y fue un proyecto que nos unió mucho. Nos gusta comer, en general, los gatos, el café, la cosmética, y pasarnos las horas muertas en una cafetería dibujando y escribiendo juntas. No nos gusta el machismo ni la mayoría de nuestros compañeros de colegio. 

De Jung hablé un poquito el otro día. También fuimos amigas de pequeñas, y nos tiramos varios veranos buceando en la playa de Cullera buscando conchitas. Todavía las conserva. Y no he jugado con nadie a las Barbies como con ella. Ya de mayores, aunque tardamos un tiempo en ubicarnos, nos dimos cuenta de que somos muy compatibles y nos enamoramos locamente. Creo que es posible querer a alguien sin entenderle, pero si le entiendes, hay magia. Jung y yo nos entendemos a la perfección. Es la culpable de que me esté sacando un master en restaurantes indios y de que me haya vuelto adicta a la crema de cacahuete. Nos gusta el arte, el vino, las pelis, y hablar de lo humano y lo divino. No nos gusta el Sistema, inc.

Podría llamarlas amigas, sin más. Pero las llamo esposas porque de alguna manera u otra guardan mi alma, me he vertido en ellas, y si me muriese mañana, me iría con la certeza de haber dejado huella de forma auténtica al menos en ellas cuatro. Enterraría cadáveres y cogería vuelos por las cuatro, y sé que harían lo mismo. También, probablemente, por la novela La mujer justa, de Sándor Márai, que comparto con Carrie. Fue ella quien, meses más tarde, me dedicó un libro diciéndome "para mi mujer justa". Yo soy la suya y ella la mía. Ídem con las otras tres.

Ojalá llegue el día en el que se encuentren las cuatro. No sabré dónde meterme, porque se liarán a contar historias vergonzosas de mí, pero será bonito. Algún día.

martes, 5 de julio de 2022

Ser feliz es crecer

Me flipa la etimología. A veces, el significado original de una palabra no guarda mucha relación con el significado actual. Pero otras, otras me asombran los ancestros de nuestras palabras actuales. No solo porque las palabras guardan unas historias fascinantes, sino por la extraña conexión que aún tenemos con el pasado. Y también, porque la etimología me ha resuelto esta entrada. 

El tema de hoy es la felicidad: toca ponernos intensitos. 

La palabra felicidad viene de felicitas, que a su vez viene de felix, felicis: fértil, fecundo. Pero claro, ¿qué entendemos por felicidad?

Lo que la mayoría pensamos cuando hablamos de la felicidad es una emoción radiante que nos invade y nos hace sentir muy bien. Alegría, básicamente. Es una emoción preciosa, pero no es duradera: nos pongamos como nos pongamos, es imposible estar alegre todo el tiempo, salvo que seas Ned Flanders.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando pensamos en una vida feliz? En mi diccionario particular, siempre he explicado la felicidad como la satisfacción vital. Sentirse realizado como persona y satisfecho en todos los sentidos. Estar contento con la vida que se tiene.

¿Qué tiene que ver, entonces, lo fértil y lo fecundo con todo esto?

Antes he relacionado la felicidad con la alegría. Alegría, que viene de alicer: vivo y animado. Es decir, que en la alegría y en la felicidad se haya la vida y la capacidad de reproducirse y crecer (fertilidad). Y no me sorprende en absoluto. ¿Hay una emoción que nos haga sentir más activos o vivos? 

Pero si me paro a pensarlo, también puedo relacionar esta emoción con la satisfacción vital y duradera de la que hablaba. Satisfacción viene de satisfactio: acción y efecto de hacer lo necesario. Así dicho parece muy fácil, pero no lo es en absoluto. 

Conocerse uno mismo, tomar decisiones para crear una vida en la que nuestras necesidades físicas, emocionales y sociales estén cubiertas, y tener la determinación de trabajar cada día para mantener esa vida, ese estado de satisfacción, no es fácil ni estático. Ese conocimiento y esa creación han sido una gestación, y la vida resultante, un parto. 

Pero la vida es cambiante: cada día es una nueva aventura, un nuevo desafío. Sentirse satisfecho todos los días conlleva saber adaptarse, realizar los cambios necesarios y actuar. Crecer. O, como mínimo, ser tierra fértil y fecunda donde puedan germinar nuevas ideas, vivas y animadas. 

¿No es una fantasía de palabra?

A veces me siento estúpida (en su significado actual de "tonta", y en el original de "estupefacta") escribiendo estas cosas, como si supiese de lo que estoy hablando, cuando ni siquiera sé el tipo de vida que quiero tener. Pero estoy viva. Y soy capaz de sentir alegría. Y de crecer. Puede que mi satisfacción esté lejos, pero al menos sé que es posible.

lunes, 4 de julio de 2022

El poder de la música

Esta entrada va a ser un poco distinta, una mezcla entre un homenaje al stream of consciousness de Virginia Woolf* y un experimento mental. Pero para eso tengo que empezar por el principio, que no es más que cualquier parte que decida contar primero.

Esta tarde he tomado café con Jung. Jung es mi cuarta esposa, psicoanalista y probablemente la persona que más me conoce en este mundo. Llevábamos desde antes de mi operación sin vernos, por lo que hemos aprovechado para ponernos al día. Su vida, la mía y lo mucho que nos echamos de menos con una botella de Duque de Nardos, un bol de palomitas y una peli. Porque ver pelis sola mola, pero verlas con Jung es mejor. 

El tiempo con Jung siempre se queda corto, así que volviendo a casa me he entristecido un poco. En parte por echarla de menos, en parte por el calor y en parte porque me apetecía tarta San Marcos. Pero sin la ausencia, no querría tanto a Jung. Sin el calor, no apreciaría el invierno (y viceversa). Y si tomara tarta San Marcos a diario, dejaría de ser especial. Aristóteles tenía razón al decir que en el término medio está la virtud, pero se explicó muy mal. Más bien, el término medio es necesario para vivir con todas las letras. Para no cansarse, para no ser esclavo de las novedades. Que el placer sea efímero aumenta su disfrute; una puesta de sol perpetua al cabo de un día resultaría aburrida e innecesaria.

Pero saber todo esto no me ha hecho más breve la tristeza. 

El tema de hoy es el poder de la música, y me aburre. Me aburre por cliché, porque no creo que pueda aportar nada nuevo a la conversación. Todos sabemos, de forma intuitiva, que la música es una máquina del tiempo, que guarda recuerdos muy vívidos y que puede cambiar nuestro estado de ánimo. Puedo escribirlo más bonito y barroco, pero ese es el mensaje. 

En busca de inspiración, me he puesto música en Spotify; concretamente, la lista Parte de mi universo. La creé a finales de 2019 para el primer chico con el que me acosté, el Holandés, cuando quería que fuese algo más y me conociese a través de mis canciones. Desde entonces, he añadido bastantes canciones más, cada una con su historia. 

Pensé que quizá alguna sería lo bastante poderosa para inspirarme una historia, y en parte así es: podría escribir largo y tendido sobre lo especial que es la que está sonando ahora, Molitva, la de veces que se la he cantado a bebés para dormir, y lo mucho que me gusta el idioma serbio. Pero me quedaría corta. Trágicamente, hay cosas que no se pueden describir con palabras: hay que sentirlas. 

Y doblemente trágico me parece, aunque también hermoso, no poder transmitirle a nadie exactamente lo que siento cuando escucho mis canciones. Por una parte, es una parte de mí que jamás podré compartir. Por otra parte, esas sensaciones son solo mías: nadie, por muchas cosas que pasen, podrá quitármelas jamás. 

Pero hay que tener cuidado para no "grabar" recuerdos encima de canciones que ya nos gustan, no sea que se nos estropee la canción para siempre. Aunque a menudo, si son recuerdos asociados con una persona, es esa misma persona quien nos fastidia la canción. Dance monkey es el ejemplo más claro que se me ocurre: era la canción del Holandés. Me encantó hasta que me rompió el corazón y desde entonces no puedo escucharla.

Llevo ya un ratito escribiendo todo esto y escuchando mis canciones, y me siento estupendamente. Es maravilloso: mis canciones me contienen. Contienen piezas de mi puzzle, versiones de mí, que me gustan, con las que me identifico, y que me sanan. Sin ser un pensamiento especialmente rompedor ni novedoso, creo que esto es todo lo que tengo que aportar a este tema. Vivir en el pasado es peligroso, salvo si lo haces con música: el viaje dura poco y siempre te llevas un buen souvenir. 

*ella, flipándose un rato

domingo, 3 de julio de 2022

Películas para mí sola

El tema de hoy era hablar sobre mi película favorita. En la anterior vida de este blog hablé de una de ellas, La ventana de enfrente. Las otras dos serían Más extraño que la ficción, de la que creo que también escribí, y Bajo el sol de la Toscana, la más comercial de las tres. Cualquiera que pase tiempo conmigo acaba sufriendo tener que ver una de estas tres películas, o las tres. A él solo le falta la tercera, creo, y me la reservo para la próxima vez que vayamos a Italia.

Así que, en vez de hablar de las películas que me encantan en público, he pensado en mencionar algunas de las que veo en privado. Películas que he visto varias veces, que utilizo de ruido de fondo y que me hacen sentir bien, pero que no considero tan buenas para recomendarlas, o que simplemente me da vergüenza compartir.

Empezamos con Una buena receta, de Bradley Cooper. Un chef drogadicto busca redimirse y ganar la tercera estrella Michelin, y pasan cosas. Es una película sencilla, con un esquema muy clásico de viaje del héroe y un final reconfortante. Y tiene a Emma Thompson, por favor: solo por su acento ya me compensa verla. Pero a esta película le fallan dos cosas muy importantes: el tono y el ritmo. No termina de decidirse entre peli seria, drama y comedia, a ratos casi parece un documental, y me falta un poco de calor, un poco de química. Aun así, si de vez en cuando el cuerpo me pide verla.

Seguimos con Brittany corre una maratón. Esta película fue lo único que vi en bucle durante dos semanas antes de mudarme de Granada en agosto de 2020. Me encanta. Una chica cuya vida es un desastre que poco a poco realiza cambios hasta encauzarse. De nuevo, viaje del héroe. Me gusta lo cercana y actual que es, me creo a todos los personajes y empatizo con la mayoría, y es una de las razones por las que me gustaría empezar a correr cuando me recupere de la hernia. Porque correr es como volar.

Para acabar, dejo dos que sí he visto con gente, pero que disfruto muchísimo más en privado: Larry Crowne: nunca es tarde y El becario. Ambas hablan de hombres que cambian de etapa. La primera, un hombre de mediana edad al que han despedido y la segunda, de un jubilado al que contratan como becario en una start-up.  Cuando siento que nunca llegaré a nada, me sienta especialmente bien ver la primera. La segunda, cuando pienso que emprender puede ser divertido. Luego tengo que recordarme que es una película.

Estas cuatro películas me encantan porque (casi) todos los personajes son buenas personas y porque los conflictos vienen de la vida misma más que de un villano cruel y despiadado. No tengo nada en contra de las películas de acción, de aventura o de superhéroes; es más, me gustan mucho. Pero estas películas, dentro de su aparente sencillez, me hacen reflexionar a la vez que me reconfortan. 

Al fin y al cabo, las películas son cuentos. Y los cuentos a menudo tienen un mensaje que nos hacen sentir mejor. Así soy yo: una niña pequeña y básica volviendo a las ficciones que conoce para reunir valor y segur adelante. ¿Hay alguna otra peli de estas características que tenga que ver? 


sábado, 2 de julio de 2022

Martha Stewart ha sobrevivido

El cumpleaños de Talía se ha celebrado sin incidentes. Nos hemos comido su cara en una tarta, hemos hecho muchas pizzas y en general ha estado bien.

Él y yo procedemos a pasar una agradable velada de series y mimos. Lo que haga falta para cuidar al perrete de Talía…

viernes, 1 de julio de 2022

Soltera y feliz

Desde hace once meses estoy en una relación preciosa y satisfactoria, y me encanta. Me encanta (casi) todo lo que implica. Ahora mismo lo tengo a él haciendo sus cosas y tengo que contener las ganas de comérmelo a besos. Y estar enamorada es una sensación muy bonita.

Pero también he disfrutado muchísimo de mi soltería. Estar sola tiene muchísimas ventajas (y otros tantos inconvenientes), algunas de las cuales confieso que echo de menos. 

Aunque en mi caso, no se trata solo de estar soltera, sino de vivir sola. Ser dueña y señora de mi piso, abrir y cerrar la puerta a quien quisiera, ser mi propio hogar. 

Una de mis sensaciones preferidas en todos mis pisos es la de volver a casa después de trabajar, cerrar la puerta, respirar y quitarme los zapatos. Sentirme en casa. Poner la música o la serie que me gusta. Escucharme cuando quisiera. Y si me aburría, salir sin darle explicaciones a nadie. 

Me encantaba pasear los sábados por la mañana en Granada. Primero dejaba la ropa tendida para que se secara. Luego, salía a dar una vuelta y tomarme un café. A menudo me compraba flores o un pastel, o ambas cosas. Y volvía, y el piso olía de maravilla a suavizante. Después me ponía a cocinar, veía una peli, guardaba la ropa... Rituales sencillos que hacían que me sintiese segura, satisfecha y feliz. 

Ahora vivo con mis padres y en algún momento de este año me mudaré con él. Y me muero de ganas: será una experiencia completamente nueva y maravillosa, que por supuesto documentaré aquí de una manera u otra. Mis días de soltería, azules y dorados, con olor a Vernel cielo azul, a lirios blancos y a velas, se han terminado para (con suerte) no volver. Y está bien. Tuve suerte de tenerlos y de vivirlos muy a gusto. 

Toca avanzar y emprender el vuelo. Con suerte, este otoño.