Hoy sí estoy preparada para ponerme intensa. Agarraos.
Cuando vi en el desafío de treinta días el tema "escribe sobre el amor", se me cayó el alma a los pies. Por una parte, es un tema del que se ha dicho todo lo que hay que decir, o casi. Por otra parte, el amor, como todas las emociones y gran parte de los conceptos abstractos, se entienden mucho mejor cuando se experimentan. Y lo peor de todo es que ni siquiera sabía por dónde empezar.
En este tipo de entradas, me gusta empezar definiendo el concepto como punto de partida. Otro berenjenal en el que no me apetece meterme. Para mí el amor son muchas cosas, en las que mucha o poca gente puede estar de acuerdo conmigo. ¿Qué es el amor? El amor lo es... todo. El amor es la razón de todo.
Aquí está mi punto de partida.
Casi todos los problemas que tiene la gente se deben a la falta de amor. ¿Problemas en el trabajo? No te están cuidando/queriendo, o no estás cuidando/queriendo. ¿Te llevas a matar con alguien de tu familia? Se ha priorizado el orgullo por alguna o ambas partes. Falta amor. ¿Y la inflación? ¿También es falta de amor? SÍ. La falta de amor que nos tenemos todos como especie, como familia conjunta. Yendo a la raíz del problema, si todos los seres humanos nos sintiésemos vistos, aceptados, queridos y cuidados, no necesitaríamos nada más. No necesitaríamos imponernos con la fuerza para sentirnos importantes. No necesitaríamos controlar a los demás, ni crear guerras.
Cuidarnos entre nosotros, proteger a la gente de nuestra casa, nuestro edificio, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra provincia, nuestro país, nuestro continente, nuestro planeta, nuestro universo. Pensar en el bienestar de una mujer en Irán o un hombre en Reino Unido y priorizar ambos, porque ambos son parte del universo. Esa es la solución para todos los problemas. Y la única que no viviremos para ver.
Es un problema complejo, porque nos afecta a todos, pero la solución pasa por cada individuo del planeta. Cada persona, cada corazoncito que late, con su infancia, sus traumas, su falta de amor interna, ha de ser vista y sentirse aceptada y querida para poder cuidar de sí misma y de los demás. Ni con toda la buena voluntad de la ONU se puede trazar un plan para aplicar esta solución. Solo nos queda, como dijo Voltaire en Cándido, "cuidar de nuestro jardín". A lo que yo añado: "en la medida de lo posible, pensando en lo que también es bueno para el jardín de los demás".
Pero por muy ambiciosa que sea, no pretendo solucionar el mundo a través de este espacio. Me vuelvo, pues, a mi "jardín", a mi casa, que empieza conmigo.
Desde hace meses, me siento inmóvil a ciertos niveles. Incluso cuando tenía trabajo. Pasaban los días, hacía lo que tenía que hacer y solo me sentía viva con él. Porque él me ama y porque yo lo amo. Porque somos el motivo del otro.
"Motivo" viene del latín motivus: "razón que mueve a obrar". El motor inmóvil. El inicio de toda acción. Mi motivo es una persona preciosa a la que quiero mucho. Pero en todo lo demás estoy insatisfecha desde hace tiempo. Inmóvil, a menudo dejando los días pasar. ¿Cómo es posible si tengo amor, si tengo un motivo?
Porque las personas somos complejas. Porque un motivo externo no es suficiente. Porque el movimiento, el crecimiento, la felicidad, comienzan en nuestros latidos ("pulso" en origen significa "empuje"). Ondas en expansión que abrazan todo lo que tocan, hasta deshacerse. Si los latidos no son fuertes en el pecho, no llegarán lejos.
En otras palabras, me falta amor propio. Ser mi motivo, mi razón para latir. Si eso falla, falla todo. Puede que a corto plazo no, todos conocemos gente que vive abnegada por los demás, o que simplemente "funciona" y "no está mal", pero tampoco bien. Y todo lo que no sea estar bien es una tragedia. Necesario a veces, pero que se debe minimizar.
Cuidar de uno mismo es una tarea importante, bonita y gratificante, pero puede ser muy difícil a veces. No voy a entrar en detalles. Por eso, quiero empezar poco a poco. Escribir aquí, de hecho, es un pequeño gran acto de amor de mí a mí misma. Llevaba tiempo pensando en si estaría sirviendo de algo... quizá, de no llevar este ritual desde hace un mes, no habría llegado a esta conclusión. Qué más da.
Lo realmente importante es lo que estoy haciendo. Lo que voy a hacer. Cómo voy a llenar la regadera para mi jardín. Pues... de muchas formas que no voy a detallar. Pero me han entrado ganas de empezar otro proyecto paralelo. Otro blog, quizá en inglés. Todavía le estoy dando vueltas, ya veremos.
Por lo pronto, voy a ducharme y lavarme el pelo y ponerme diosa. Y a pasar una tarde fabulosa. Conozco bien mi cabeza, sé que seguirá maquinando en segundo plano. Para acabar, os invito a pensaros, a miraros con curiosidad y a analizar si os falta amor. Tanto si falta como si no, os hago esta pregunta: ¿qué podéis hacer para amaros más, amaros mejor? Os leo.