martes, 26 de julio de 2022

Cartas, cosméticos y caricias

"Escribe sobre el día de hoy", dicen los dioses del desafío de treinta días. Pues a ver...

Tras resolver unos recados que tenía pendientes, he preparado el regalo y he escrito una carta para Carrie. Su cumpleaños es el lunes y si no lo enviaba hoy, no llegaba a tiempo. Carrie odia que la gente recuerde su cumpleaños, y yo adoro hacer cosas especiales para la gente que odia su cumpleaños. Odiar los cumpleaños es terrible. Es el único día del año en el que puedes hacer cualquier excentricidad y comportarte como una reina porque básicamente es lo que se espera de ti. Si pudiera celebrarlo exactamente como yo quiero, sería mi día favorito del año. 

Antes de ir a correos, ha llegado un paquete que estaba esperando. Lo cierto es que estos días le estoy dando a las compras compulsivas, pero al menos compro cosas que utilizo. Desde que el viernes declarase mi intención de trabajar en mi amor propio, he vuelto a tomarme en serio mi rutina cosmética y he decidido añadir un par de potingues más. Me he comprado una crema que me encanta, una esencia que me apetece mucho probar y una BB cream de la que había leído mucho. Temía que no me quedase bien el color, pero oh, maravilla: tengo la piel tan roja que me queda perfecto. Además, tiene una textura muy agradable de llevar. Es pronto para afirmarlo, pero me está gustando mucho.

Después de enviarle el regalo a Carrie, él y yo nos hemos embarcado en la búsqueda de lo imposible: un piso que me guste, que tenga todo lo que queremos y que nos podamos permitir. Lo primero es lo más difícil, como hemos podido comprobar. El segundo que hemos visto era una buena opción y por un instante me he imaginado organizando fiestas en la terraza. Pero... no. Está en mi ciudad. Y no puedo quiero vivir aquí para siempre.

No es que a mi ciudad le pase nada. Bueno, hubo un tiroteo en el cementerio el día de Todos los Santos. Y otro tiroteo cerca de casa de mi madre hace dos o tres años. Eso casi tuvo gracia: la persona que disparó lo hizo porque confundió un pedo con un tiro. Pero criminalidad aparte, lo cierto es que no es una mala ciudad. Está muy bien comunicada con Valencia, tiene mi bocatería favorita y dos bibliotecas maravillosas. Dos de mis esposas, mi hermana, mi sobrino y mi madre viven aquí. Y pronto tendremos un Rossmann. 

Pero no me imagino envejeciendo aquí. No lo soporto. Tengo malos recuerdos en casi todas partes, y aunque sí podría vivir aquí un tiempo, no quiero echar raíces aquí. No quiero que la gente se crea que conoce a mis hijos solo porque conoce a su madre, y a la madre de su madre. No quiero un sitio donde a veces no saludo porque, francamente, es que no sé de qué me conocen. Y sobre todo, no quiero formar una familia en un lugar en el que siempre me siento inapropiada, incorrecta y asustada de que en cualquier momento aparezca gente del colegio para hacérmelo pasar mal. 

Él, que me lee como un libro abierto, me ha preguntado qué me pasaba. Y se lo he acabado contando. Así que cambiaremos de estrategia. A él le da igual mientras vivamos juntos. Y me ha acariciado y abrazado hasta que se me han pasado los males y he dejado de llorar. 

Es bonito jugar a la vida en coop, con un compañero con paciencia para esperar, soportar y ayudar para pasarse el nivel juntos. Pero a la vez es tan raro... todavía no me acostumbro. 

Mañana más, pero no sobre hoy. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!