sábado, 30 de julio de 2022

Querido iaio:

Hace más de veinte años que no estás. Yo era tan niña que todavía no podía articular mis sentimientos como ahora, pero te eché -y te echo- mucho de menos. Porque cuando te fuiste, acabó la infancia.

La iaia fue quien peor lo pasó, sin duda. Llevabais tanto tiempo juntos, que la vida sin ti sencillamente carecía de sentido. Desde que te fuiste, dejó de celebrar las navidades y las fiestas en su casa. Luego empezó a salir menos y a ver más la tele... Tardó varios años en morir, porque era terca como ella sola, pero se fue apagando poco a poco. Sé que no está bien decir esto, pero no le tenía mucho cariño. No era amable con nosotras. Porque no sabía ser de otra manera, pero hay cosas que no sé perdonar. 

Pero a ti sí te añoro, muchísimo. Ojalá siguieras vivo, o al menos, ojalá me hubieses durado más tiempo. Me habría encantado contarte muchas cosas. Los viajes que he hecho, las cosas que he aprendido, las historias que he creado. 

Y me habría encantado jugar más contigo al ajedrez. Mi madre me contó que quedaste finalista en una competición y que te entrevistaron por la radio. Que te preguntaron quién creías que iba a ganar. Y que tú dijiste: "El que no pierda". Nadie recuerda si ganaste, pero no importa. Tú realmente sabías jugar. Yo era muy pequeña y no lo recuerdo, pero MacGyver sí se acuerda de todas las veces en las que les ganaste a ella, Talía y los primos. Cuatro críos contra ti, como si pudiesen hacer algo. Sí recuerdo el tablero, y las piezas, y el ruidito que hacía la caja al abrirla.

También recuerdo el tocadiscos, todavía te estoy viendo inclinado sobre él, acariciándolo con el limpiador de terciopelo rojo. Y el disco de villancicos que ponías siempre en Navidad, con monaguillos en la carátula. La música era una parte muy importante de tu vida, tocabas lo que hiciese falta. Y aunque fui una pésima alumna, recuerdo con cariño tus intentos por enseñarme solfeo.

No me gustaban tus bromas de pequeña, me hacías mucho de rabiar. Y sin embargo, confieso que con el tiempo he acabado haciéndole lo mismo al hijo de Talía, mi sobrino. Tu bisnieto. Una lástima que no lo hayas podido conocer, alucinarías con él. Él sí te daría una paliza al ajedrez, porque se inventa las reglas si hace falta. 

¿Cómo lo hacías, iaio? ¿Cómo podías tener tan buen humor y estar tan contento siempre? Te volviste loco en la guerra. Te pasaste la vida trabajando como un burro. Tu hija se casó con un hombre violento. Te cortaron una pierna y parte del pie, y durante casi toda mi vida fuiste en silla de ruedas. ¿Cómo pudiste soportarlo todo? 

A veces pienso que fue por la iaia, pero tiene que haber algo más. Porque yo he conocido a alguien así. Creo que te habría gustado. Juega al ajedrez, tocaba la tuba de pequeño y le encanta viajar y aprender cosas. Os habríais llevado genial. La cuestión es que él me da fuerzas, pero me sigo enfadando mucho. Me sigo agobiando por todo. Tú solías decir que si tiene solución, para qué preocuparse. Y que si no tiene solución, para qué preocuparse. Pero yo no sé hacer eso, lo de no preocuparse. Quizá si te hubiese tenido más tiempo, habría logrado aprender. 

O quizá todavía pueda. A fin de cuentas, te conocí cuando ya eras muy mayor. Quizá de joven te parecías a mí. El tiempo lo dirá. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!