jueves, 21 de julio de 2022

Crítica

El tema del desafío de treinta días es demasiado intenso y no sé cómo abordarlo, así que en vez de eso, voy a hacer una reseña del último libro que he leído: Muerdealmas, de Santiago Álvarez.

Actualmente participo en los dos clubes de lectura en inglés de las bibliotecas de mi ciudad, pero de vez en cuando leemos libros en español. Es el caso de la novela que nos ocupa, ya que habrá un encuentro con el autor en otoño. Y ni siquiera es el primer libro suyo que leemos: Santiago Álvarez vive en Valencia y organiza varios eventos culturales, por lo que resulta sencillo contactar con él. 

La acción transcurre en una aldea remota de provincia de Castellón, donde Abel, el protagonista, se muda con su mujer y su hijo tras haber heredado una casa. Sin embargo, la aldea está dominada por una familia, los Osset, a los que no les gustan los forasteros ni nadie que se interponga en su camino. Y pasan cosas.

Ninguna crítica es objetiva, pero esta todavía lo va a ser menos: no me gusta nada este autor. 

Su primer libro me pareció excesivamente largo y descriptivo, pretencioso, misógino, gordófobo y en general muy mal escrito. De verdad que he intentado leer este libro con optimismo y ganas de verle cosas buenas, no me gusta ser tan criticona y negativa... pero es que no hay por dónde cogerlo. Yo acepto que una novela esté mal escrita si la historia es buena, o que la historia no sea muy interesante si está bien escrita. Este hombre no logra ni lo uno ni lo otro.

Desde este momento puede haber algunos spoilers, pero intentaré limitarlos.

No me gustan los personajes: todos, salvo el protagonista, están mal desarrollados. Y lo del protagonista tampoco es que sea para tirar cohetes. Además, todos los personajes son desagradables y resulta imposible empatizar con ninguno, ni siquiera con el uso del narrador en segunda persona. Sin ser yo ninguna experta y solo por experiencia, sé que este tipo de narrador puede funcionar muy bien. Un buen ejemplo de ello, y que recomiendo, es Actos humanos de Han Kang. Sin embargo, a Santiago Álvarez este recurso le queda grande. 

El argumento podría haber dado para mucho, pero falta profundidad. De nuevo, falta desarrollo. Y no porque la novela sea corta: trescientas veintiséis páginas, que perfectamente se podrían haber quedado en menos, porque las descripciones no pueden ser más redundantes, gráficas e innecesarias. 

Voy a poner dos ejemplos que me han sacado de quicio. Primero, dedica medio párrafo a describir cómo se enciende un cigarrillo un personaje. "Coge el encendedor, lo protege con sus palmas y enciende el cigarrillo". Que a ver... es un recurso estilístico, lo entiendo. Pero me chirría: esa escena no se prestaba a esa recreación. Y luego, todas las escenas de sexo, desagradables y extremadamente gráficas. 

Todos los escritores tienen manías y esquemas narrativos preferidos, pero es alucinante que a este hombre se le pueda sacar el patrón tan rápido: zona pintoresca de la Comunidad Valenciana, caserones antiguos, cartas o manuscritos del pasado, incestos (oh, sí, y violentos, y en los dos libros) y amores imposibles. Todo eso con un señor como protagonista intentando entender o averiguar lo que pasa y pam, ya tenemos el libro escrito. 

Y si fuese una fórmula bien ejecutada, bien escrita y entretenida, no tendría nada en contra. Sencillamente no me gustaría el libro, pero podría apreciarlo. No sería la primera vez. En el club de lectura, casi nunca me gusta lo que leemos, pero tengo que reconocer que casi siempre se trata de libros muy bien escritos. 

Por decir algo positivo, he de admitir que se lee rápido: en tres horas leyendo en diagonal se acaba. Ojalá fuera suficiente para haberme dejado buen sabor de boca. Pero repito: ya venía escarmentada de otro libro suyo, ya iba con prejuicios. Y no me cuesta reconocer que este libro me ha horrorizado menos que el anterior. Pero rara vez un título había sido tan oportuno: he sentido cómo me devoraban el alma y me la masticaban dolorosamente mientras lo leía. 

1 comentario:

  1. No podías haberlo dejado más claro y casi en las primeras líneas.
    Una pregunta, ¿al resto de gente en el club de lectura le gustó? Sinceramente, si es en inglés no deberíais leerlo, es como que tiene algún enchufe...
    Un abrazo.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!