domingo, 24 de julio de 2022

Dulce mañana de domingo

 Él es un dormilón y yo me dejo. Y es trágico, porque las mañanas son preciosas. En verano, además, son el único momento que se puede disfrutar. Especialmente ahora que las temperaturas no bajan hasta la madrugada. 

Anoche cenamos con el Estupendo y hoy hemos desayunado con él también. Hemos ido a Bluebell, una cafetería hipster maravillosa que me encanta. He escrito mucho en esa cafetería, se presta mucho a mi afición preferida: a mirar a la gente e imaginarme sus vidas. Es una afición solitaria, pero muy bonita.

Después, aún ebria de triunfo por hablar francés “casi sin acento”, según la camarera, él y yo hemos vuelto al barrio. Él tenía que acabar cosas para el trabajo y yo me he sentado en otra cafetería, a tomar el aire y a imaginarme la vida de la gente. 

Tengo delante a dos mujeres rubias. Por su parecido, diría que hermanas. Toman cerveza, quizá sea su ritual dominguero. Son mayores y preciosas, ambas con gafas de sol y contándose sus cosas. 

Antes tenia al lado una pareja desayunando. Tendrían treinta y pocos, pero se notaba que llevaban tiempo juntos. Viven juntos y seguramente estarán casados. Lo noté en lo automático de sus movimientos. Sin cariño, sin espontaneidad. Hoy desayunamos aquí y luego iremos a ver a tus padres. Admito que me han preocupado, porque desde que salgo con él, veo en cada pareja una profecía, una posibilidad de futuro. Y no quiero que seamos así, que caigamos en la rutina, que nos acostumbremos tanto al otro que no distingamos su presencia de la de la mesilla de noche. 

También me ha dado tiempo a ver un capítulo, el primero de Solo asesinatos en el edificio . Me ha gustado, creo que seguiré viéndola. Steve Martin lo hace muy bien y la trama es curiosa. Durante el capítulo ha sonado Clair de lune, de Debussy. Hacía mucho que no la escuchaba. Es una pieza que me encaja muy bien, dulce y mágica con un toque de melancolía, muy versátil según mi estado de ánimo. 

Cuando ha acabado el capítulo, me he montado una escena de película. He pedido otra bebida. Quería una copa de vino, pero no tenían. Coca-Cola Zero, está bien. Y me he puesto Clair de lune, y he cerrado los ojos. De fondo, la música y las cigarras, y los pájaros y la gente con sus historias de domingo. Y la brisa fresca, y fresca también la bebida. Y el olor de los árboles, la quietud sublime de una mañana perfecta. La dulzura de las mañanas de domingo, la mejor mañana de la semana. 

Él acaba de ayer. Se rompe este hechizo y otro comienza. El de sonreírle para que sonría y me diga lo guapa que soy. Y besarnos. 

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