Y el tema de hoy es... Mi libro favorito. En serio, ¿quién creó ese desafío de 30 días de escritura? Qué intensidad, qué hartura. Mi familia, la felicidad, mis amigos, películas, libros... Pero sigue siendo entretenido, así que no debería quejarme tanto.
Como cualquier persona que haya leído más de cien libros, no tengo uno preferido, sino varios. Y dado que sería tremendamente injusto reducirlos a una lista, he decidido hacer una pequeña selección de cuatro libros que me han marcado mucho en los últimos tres años. Quizá alguno os sirva de inspiración para leer este verano, así que... ¡a ello!
Empezaremos por Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman. Lo leí para un club de lectura en 2019 y me encantó: lo tiene todo. Buenos personajes, escrito (y bien escrito) en primera persona, con humor, misterio, drama, un toque de romance... Va de una chica que tiene un trabajo aburrido, come todos los días lo mismo y todos los viernes se compra dos botellas de vodka para beber durante el fin de semana. Y está perfectamente, ¿o quizá no? Hay que leerlo para entenderlo. Además de ser una historia preciosa, se convirtió en el libro favorito de MacGyver cuando le insistí para que lo leyera. La única pega que le encuentro es que es difícil de catalogar. Y como está escrito y protagonizado por una mujer, y parte de la trama se centra alrededor de un chico, lo suelen colocar con los libros "para chicas", lo que significa que hay muchos hombres ahí fuera perdiéndose una historia fantástica. Por otra parte, sospecho que esta novela es el ascenso y la caída de Gail Honeyman. Este es su primer libro y ya ha firmado un contrato para publicar su segunda novela. Eleanor se publicó en 2017 y todavía no hay fecha para su segundo libro... ni creo que la haya. Por bien que lo haga, es muy difícil que consiga el mismo éxito que el primero. Y la presión por volver a escribir la gallina de los huevos de oro nos va a dejar sin libro. Pero nos queda Eleanor. Y como lectura de verano, la encuentro exquisita.
Seguimos con la única obra de no ficción de esta lista, un ensayo: La resistencia íntima, de Josep Maria Esquirol. Este ensayo me lo recomendó Max, de la librería Agapea de Granada, el día del libro de 2019. Me mostré escéptica, porque no suelo leer ensayo, pero qué equivocada estaba. Este libro es maravilloso, es un abrazo calentito al alma y una llamada a vivir una vida plena dentro de la sencillez de lo cotidiano. Un bálsamo. Y si ya me encantó (y lo subrayé) en su momento, volví a hojearlo durante estos meses tras la pandemia y sigue estando de rabiosa actualidad. Porque nos hemos perdido con tanta interconectividad. Porque lo que necesitamos es amor, en grandes dosis, todos los días. No sé si es la mejor lectura para el verano, pero sí lo es para primavera u otoño. Recomiendo leerlo con calma y un lápiz, listo para degustar las páginas poco a poco y tomar notas en los márgenes.
Iban a ser cuatro libros, hasta que me han venido a la cabeza dos más: El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers, y La novena casa, de Leigh Bardugo. El primero es una fantástica novela de ciencia ficción movida por los personajes, de muchas y diversas especies alienígenas, y su desarrollo. La jerga espacial me tira un poco para atrás, pero es una novela fascinante, divertida y distinta. Muy para el verano. En cuanto a la segunda, me salvó la vida cuando se declaró el estado de alarma. Cuando el mundo exterior daba miedo (casi siempre), las páginas de ese libro fueron mi refugio. Y la historia mola cantidad, a quién quiero engañar. Sociedades secretas, magia, fantasmas, y un personaje masculino adorable que será mi crush hasta que se publique el resto de la saga. Esa es la única pega que le pongo: va a haber más y todavía no tenemos ni la segunda publicada. Pero con todo, vale mucho la pena.
Entramos de lleno en 2022 con los dos últimos. Leí El último juego, de J. D. Barker, en lo que tardé en ir y volver a Barcelona en tren. Es una novela negra alucinante, una mezcla perfecta entre Jungla de Cristal 1 y Jungla de Cristal: La venganza. La acción no para ni un segundo para tomar aliento: desde que la locutora de radio Jordan Briggs accede a un juego que le propone uno de sus oyentes, los acontecimientos se desarrollan uno detrás de otro hasta llegar al final, como las fichas de un dominó. Mola.Cantidad.Deverdad. Este libro no es mi estilo, pero está bien escrito y es que hasta te hace pensar. Además, gracias al club de lectura, conocimos al autor y hasta comimos con él (ver a un señor autor estadounidense levantar una paella y posar para foto es el paradigma de la vergüenza ajena turística, pero esa es otra historia). J. D. reconoce que es famoso por escribir "palomitas literarias" y le parece estupendo, admite que no pretende hacer arte. Bueno, retomando las palabras de César Mallorquí, lo que él y J. D. hacen es artesanía. Y hay arte en la artesanía. Porque en la sencillez de ofrecer una buena historia, sin pretensiones, hay más belleza y talento de lo que parece. Esta sí que es lectura de playa/piscina 100% garantizada. Sacadla de la biblio y gozad.
Y terminamos con la obra maestra. Cuando estuve en Barcelona con él, fuimos a una librería estupenda, Barra llibre, antes de coger el tren de vuelta. Es mi costumbre pedir a los libreros que me recomienden lecturas por el día del libro, y la librera me recomendó un libro que la había enamorado, a ella, cuyo libro preferido es Cien años de soledad. Me picó la curiosidad y lo compré, pese a que no me gusta leer en catalán: Canto jo i la muntanya balla, de Irene Solà. Este libro es una joya. De principio a fin. El vocabulario, los relatos encadenados y la capacidad asombrosa de esta mujer para meterte en la piel de la tormenta, de un cervatillo, de unas setas (en serio). Es sublime, de una belleza dolorosa y arrebatadora. Recomiendo su lectura, y si es posible, la recomiendo en catalán. De nuevo, no soy nada fan del idioma, pero en este caso es necesario. Hay pasajes del libro que están en castellano, y se pierde parte del sentido de la obra si se lee entera así. Aunque por supuesto, si no se puede leer en catalán, mejor leerla en castellano que no leerla en absoluto. Algún día ojearé por diversión las traducciones de este libro, porque no es nada fácil trasladar esa belleza a otro idioma sin perderla.
Y por hoy ya me he enrollado demasiado. Mañana más.
No me quedó otra que leer Canto yo y la montaña baila traducido y mi primer pensamiento fue que es un libro que hay que leer en original. Se percibe una musicalidad perdida.
ResponderEliminarTotalmente. Aunque no lo entiendas todo, te recomiendo que lo leas en catalán. Compáralo con la traducción y disfruta de los sonidos, vale mucho la pena.
ResponderEliminarPD: ¡Por fin te puedo responder los comentarios! Ve buscando el resto <3