El tema de hoy es "formas de llegar a mi corazón". Cursi. Mucho. Cualquier día de estos vomito.
Él me gana de muchas formas distintas, principalmente aceptándome como soy y queriéndome por difícil que se lo ponga. Y con su mirada y su voz. Claro que al principio solo teníamos conversaciones. Sobre libros, viajes, idiomas, comida, más libros, nuestra vida...
Las buenas conversaciones son una buena forma de conquistarme, desde luego. Pero una apuesta más segura y sencilla es la hospitalidad y la comida.
Me encanta la gente acogedora que te recibe bien en su casa. Es decir, la que te hace sentir como si estuvieses en la tuya, te ofrece agua o café y quizá algo más. Cuando entrevistaba familias para acoger estudiantes, se ganaban mi visto bueno si pasaban el test del vaso de agua: si ni siquiera son atentos para ofrecerte algo de beber, no lo serán con los estudiantes.
Él y yo gozamos comiendo o cenando en cualquier sitio, principalmente restaurantes indios o italianos. Lo compartimos todo y tenemos reglas no escritas: él come más del principal porque yo como más postre. En alguna ocasión he cocinado para él, con resultados satisfactorios. Y él me reblandeció el corazón un día que lo necesitaba mucho trayéndome empanadillas. Solo con eso. Se había apuntado las que quería probar y me las trajo, aún calentitas, cuando salí de trabajar. Ha hecho muchas cosas bonitas por mí, pero ese detalle me llegó al alma.
En general soy muy comidista con mis cuatro esposas, pero con la que más lo disfruto es con Jung. Come de todo lo que le permiten sus alergias y le encanta probar distintos tipos de comida. Y esta noche nos hemos ido a nuestro libanés preferido.
Qué banquete. Hummus, mutabal (untable) de berenjena y de remolacha, falafel, marías, pan, kenafe... Nosotras lo hemos gozado, sí, pero los camareros nos servían con una sonrisa de oreja a oreja. Y lo comprendo perfectamente: es agradable ver a la gente feliz con lo que tú les has ofrecido.
Como toda experiencia compartida, la comida nos une y nos acerca a los demás. Especialmente cuando hace tiempo que no veo a alguien, cuando escasean las ocasiones para verse y disfrutarse, sentarse un rato a hablar con algo rico es una manera muy efectiva de volver a conectar. Jung y yo necesitábamos ese mutabal.
Por si alguien de Valencia siente curiosidad, hemos ido a Nesma, cerca de Blasco Ibáñez. Yo ahí lo dejo.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!