Él pasea a Titán mientras hago la cena. Me ha salido rica. Netflix. Sofá. Caricias. Juntos, uno al lado del otro.
Y sus ojos. Enormes. Amables. Penetrantes. Después de casi un año me sigue sorprendiendo.
Y sus manos. Suaves. Cálidas. Tiernas. Firmes.
Y sus labios. Dulces. Con sabor a melocotón.
Y su voz. Y su sonrisa. Y su pelo. Y su cintura.
Todo él aquí. Como debe ser.
Si me disculpáis, voy a devolverle las cosquillas.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!