lunes, 31 de octubre de 2022

Historia de dos tostadas

El viernes pasado decidí desayunar una tostada después de acudir a una cita en Valencia. En el centro, no tengo referencias de buenos sitios para desayunar. Me refiero a sitios sencillos, del pueblo, donde desayuna la gente de a pie como tú y como yo. Sitios de tartas suculentas y trampas de turistas conozco muchos, pero no era eso lo que buscaba el viernes.

Al final, por no pensarlo más, me metí en una pastelería-cafetería que lleva unos cien años en funcionamiento. Un local en una calle muy céntrica, a un minuto de la estación de tren... debí verlo venir. 

Las camareras no podían tener más desgana encima. Casi parecían hacerme un favor por atenderme. Nada, me toman nota, se va... Y al rato (demasiado largo para la clientela que había), me trae la tostada.

El pan, gomoso. El tomate, triturado (!!!) y gélido. El jamón... raquítico, salado y pálido. Daban ganas de enviar al jamón a comerse un jamón para que espabilase y pusiese mejor cara. Pido que me calienten un poco la tostada, a ver si remonta la cosa... Ni flowers. Esa tostada está más hundida que el Titanic. 

Le doy dos bocados y decido que no puedo más. Vale la pena no comérsela. Pago la carísima tostada y me voy. 

Al cabo de un rato largo, después de hacer algunos recados, me entra hambre. Normal, dado que no había desayunado. Estaba al teléfono con MacGyver, que también tenía hambre. Así que hicimos algo que hacemos mucho: sentarnos a tomar algo y hacer videollamada. Ella desde Lausanne, yo desde Valencia. En esta ocasión, entro en una cafetería de una cadena de Valencia, un Coffee Corner. Me gustan estas cafeterías porque el café está rico, el ambiente es agradable sin estridencias y son carne de funcionario: estos locales están llenos de oficinistas en la hora del almuerzo, de gente normal. 

¿Por qué no me fui a un Coffee Corner de buenas a primeras en vez de ir al primer local? Porque me pillaban un poquito a desmano y tenía hambre. Punto.

Entro ahí y el sitio está lleno. Pero eso no impide a la encantadora chica tras la barra saludarme, preguntarme qué quiero y, ante mi indecisión, hacerme un par de sugerencias. Decido jugármela y pedir exactamente lo mismo que en el otro sitio: media tostada de jamón y tomate y un café con leche. 

Me siento en la terracita interior, tranquila y agradable. MacGyver y yo estamos en la gloria mientras espero el segundo desayuno. Por fin llega y -¡maravilla!- es justo lo que quería. Pan crujiente. Tomate rallado. Jamón gordito y rico. Qué delicia. Qué exquisitez. Y qué majas fueron las tres camareras antes, durante y después de mi consumición. 

Obviamente les di las gracias por hacer su trabajo con tanto cariño y les di propina. No cuesta mucho ser amable y quizá alegrarle un poquito el día a la gente que trabaja cara al público. A mí me lo alegraron con creces.

En fin, que estoy de vuelta. Sin grandes temas... tampoco es que lo esperase. Era esto o hablar del misterio de la boca de mi novio, que normalmente sabe a albaricoque y hoy sabía a chocolate con leche, sin comer él ninguna de esas cosas nunca. Y la verdad, de las tostadas llevaba un par de días queriendo escribir. 

Ah, hoy he hecho Pilates por primera vez en mucho tiempo. Mañana me voy de excursión. Voy a morir :D. 

domingo, 23 de octubre de 2022

Necesito un descanso

Hoy hemos estado en Xàtiva y nos lo hemos pasado muy bien. Y eso que no hemos visto lo más bonito de la ciudad... Quizá la próxima vez.

En fin, al lío. La semana que viene va a ser muy intensa y, antes que pasarlo mal por las noches para llegar a tiempo escribiendo, prefiero ser realista y darme una semana sin publicar.

Volveré en Halloween. Sed buenos. 

sábado, 22 de octubre de 2022

Cena primorosa

Llevábamos tiempo sin quedar con Primor y Abracitos. Pero los chicos decidieron sincronizar agendas y por fin nos hemos ido esta noche a cenar.

Primero hemos ido a una librería de segunda mano. No he comprado libros, por suerte… pero pelis, sí. Hay gente a la que le sorprende que aún compre películas en DVD y lo entiendo. Es mucho más cómodo usar una plataforma de streaming y ocupa mucho menos espacio… pero estoy harta de depender del catálogo de turno. Y nunca está todo lo que uno quiere ver. Así que, mientras los DVD se puedan reproducir, pardiez que seguiré ampliando mi colección.

Luego hemos ido a cenar. Primor y Abracitos, además de ser sibaritas y de buen comer, son veganos. Por ello, siempre acabamos en algún restaurante interesante y rico. Esta noche hemos ido a El Khambú y qué puedo decir… Qué hamburguesas. Qué postres. Qué boniatos. Hablemos durante un segundo de los boniatos: ¿por qué no han sustituido ya a las patatas fritas en todos los restaurantes de comida rápida? Están más ricos y son un pelín mejores para la salud. En fin, misterios de la vida.

Hemos acabado pronto, por lo que hemos podido jugar un poco con los gatos en casa de Primor y Abracitos. Bueno, yo no he jugado mucho esta vez; estaba ocupada bebiendo agua y comiendo chuches veganas (la única mala decisión de la noche). Pero él se lo ha pasado en grande. Y yo mirándolo. 

Qué bien nos ha sentado esta noche. Pese a la falta de intimidad, al menos hemos salido como adultos. Y cuánta falta nos hace eso.

viernes, 21 de octubre de 2022

Al fin viernes

Apenas nos hemos visto esta semana. Entre el club de lectura, MacGyver y el Estupendo, además, el poco tiempo que hemos estado juntos no hemos podido darnos amor. 

Cuánto nos echábamos de menos. No para hacer nada extraordinario, simplemente para estar cerca y tocarnos, respirarnos, sentirnos. Igual que dos nutrías nadando en el agua, o dos halcones volando juntos. 

Cenita romántica. Y quizá ver La Roca. Y mañana por la mañana (esto te va a hacer mucha ilusión, mi vida), un Ausschlafen como una casa.

jueves, 20 de octubre de 2022

Caballo de bastos

Esta mañana he sacado a pasear al perro de Talía. El pobre ya es muy mayor y está muy enfermo... Nunca me ha gustado sacarlo a pasear porque tira mucho, pero la verdad es que me da mucha pena. 

Esta vez no ha tirado y yo he podido pensar en mis cosas, y mirar las urracas y el metro pasar. De repente, sobre uno de los arbustos me he encontrado un naipe: el caballo de bastos. 

Me encantan los juegos de adivinación desde siempre. Recuerdo que, cuando Talía era adolescente, ella y sus amigas jugaban con la baraja a leerse el futuro. Primero, se sacaba la sota de copas: representaba a la chica. Luego, se barajaba el resto de las cartas y se elegían... ¿diez, quince, veinte? No me acuerdo. Y se empezaban a sacar y a leer.

Si te salían copas, habría amor en tu vida. Si oros, dinero. Si bastos, peleas. Y si espadas, celos. Pero lo interesante era cuando salían las figuras: los caballos eran pretendientes; las sotas, chicas que se iban a interponer entre los pretendientes y tú (a nadie se le ocurrió que pudiesen ser tus colegas) y los reyes, obstáculos en general.

Si te salía el caballo de copas, la alegría era máxima: ibas a acabar con el chico que te gustaba. 

La lectura del tarot no es más que una versión más sofisticada de este jueguito. Y sin creérmelo mucho ni ser ninguna experta, confieso que me interesa, que me gusta, y que cuando tengo alguna duda, consulto mis arcanos mayores de Belén Segarra. 

Es la primera vez que me encuentro con una carta, así porque sí, y he decidido que significa algo. Al volver a casa, me puse a buscar. Si bien no todas las páginas que he consultado dicen lo mismo, sí que hay elementos comunes.

El caballo de bastos es una carta activa, relacionada con el fuego. Anuncia viajes y cambios repentinos: mudanzas o cambios de trabajo, por ejemplo. Además, se relaciona con el éxito en lo material y resolución de problemas. Si sale del derecho, claro está. Si sale del revés, en posición invertida, la cosa cambia: anuncia obstáculos, falta de acción y frustración.

Creo recordar que la vi del derecho, y casi prefiero no cuestionarlo mucho. Pero es un alivio saber que al menos el universo me envía buenos augurios. 

miércoles, 19 de octubre de 2022

Hacia adentro

Hay momentos en los que miro hacia afuera. El cielo, la ciudad, la gente, la comida. La familia. Las necesidades de la familia. El club de lectura. Todo lo que empieza donde acaba mi piel. 

Hay momentos en los que miro hacia adentro. Mi vida, pasada, presente y futura. Mis errores. Mi dirección, o la falta de ella. Mis objetivos. Lo que necesito. Lo que anhelo. Lo que añoro. Lo que me dice mi cuerpo. Todo lo que empieza con mis latidos. 

Llevo más de una semana mirando mucho hacia afuera. Era necesario. Primero, durante las vacaciones. Luego, durante la visita de MacGyver. Se ha ido esta tarde y nos lo hemos pasado muy bien, pero molaría tenerla más cerca...

No es bueno mirar mucho ni hacia adentro ni hacia afuera. Es fácil perderse. Perder el equilibrio, la sensación de fluidez, perderse la vida. Por eso, el día de hoy ha sido revuelto: después de un empacho de días de mirar hacia afuera, toca mirar hacia adentro un poco. 

Para acostumbrar la vista al cambio de luz, conviene ir despacio. Un café con el Estupendo sobre cosas importantes, un paseo, una cena rica para calmar a las fieras internas... Y ahora llega mi parte favorita: los mimos. Pienso ponerme cremas y darme caricias hasta quitarme toda la tensión de encima y dormir bien.

Porque mañana empieza un día maravilloso. 

martes, 18 de octubre de 2022

He sido agredida

Era una tarde tranquila de martes.

Había salido con MacGyver hacia Alaquàs, donde vive la Manicurista, para acompañarla a que le hicieran las uñas. Teníamos el tiempo justo, por lo que en esta ocasión no me hizo las uñas a mí también. 

La Manicurista es un encanto y una amiga. Hacía bastante que no la veíamos porque estaba ocupada teniendo un bebé. En efecto: ¡esta tarde he conocido a un bebé rechonchete y monísimo! 

Ya que la Manicurista estaba ocupada con mi hermana, yo me he ocupado del renacuajo. Hacía más de seis años que no tenía un bebito en brazos, pero eso nunca se olvida. Además, el peque y yo nos hemos entendido fenomenal desde el principio: al poco de bailotear con él, ya estaba súper a gusto riéndose. 

¡Y olía tan bien! Le he dado muchos besitos, le he cantado, le he hecho cosquillitas y le he contado cosas. Vamos, que lo he dado todo. El pobre bichito lo necesitaba: le están saliendo los dientes y le duele la boca una barbaridad.

Todavía recuerdo cuando le pasó a mi sobrino. Nos mordía las manos y la barbilla todo el rato con todas las fuerzas de sus encías. También le mordió la nariz con saña al peluche de Mickey que le regalamos. Y de hecho, una de las mejores fotos que tiene con MacGyver es comiéndole el dedo a mi hermana. 

Por eso, no me preocupó en absoluto que el peque me mordiese la mano. 

Y por eso me dolió aún más la traición.

El muy granuja me clavó sus dos minúsculos dientecitos con tal fuerza, que me hizo sangre. ¡Cómo osa! ¡Con lo maja que he sido con él todo el rato, y va y me deja una marca! 

Eso no ha evitado que le diese el bibe y que le hiciese más mimitos después. Y a lo mejor soy una exagerada con la piel muy sensible… ¡pero todavía me duele! 

Ains, qué ganas tengo de hacerme las uñas el mes que viene… (:

lunes, 17 de octubre de 2022

domingo, 16 de octubre de 2022

Las olas

En una peli que me gusta mucho, El exótico hotel Marigold, la protagonista y narradora de la historia describe su experiencia en la India como una ola que se abalanza sobre ti: si te resistes, se te lleva. Pero si saltas y te dejas llevar, llegas a salvo al otro lado. 

Me parece una buena metáfora para muchas cosas, pero hoy me ha venido a la cabeza después de comer. 

Con motivo de la visita de MacGyver, Talía, mi cuñado y mi sobrino han venido a comer paella. Vino, comparación entre el chocolate polaco y el suizo, cafés... Y luego se han puesto a discutir.

Me alegra decir que no ha sido por nada serio y que esta vez la sobremesa podría haber sido una simpática escena de sitcom. Básicamente, el Maestro Paellero (mi padrastro, en adelante MP para abreviar) está indignado porque ahora es más difícil aparcar cerca de la cancha de baloncesto los días de partido y porque los ricachones de los VIP tienen aparcamiento siempre. MacGyver se ha puesto a replicar, Talía se ha metido de por medio... Y yo me tomaba mi café.

MacGyver y Talía son estupendas. A fin de cuentas, son hermanas mías. Pero es habitual que estén en desacuerdo y no siempre lo gestionan bien. Digamos que los debates y las discusiones más o menos acaloradas por temas de lo más variado son más la norma que la excepción en nuestras comidas familiares. 

Y como siempre que hay tres personas, a la tercera le toca desempatar. A veces entro en el tema y coincido con una. Otras, con la otra. A menudo con ninguna y lo prioritario es cambiar de tema. Y otras, como hoy, simplemente me tomo mi café. He disfrutado mucho de observar el falso drama, escuchar argumentos de un lado y de otro, y de estar al margen. Ha sido divertido.

Ha sido, de hecho, la mejor decisión que podía tomar esta vez. No habría sacado nada de la discusión y no me interesaba lo más mínimo. Mi opinión era mucho más salomónica y simple que la que ellos tenían, pero ponerme a discutir no me apetecía. Para amargo ya tengo al café, no necesito más. ¿Por qué luchar contra las olas? Déjalas fluir. Y fluye con ellas mientras puedas. 

Mientras puedas. Y cuando puedas. Cuando no, súbete al barco y rema. 

sábado, 15 de octubre de 2022

Por qué Toulouse

En principio queríamos ir a Suiza a ver a MacGyver, pero todas las opciones eran carísimas. Acabaremos yendo a Suiza, por supuesto, pero no esta vez.

La segunda opción era Granada. Había muchas razones para ello: él nunca ha estado, podría haber felicitado a la Divina, mi ex-jefa (aunque siempre la consideraré como tal), por su cumpleaños. Y por fin tenemos coche para ir. Pero los hoteles estaban prohibitivos y es un viaje muy largo… iremos a Granada. Solo que esta vez no.

Solo por curiosidad metí las fechas en Skyscanner y busqué billetes a cualquier lugar: el destino más barato era Toulouse. Y la verdad es que siempre había querido ir. 

Yo empecé a estudiar francés en primero de la ESO. Me encantó desde el principio. La musicalidad, el vocabulario, la cultura… Y me encantaban los libros de texto. Sobre todo las lecturas. En una de ellas hablaban de Toulouse. Sus casitas rosa, los puentes sobre el río, la universidad… Por aquellas era muy jovencita y me gustó, pero sabía que tardaría en poder ir. Simplemente dejé la idea en la recámara. 

Hasta que vimos los billetes. De repente, me entraron unas ganas locas de ir. Menos mal que lo hicimos, porque lo hemos disfrutado mucho. Además, me encanta Francia. Pero de eso ya hablaré. 

viernes, 14 de octubre de 2022

Laurent el conquistador

Me gusta organizar mis viajes. Y desde que descubrí Reddit, suelo meterme en el subforo de las ciudades que visito para informarme de cómo están las cosas por ahí. Así fue como descubrí la existencia de Laurent.

Lo encontramos tal y como lo describían en Reddit: un vagabundo de unos cuarenta y pico años, desaliñado, siempre con una cerveza en la mano y varios tableros de ajedrez en el suelo frente a él. Estaba en la plaza del capitolio de Toulouse, como todos los días. 

A Laurent le gusta jugar al ajedrez, pero nunca una sola partida a la vez: se aburre. Prefiere jugar cinco simultáneas, alternando blancas y negras. Con esta información, cabe imaginarse a Laurent machacando a turistas y locales día sí y día también… pero no, no siempre. 

Porque por supuesto, él y yo jugamos una partida contra él. Mi idea era que jugase solo contra mi novio; yo soy una jugadora bastante mediocre. Pero éramos los últimos del día, no había nadie más, así que tuvimos que jugar los dos.

Se rindió rápido contra mi novio al cometer un par de errores y decidir que iba a perder “por matemática pura”. Yo duré un poco más, hasta que aproveché un error suyo para comerle la reina. Se rindió y me dio la mano. 

La experiencia fue divertida, la verdad. Laurent nunca juega por dinero, lo hace por diversión. Pero sus contrincantes a menudo le dejan unas monedas que a buen seguro financian las cervezas que siempre lleva encima. Después de perder con deportividad, era lo mínimo que podíamos hacer por él.

Luego hablamos un poquito. Nos contó que era belga y que había vivido algún tiempo en Barcelona. Yo le conté que era famoso en Reddit; le sorprendió mucho saber que la gente habla de él.

Es una persona extraña, de la que me gustaría saber más y a la vez no saber nada para mantener el misterio. ¿De dónde ha salido? ¿Cómo ha llegado a ser así, a vivir en la calle y a jugar al ajedrez? Quizá no tenga importancia. Al pasado hay que darle la justa para aprender de él sin que llegue a controlarnos. 

Pero parecía feliz… Razonablemente al menos. No le preocupa quién es o lo que hace: es y hace. Es Laurent y juega al ajedrez. Lo demás es accesorio.

jueves, 13 de octubre de 2022

MacGyver está en Valencia

Lo cual, a efectos prácticos, es como estar de viaje. Pero intentaré mantenerme al día y escribir. Porque tengo mucho que contar.

Tengo que hablar de Toulouse. De Francia en general, así como concepto. De Laurent el Conquistador. De Los tres mosqueteros. De mi amor por la cocina francesa. De salones de té. De mí en francés. De gatos. 

Pero por ahora toca hacer que se sienta como en casa.

viernes, 7 de octubre de 2022

Nos vamos

Y volveremos el miércoles. Qué poco me gusta madrugar para ir al aeropuerto, pero valdrá la pena. 

Por supuesto, estaré muy ocupada para escribir estos días.

Por tanto, cierro por vacaciones. Nos vemos el jueves :)

jueves, 6 de octubre de 2022

Una vida

¿Cómo se vive una vida? ¿Dónde o cuándo se aprende a vivirla? ¿Para qué? Y si las cosas han ido mal, ¿hay siempre remedio mientras hay vida? Una vida rota, quemada y maltratada una y otra vez, ¿se puede enderezar a los setenta años? ¿Darle alegría?

¿Y a los cuarenta y tres? ¿A los cuarenta? ¿A los treinta y dos? ¿A los veintinueve? ¿A los ocho?

Si bien no elegimos las circunstancias, sí elegimos cómo vivir en nuestras circunstancias dentro de lo posible. Incluso cuando no se elige se elige. 

¿Y si las circunstancias golpean una vez tras otra? ¿Cada año, como el monzón? ¿Cada dos, o cada cuatro? ¿Hasta dónde habría que volver atrás? ¿Sigue habiendo remedio?

¿Y cómo se arregla una vida? ¿Con frases de Mr. Wonderful y "mucho esfuerzo"? ¿Con dinero? ¿Con suerte? ¿Con las tres cosas? ¿Y qué se hace si no son las circunstancias, sino la persona? ¿O si son las circunstancias y la persona? ¿O si una es causa de la otra y así en un círculo vicioso? 

Puede que nos parezcamos al nacer. Si somos lo bastante afortunados de encajar en lo que se considera normal para nuestra especie, tendremos dos ojos, dos orejas, una boca, cuatro extremidades, veinte dedos, veintiocho dientes (¿creo?), un sistema nervioso muy potente y un corazón que será el único perpetuum mobile de nuestra vida. Pero ahí acaban las semejanzas. 

Hay quien supera las adversidades, juega bien sus cartas y logra una vida extraordinaria y feliz. Hay quien tuvo suerte desde el principio y la supo aprovechar, y también tuvo una vida extraordinaria. Están sus némesis, desdichados que se echan a perder y afortunados que hacen lo mismo. Y en la tiranía de lo extraordinario quedamos los mediocres en el medio sin saber qué hacer. 

Ahora mismo aspiro a ser una mediocre feliz. Mediocre para el sistema, una piececita más del engranaje, necesaria pero reemplazable. Pero feliz por la grandeza que hay en mi vida. Soy tan afortunada por tener el lujo de expresarme, de leer, de viajar, de pensar, de amar a quien quiera, de ser libre. Y lo conseguiré.

Pero qué hago con quien no tiene esa suerte. Qué hago... Nada. No me corresponde a mí.

Hasta mañana.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Mañana

Mañana escribo en condiciones, lo prometo. Hoy he estado muy ocupada maquillándome, abrazando a mi hombre y toqueteando todos los botones de su coche, cenando y viendo una peli. Y bajando las escaleras. El pobre, tan comprometido con la causa como yo, me está sujetando para que no me caiga. Hay que quererlo. 

En fin. Que mañana más y muy probablemente mejor.

martes, 4 de octubre de 2022

Kyra Pro

Nunca me ha entusiasmado demasiado hacer deporte. La natación mola, pero es caro y lleva mucho tiempo y da pereza.

A mí lo que me gusta es bailar. 

Lo descubrí en marzo de 2019 cuando fui a mi primera clase de danza oriental. Me encantó desde el primer momento, fue como sentirme conectada a la tierra por unas raíces que no sabía que tenía. 

Y luego, Primor me presentó los vídeos de Kyra Pro, una chica de Estados Unidos (¿creo?) que hace vídeos de entrenamientos. Los tiene de varios tipos: de caminar, calentamiento, yoga… pero los mejores son los de baile. 

Las canciones son casi todas éxitos del pop y musicales, lejos del reggaeton imperante en la radio. Las coreografías son divertidas y bastante asumibles. Pero lo mejor es lo princesa que es: baila con un entusiasmo que da gusto, siempre sonriente. Dan ganas de invitarla a un café y escuchar cómo te cuenta su vida.

Llevaba tiempo sin practicar, pero desde hace un par de semanas lo he vuelto a retomar. No sé por qué lo había dejado con lo feliz que me hace. Todavía no estoy al 100%, pero poco a poco. Mañana más. 

lunes, 3 de octubre de 2022

Yo hablo y él escucha

Para tener ocho años, mi sobrino está muy preadolescente. Sin ir más lejos, a veces me cuesta la vida levantarlo por las mañanas para ir al cole. Bueno, la vida... tampoco. Lo que tardo en hacerle unas cuantas cosquillas y cantar hasta que se levanta para no oírme. 

En otra ocasión escribí sobre los personajes que invento para hacerle reír, pero en días en los que está especialmente cansado, me he dado cuenta de que lo que mejor funciona es hacerle un monólogo al estilo del Club de la Comedia. 

Básicamente, le cuento lo que he hecho desde la última vez que lo vi. Lo que me gustó, exagerando. Lo que no me gustó, exagerando más aún. Y mientras yo interpreto, él se ríe y desayuna y se viste.

Mientras vamos hacia el cole no me puedo poner tan barroca, obviamente, pero aun así me pongo a contarle mi vida. Los libros que he leído o estoy leyendo, lo que voy a hacer, y de paso le pido su opinión. Hoy, por ejemplo, me ha recomendado que me conforme con el único libro que tengo en francés en casa para leer. Al final le he hecho caso a medias, porque por suerte he encontrado mi ejemplar de la segunda parte de Los tres mosqueteros, pero ya hablaré de eso en otra ocasión. 

Debería estar acostumbrada a estas alturas y sé que me repito, pero es que me deja flipando. Lo que piensa, lo que dice y con cuánta atención me escucha. No es que yo suela decir lo primero que se me pasa por la cabeza de normal; intento ser bastante consciente de lo que digo. Pero delante de mi sobrino extremo las precauciones, ya que todo lo que diga puede ser cuestionado o (peor aún) imitado.

Y sin embargo, a veces meto la pata. Hoy se me ha ocurrido decirle que escribo sobre él y no le ha hecho ninguna gracia. Por lo que me he comprometido a enseñarle un par de entradas y, si le parece mal, no volveré a mencionarle por aquí.

(Porfa, porfa, déjame, que no cuento nada malo y no doy muchos detalles... ¡y te llevaré a La pequeña pastelería de mamá!*)

*Pese a lo que pueda parecer aquí, chantajear a los niños está mal y hacerlo con azúcar está fatal. Haced lo que diga y no lo que yo haga.

domingo, 2 de octubre de 2022

Las apariencias engañan

Si hace unos días escribía que la novelita italiana que estoy leyendo es una chuche para no pensar, ahora me toca desdecirme. 

Es ligera, pero entre pasteles franceses y paseos por el Sena esconde algunas perlas llenas de sabiduría. Nada que no haya leído antes en otro contexto y con otras palabras. No hay tantos tipos de historias ni tantos mensajes, llega un punto en el que es difícil impresionarme. Pero sí me ha sorprendido encontrarme esos mensajes en esta lectura tan de verano, tan de pasar el rato. Más de una se va a sentir identificada leyéndola.

Además, ha habido un ligero giro argumental hacia el final que no me esperaba. Una parte de mí se siente tonta por no haberlo visto venir, porque no era tan complicado, pero echo de menos sorprenderme. Y estoy leyendo en un idioma que no domino del todo: me tengo que detener de vez en cuando a releer. Es lógico que se me hayan escapado detalles con los que podría haber deducido este giro. Y me parece bien. 

Resumiendo, que estoy disfrutando mucho del libro, pese a que no es una obra maestra ni muchísimo menos. Y que me voy a acabarlo ya porque no aguanto más. 

sábado, 1 de octubre de 2022

Día raro

No soporto no hacer nada los fines de semana y hoy ha sido un día demasiado tranquilo. Nada que una cenita improvisada en el salón y una peli no arreglen. Oh, y un libro nuevo. El segundo de Pepe Saurio. Algún día escribiré sobre libros para niños que me encantan.