¿Cómo se vive una vida? ¿Dónde o cuándo se aprende a vivirla? ¿Para qué? Y si las cosas han ido mal, ¿hay siempre remedio mientras hay vida? Una vida rota, quemada y maltratada una y otra vez, ¿se puede enderezar a los setenta años? ¿Darle alegría?
¿Y a los cuarenta y tres? ¿A los cuarenta? ¿A los treinta y dos? ¿A los veintinueve? ¿A los ocho?
Si bien no elegimos las circunstancias, sí elegimos cómo vivir en nuestras circunstancias dentro de lo posible. Incluso cuando no se elige se elige.
¿Y si las circunstancias golpean una vez tras otra? ¿Cada año, como el monzón? ¿Cada dos, o cada cuatro? ¿Hasta dónde habría que volver atrás? ¿Sigue habiendo remedio?
¿Y cómo se arregla una vida? ¿Con frases de Mr. Wonderful y "mucho esfuerzo"? ¿Con dinero? ¿Con suerte? ¿Con las tres cosas? ¿Y qué se hace si no son las circunstancias, sino la persona? ¿O si son las circunstancias y la persona? ¿O si una es causa de la otra y así en un círculo vicioso?
Puede que nos parezcamos al nacer. Si somos lo bastante afortunados de encajar en lo que se considera normal para nuestra especie, tendremos dos ojos, dos orejas, una boca, cuatro extremidades, veinte dedos, veintiocho dientes (¿creo?), un sistema nervioso muy potente y un corazón que será el único perpetuum mobile de nuestra vida. Pero ahí acaban las semejanzas.
Hay quien supera las adversidades, juega bien sus cartas y logra una vida extraordinaria y feliz. Hay quien tuvo suerte desde el principio y la supo aprovechar, y también tuvo una vida extraordinaria. Están sus némesis, desdichados que se echan a perder y afortunados que hacen lo mismo. Y en la tiranía de lo extraordinario quedamos los mediocres en el medio sin saber qué hacer.
Ahora mismo aspiro a ser una mediocre feliz. Mediocre para el sistema, una piececita más del engranaje, necesaria pero reemplazable. Pero feliz por la grandeza que hay en mi vida. Soy tan afortunada por tener el lujo de expresarme, de leer, de viajar, de pensar, de amar a quien quiera, de ser libre. Y lo conseguiré.
Pero qué hago con quien no tiene esa suerte. Qué hago... Nada. No me corresponde a mí.
Hasta mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!