Es ligera, pero entre pasteles franceses y paseos por el Sena esconde algunas perlas llenas de sabiduría. Nada que no haya leído antes en otro contexto y con otras palabras. No hay tantos tipos de historias ni tantos mensajes, llega un punto en el que es difícil impresionarme. Pero sí me ha sorprendido encontrarme esos mensajes en esta lectura tan de verano, tan de pasar el rato. Más de una se va a sentir identificada leyéndola.
Además, ha habido un ligero giro argumental hacia el final que no me esperaba. Una parte de mí se siente tonta por no haberlo visto venir, porque no era tan complicado, pero echo de menos sorprenderme. Y estoy leyendo en un idioma que no domino del todo: me tengo que detener de vez en cuando a releer. Es lógico que se me hayan escapado detalles con los que podría haber deducido este giro. Y me parece bien.
Resumiendo, que estoy disfrutando mucho del libro, pese a que no es una obra maestra ni muchísimo menos. Y que me voy a acabarlo ya porque no aguanto más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!