lunes, 3 de octubre de 2022

Yo hablo y él escucha

Para tener ocho años, mi sobrino está muy preadolescente. Sin ir más lejos, a veces me cuesta la vida levantarlo por las mañanas para ir al cole. Bueno, la vida... tampoco. Lo que tardo en hacerle unas cuantas cosquillas y cantar hasta que se levanta para no oírme. 

En otra ocasión escribí sobre los personajes que invento para hacerle reír, pero en días en los que está especialmente cansado, me he dado cuenta de que lo que mejor funciona es hacerle un monólogo al estilo del Club de la Comedia. 

Básicamente, le cuento lo que he hecho desde la última vez que lo vi. Lo que me gustó, exagerando. Lo que no me gustó, exagerando más aún. Y mientras yo interpreto, él se ríe y desayuna y se viste.

Mientras vamos hacia el cole no me puedo poner tan barroca, obviamente, pero aun así me pongo a contarle mi vida. Los libros que he leído o estoy leyendo, lo que voy a hacer, y de paso le pido su opinión. Hoy, por ejemplo, me ha recomendado que me conforme con el único libro que tengo en francés en casa para leer. Al final le he hecho caso a medias, porque por suerte he encontrado mi ejemplar de la segunda parte de Los tres mosqueteros, pero ya hablaré de eso en otra ocasión. 

Debería estar acostumbrada a estas alturas y sé que me repito, pero es que me deja flipando. Lo que piensa, lo que dice y con cuánta atención me escucha. No es que yo suela decir lo primero que se me pasa por la cabeza de normal; intento ser bastante consciente de lo que digo. Pero delante de mi sobrino extremo las precauciones, ya que todo lo que diga puede ser cuestionado o (peor aún) imitado.

Y sin embargo, a veces meto la pata. Hoy se me ha ocurrido decirle que escribo sobre él y no le ha hecho ninguna gracia. Por lo que me he comprometido a enseñarle un par de entradas y, si le parece mal, no volveré a mencionarle por aquí.

(Porfa, porfa, déjame, que no cuento nada malo y no doy muchos detalles... ¡y te llevaré a La pequeña pastelería de mamá!*)

*Pese a lo que pueda parecer aquí, chantajear a los niños está mal y hacerlo con azúcar está fatal. Haced lo que diga y no lo que yo haga.

1 comentario:

  1. Soy su sobrino. No me parece mal que escriba sobre mí:) porque no escribe nada malo.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!