Estando hoy por Valencia he visto un libro que me ha llamado la atención, Contra la igualdad de oportunidades. Es un tema del que se habla mucho, pero que resulta fácil ignorar en la práctica. ¿Por qué estaría alguien en contra de la igualdad de oportunidades? Porque hay gente que lo tiene más fácil, y resulta más conveniente dar a cada persona lo que necesita.
No he leído el libro, ni creo que lo haga, pero espero que en alguna sección se diga que todo el mundo necesita algo.
En cualquier caso, había dejado ese tema en la recámara de mi subconsciente hasta esta tarde, mientras volvíamos a casa. Es un ejemplo muy tonto, pero creo que ilustra bastante bien la tesis de ese libro.
Hacía mucho calor, y mucho sol. La única forma que teníamos él y yo de ir por la sombra es ir en fila india. No quería quedarme atrás, así que decidí seguirle el ritmo: caminaba exactamente a la misma velocidad, como dos soldados de la guardia británica. Uno, dos, uno, dos. Pero en vez de mantener la distancia, yo cada vez me quedaba más lejos.
Ah, sí, no lo había mencionado: mi novio es unos doce centímetros más alto que yo.
Los dos hacíamos el mismo esfuerzo para mantener ese ritmo, un ritmo bastante sosegado, pero no íbamos a la misma velocidad. Porque sus zancadas son, inevitablemente y por naturaleza, más largas que las mías.
Igualdad de oportunidades sería que a ambos se nos pidiese recorrer esa calle y se recompensase al más rápido, sin importar nada más. Pero no sería equitativo, ya que invirtiendo el mismo esfuerzo, él parte con ventaja. Yo tendría que esforzarme más para ganar.
Trasladado a un ejemplo más realista, seguro que salen doscientos argumentos. El primero sería que bueno, que yo podría ser más rápida si en vez de andar corriese. Y sería verdad... hasta que él decidiera correr. Y si Usain Bolt se uniese a la competición, nos ganaría a los dos incluso dándonos unos segundos de ventaja. Daría igual cuánto nos esforzásemos los dos: simplemente, Bolt lo tendría más fácil.
Es difícil dar a cada persona lo que necesita para competir. Dependiendo del caso, habrá quien se pregunte si es siquiera necesario. No pretendo saberlo todo, habría que estudiar cada situación. Pero en general, considero que sí. Es necesario que todos podamos llegar al final de la calle, sea como sea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!