Puede que sea porque tengo un colocón de azúcar importante ahora mismo, pero me siento muy cariñosa y con ganas de abrazar a mimar.
Puede que sea porque él y yo no nos hemos visto casi esta semana y tengo unas ganas locas de agarrarme a él con todas mis fuerzas.
O porque me tiene que venir la regla pronto. O un efecto secundario de dormir poco. O porque estoy poniéndome al día con The good doctor. Me pongo blandita viendo series y hacía tiempo que no tenía una noche de maratón de episodios.
Pero estoy muy amorosa precisamente el fin de semana que más sola estoy. ¿Ironía o causalidad?
¿Es una coincidencia y mala suerte? ¿O la confirmación de que es necesario el contraste con lo negativo para valorar lo positivo?
Igual me arrepiento de confesar esto pero soy… quejica. No, un momento, la presentación lo es todo. Inconformista. Y lo peor es que a veces disfruto siéndolo. ¿Qué clase de adulta se comporta así?
Llamé a este blog La reconstrucción de Babilonia para recordarme dos cosas.
Que todo lo que ha sido destruido puede construirse de nuevo.
Y que las personas, como las ciudades, nunca estamos terminadas. No hay una inauguración de Madrid, obra concluida tras pavimentar todas las plazas del centro.
Y no la hubo de mi abuelo… bueno, puede que sí. Vivió como quiso dentro de sus posibilidades y se fue en paz.
¿Es ese el objetivo? ¿Añadir barrios, reparar baches, actualizar farolas, proteger fachadas, asegurarse de que la ciudad tiene de todo y funciona, cuidar de sus habitantes de la mejor manera posible hasta el momento final? Inauguración y final son un acto simultáneo y breve.
Como una tos. O como una estrella fugaz. Al final, todo depende de la impresión que se deje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!