Cumplir años es tan traumático a partir de los treinta, que debería ser obligatorio por ley celebrarlo durante toda una semana. O más.
El martes fue la familia. El jueves, Primor y Abracitos. Y hoy, el Estupendo, el Concejal y la Chiquillera, amigos de él.
Me encanta sentirme celebrada y homenajeada. Ya que este año no está resultando como me habría gustado, que al menos la transición entre números sea agradable. Y toda excusa para comer tarta es buena.
Ya solo me queda celebrarlo con Jung (pero eso ya el mes que viene) y quizá celebrarme yo misma un par de veces más. Esta década es tan dura…
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!