Me ha llevado veintinueve días de desafío el darme cuenta de que seguramente el propósito del mismo no era publicar en un blog los textos resultantes. Pero ya es tarde y aquí estamos. Hablemos del futuro... Qué poco me apetece.
¿De cuánto tiempo en el futuro estamos hablando? Porque si se trata de unas horas, mis planes son ponerme guapa para salir a tomar algo con el club de lectura. No hay reunión, es simplemente una quedada social. Y la verdad es que me apetece, son gente maja.
Si hablamos de dos semanas vista, quiero empezar a leer el libro del club (Gypsy boy, a ver qué tal) y deshincharme un poco antes de la boda que tenemos en septiembre. El vestido hay que lucirlo en condiciones, ché.
Más allá de eso... Actualizar el currículum, buscar trabajo y poner en marcha un par de ideas, a ver qué sale de ahí.
Lo que más ilusión me hace de lo que queda de año es mudarme con él. También lo que más miedo me da; he vivido con compañeros y con mi familia, pero esta será una experiencia distinta. A ver si llega ya.
En el gran esquema de las cosas... ¿no lo sé? Quizá ahora que he demostrado que puedo escribir aquí a diario me decida a publicar los post en Instagram. Tal vez inicie algún otro proyecto. Pero los grandes planes ya no dependen de mí sola. Y todavía no sé qué quiero ser de mayor.
Es curioso. Me siento anciana desde los 26, pero al mismo tiempo siento que soy una cría y que no maduraré jamás. Ni lo uno ni lo otro, seguramente.
La habitación se está oscureciendo y no veo por dónde desarrollar más. El futuro no existe. No tenía motivos para creerlo hasta marzo de 2020, cuando la vida que había planeado se deshizo en mil pedazos. ¿Para qué planear? Al final, el azar tiene la última palabra. Siempre se puede jugar con las probabilidades, pero no hay nada seguro.
Ugh, qué intensita estoy. Me voy a por un vino, que apetece.
PD: Acabo de fijarme en que en realidad era "objetivos de futuro". Igual da.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!