Desde que empezó el curso, llevo a mi sobrino al cole tres veces a la semana. Me toca despertarlo, darle el desayuno y asegurarme de que sale bien vestido y peinado por la puerta. Y con la cara limpia. Lo cual, teniendo en cuenta su habilidad para tomarse el Colacao hasta por los codos, no es fácil.
Para hacerle más amenas las mañanas, me invento jueguecitos y personajes. Así, mientras le sirvo el desayuno hablo con acento italiano y le pregunto si quiere que le eche al Colacao zumo o caldo de pollo.
Hoy, por variar un poco, he hecho de robot. “Dar cuatro pasos hasta el fregadero. Parpadear para parecer humana”… El peque se ha reído mucho.
Pero mi personaje favorito es el sastre francés. Pongo el peor acento francés que se me ocurre y lo exagero al máximo mientras le doy indicaciones de cómo vestirse. El primer día le insistí en que debía ponerse los calcetines en el lugar adecuado y no en la cabeza o en las manos. A veces todavía lo intenta para picarme.
Y así, entre bromas, cosquillas y personajes pintorescos, me lo llevo al cole. Durante el camino me hace muchas preguntas, a veces me cuenta sus cosas. Y cuando nos paramos en un semáforo, me abraza.
Ya tiene ocho años; le va a durar la dulzura y el encanto dos días. Pero qué dos días más divertidos.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!