Nakama, además de ser un buen amigo, es andaluz. De Almería, para más señas. Y nadie prepara tostadas con tomate como los andaluces.
Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que pedí una tostada en Granada, en primero de carrera. Primero les sorprendió que no supiera que media tostada es media barrita de pan cortada por la mitad y una tostada entera, las dos partes de la barrita. Después, que no pidiese tostadas con tomate, sino simplemente con jamón. Por último, la estupefacción máxima llegó cuando indiqué expresamente que no quería aceite en la tostada. "¿Quieres la tostada sola?" "No, con jamón". "Ya, pero... ¿seca?"
Qué se le va a hacer, todos cometemos errores en nuestra adolescencia tardía por ignorancia. Por entonces no sabía que uno de los mayores manjares de esta vida es el pan con aceite. Y tardé aún más en apreciar el pan con aceite y tomate.
Debíamos de estar Nakama y yo desayunando un día en la residencia cuando se puso a describirme las tostadas que le preparaba su abuela, las mejores del mundo. El secreto, según él, estaba en mezclar el tomate y el aceite antes de untarlo sobre el pan. Y siempre poner unas gotitas de aceite sobre el pan antes de echar la mezcla.
Habrá echado de menos sus desayunos durante los días que pasó en mi casa, porque aquí somos de hummus y queso. Pero tuvo a bien darme un último truco para distinguir una tostada corriente de una de calidad superior: la forma en que se presenta el tomate.
En muchos sitios de Valencia, donde no tenemos tanta cultura de tostada (aquí somos más del esmorçar a media mañana), se estila el tomate triturado. No está mal, pero coge un color muy feo y parece más una espuma que otra cosa. No resulta tan apetitoso ni tan rico.
Una auténtica tostada con tomate a la andaluza se hace con tomate rallado, sin la piel. Y aunque me mostraba escéptica, Nakama tiene toda la razón. Esta mañana, después de dejar al peque en el cole, he desayunado una tostada maravillosa, con tomate rallado y jamón del bueno. Y me ha sabido a gloria.
Tanto, que he resuelto casi todo lo que tenía pendiente para hoy en menos de dos horas. Inclusive escribir la entrada de hoy, que no es la mejor que he escrito, pero sí una de las que me ha pillado más enérgica y contenta. Mañana más, aunque no haya tomate.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!