En esto que se sienta delante una chica joven a punto de llorar, muy nerviosa y con una mano debajo de la axila para aliviarse el dolor.
Le hemos preguntado si estaba bien, si necesitaba algo. Pañuelos, hablar, lo que sea. Nos ha dicho que no y no hemos querido molestarla, pero estaba fatal.
Al poco, ha venido otra chica joven y se ha sentado con ella. Más resuelta que nosotros, ha logrado que hable. Alguien se había metido con ella y le había pegado y arrancado un pendiente por ser rumana, llegando a decirle que se fuera a su país. A una cría de catorce años.
La recién llegada la ha abrazado e invitado a denunciar. La niña ha dicho que no, pero al menos dejó que la acompañaran a casa y le dieran agua. Casualmente ambas viven en mi calle, ojalá vuelva a verlas.
El mundo está lleno de buenas personas. Muchas son maltratadas. Y muchas están dispuestas a ayudar, y lo hacen. Solo por eso el mundo sigue en pie: siempre hay más amor que odio. Triste consuelo para una situación que no debería producirse jamás, pero es todo lo que tengo hoy.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!