viernes, 16 de septiembre de 2022

Castillos de arena

Soy una constructora de castillos de arena profesional. 

Me llega una idea y la dejo volar, la moldeo y le doy forma. Podría volver a estudiar. Podría dedicarme a esto. Podría irme a Suiza. Podría irme donde quisiera. 

Solo tendría que hacer esto. O esto otro. Y todo sería perfecto. Y el castillo cobraría vida, y se llenaría de luces y de gente. Estaría rodeado por un jardín precioso, cerca de un río lleno de peces de colores. Y siempre habría un arcoíris de día. Y siempre se verían las Estrellas de noche. 

Entonces le doy un manotazo. O lo golpea una piedra. O sube la marea. O me olvido de él y me voy. Y a la mañana siguiente solo quedan las ruinas de lo que fue un sueño maravilloso. Y me sorprendo, como si los castillos de arena estuviesen hechos para durar.

Un castillo debería ser de roca, duradera. Y me digo que no lo haré más, que la próxima vez lo haré bien. 

Pero entonces recuerdo que la arena no es más que roca desmenuzada. Esto debe significar algo. El qué, no lo sé.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!