Al final cada una eligió a su favorita. Yo me quedé con Piper (además, tenía los mejores poderes) y Paige… bueno, nunca había visto la serie.
Pero Phoebe es muy Phoebe. Mística y mágica, practica yoga y se le da muy bien la fotografía. Además, su nombre real es de una piedra semipreciosa también.
Paige es como habría sido yo de haber tomado las decisiones adecuadas. Traductora, adora bailar y la playa. En el trabajo, éramos las encargadas de alemán, por lo que éramos auténticas compañeras de batalla: responder a algunos clientes une más que luchar en Vietnam. Es jovencísima y monísima y en cierto modo la considero mi pupila, por lo que insisto en aconsejarle que no sea tan idiota como yo y aproveche su veintena.
Por desgracia, a nuestra supervisora le salió muy rana nuestra contratación. Yo fui la primera en desertar. Poco después, Phoebe tuvo problemas de salud y volvió a su país una temporada. Y a finales de verano, Paige también lo dejó para volver a estudiar. De las Embrujadas no quedó ni una.
Sin embargo, bien está lo que bien acaba. Phoebe está recuperada y, para celebrar su regreso a España, nos vamos las tres a cenar. Y quién sabe, si hace falta perseguir a algún demonio, se hace. El Poder de Tres ataca de nuevo.
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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!