Buscando información, descubrimos que el antiguo barrio musulmán se parece a Chefchaouen, la ciudad azul del norte de Marruecos. Por suerte, la ruta del agua lo recorre entero y llega hasta el río. En total, han sido unas tres horas de pasear y respirar aire puro.
Hemos visto casitas preciosas, muchas con una decoración de Halloween que las hacía más bonitas, si cabe. Y plantas alienígenas. Y gatos. Y una mariposa lindísima que nos ha hecho el favor de posar para la foto. Y hemos recorrido una cueva a lo Indiana Jones. Dos veces. También hemos visto una cascada, una presa, una iglesia-mezquita y un restaurante estupendo en el que no hemos podido comer porque estaba todo reservado. Tendremos que volver.
En días como hoy, festivos raros en mitad de la semana, es importante salir y hacer algo. Si puede ser en buena compañía, mejor. De lo contrario, es fácil caer en las garras del sofá y la tele. Y la verdad… Chelva es más bonita.
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