Por alguna razón, hoy me he acordado de que yo también tuve catorce años. De eso hace dieciocho.
Y dieciocho son los años que llevo escribiendo y abandonando blogs. De hecho, puede que empezase incluso antes. Si me paro a pensar en mi primer blog, casi recuerdo la interfaz de bitácoras.com. Era una cría, solo me leían adultos, y viéndolo con la perspectiva que dan los años, me entran ganas de volver a aquella época, darme un abrazo muy fuerte a mí misma e invitarme a seguir leyendo y a escribir para mí, porque aquello no era muy normal.
No fue en ese blog en el que me llevé un susto, sino en otro, que no nombraré, que sigo teniendo guardado en el perfil en modo borrador. Duró tres meses, pero bastaron para condensar toda la angustia que sentía en los últimos meses de tercero de ESO, cuando estaba a punto de cambiar de instituto y de vida. Aunque lo segundo todavía no lo sabía.
Fueron meses intensos de muchas páginas, varias entradas y dos fantasmas. El primero me dio un susto de muerte y cerré el blog. El segundo me transformó y marcó durante más de una década, tanto para bien como para mal. Pero prefiero quedarme con lo que fue para bien, porque es lo que me ha traído hasta aquí.
He leído algunas entradas de aquella época. Qué cría. Qué sentimientos. Qué seguridad. Qué inseguridad. Qué hostia más bien dada tenía, por favor. Y al mismo tiempo, se me parte el alma cuando me leo. No sabes lo triste y sola que te has sentido hasta que lees las cartas que te escribiste hace casi veinte años, con todo ese dolor cristalizado esperando ser visto.
He husmeado un poco más, buscando alguna frase salvable de aquella época para publicar por aquí, pero he desistido después de ver que hace dieciocho años le tenía mucha tirria a Uma Thurman. Uma: si me leíste en 2005 y por alguna razón todavía me sigues, que sepas que lo siento muchísimo. No sabía lo que decía. Eres una pedazo de actriz y lo mejor de Pulp Fiction después de Samuel L. Jackson.
En cuanto a mi yo adolescente, ojalá pudiese teletransportarme a aquella época, llevarme a mí misma a la terraza en una noche clara sin luna a ver las estrellas (algo que ambas seguimos teniendo en común), y decirme: "Cariño, casi nada de lo que te pasa es culpa tuya. Y de lo que sí, ya me encargaré yo. Eres preciosa, inteligente, tienes un pelazo y deberías probar los canónigos con hummus te quiero".
Aunque si contenemos todas las versiones de nosotros mismos, como copias de seguridad infinitas en forma de matrioshka, quizá mi yo de catorce años me mande, como era su costumbre, "besitos".
Voy a cenar. Ensalada de canónigos y hummus, primera vez desde la operación. Que el estómago me acompañe.
Te quiero, ahora y cuando tenías 14 años 🤗 Eres la mejor 😘
ResponderEliminar