Belén Segarra es una artista valenciana muy especial.
La descubrí por accidente, una mañana que iba paseando por Valencia. De casualidad encontré una tienda de objetos curiosos, Sebastian Melmoth, cerca de mi tienda preferida de té. Ahora han cambiado de ubicación, pero no importa.
Entré la tienda y, curioseando, encontré la baraja de tarot más bonita del mundo. Era de Belén Segarra.
También estaba un poco por encima de mi presupuesto para esa mañana.
Pero tenía los exámenes de la EOI encima y me prometí que, si aprobaba el B2 de Francés y de Alemán, me la compraría.
Unas semanas después, volví y me la compré.
En el tarot, como en el horóscopo, la numerología y la quiromancia, no creo, pero me gusta jugar a creer. No deja de ser una forma divertida de construir historias. Y si prestas atención, puedes aprender mucho de ti. Desde que me la compré, me he tirado las cartas por mi cumpleaños y por año nuevo. Por supuesto, también he echado cartas a los demás, con más éxito que conmigo misma. Y aunque no recuerdo ni la mitad de mis predicciones, siempre es divertido.
Lo que más me llamó la atención de la baraja es el contraste entre lo luminoso, alegre y naïf de los colores, y lo turbio y oscuro de las figuras cuando se les presta atención. La foto de abajo no es un buen ejemplo porque mis preferidas son las más bonitas y puras, pero se puede apreciar su estilo:
Me entusiasmé tanto por la baraja que me puse a averiguar más sobre Belén. Visité su web y empecé a seguirla por Instagram. Y me enamoré de su estilo.
Es una tontería, pero para mí fue desbloquear un nuevo nivel de personalidad. Intentaré explicarlo. Durante mucho tiempo fui bastante seria, formal, clásica y reservada. Sigo siéndolo, pero menos.
En algún momento, empecé a soltarme la melena, a pasármelo bien, a divertirme, a curiosear, a reírme y a descubrir cosas nuevas. Fue como ver por primera vez los colores después de llevar mucho tiempo viviendo en blanco y negro. Con Belén Segarra lo que descubrí fue la belleza de lo perverso, algo que apeló a un lado de mí que no sabía que tenía, distinto a todo lo que creía saber de mí.
Un lado salvaje, animal, instintivo, visceral y precioso. Una yegua corriendo por la playa, un halcón volando en picado, una leona atravesando la selva.
Un lado que me encanta.
Gracias a Belén Segarra me gusto un poco más. Y aunque sea para descubrir cosas nuevas, espero que le echéis un ojo a su web.

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