Llevo días durmiendo poco y mal, razón por la cual hoy me encuentro cansada y sin una pizca de imaginación. Vuelvo a tirar de desafío. Hoy tocaría "cosas que me hacen feliz", pero creo mi entrada de ayer fue una fusión de ambas. Así que paso directamente al tercer desafío: un recuerdo.
Estas semanas estoy bastante atareada organizando el cumpleaños de mi hermana. Probablemente por eso, la primera historia que me ha venido a la cabeza es la de aquella vez en la que casi consigue que me metan en la cárcel.
De pequeña yo era toda una rebelde. Fumaba (mi padre me dio una calada a un caliqueño, tosí, no quise volver a saber nada), bebía (por accidente me tomé un cubata de ginebra con naranja en el chalé de una amiga de mi madre) y me drogaba (me empaché a aspirinas infantiles)*. No es de extrañar, pues, que el siguiente paso fuese cometer un delito.
Todo empezó un maravilloso día de verano. Mis padres, mis hermanas y yo fuimos a pasar el día a casa de otra amiga de mi madre. Yo era pequeña, tenía menos de cinco años, y llevaba un precioso sombrero de paja de color fucsia. Este dato es importante.
No recuerdo muy bien a qué se dedicarían mis hermanas aquel día, pero yo me lo pasé pipa jugando con Ratlletes, el gato de la casa. No teníamos mascotas en casa y me encantaban los gatos, qué puedo decir. Tan bien me lo pasé, que no quería irme a casa para no separarme de él.
En ese momento, mi hermana Talía** me susurró: "¿Y por qué no te llevas el gato escondido en el sombrero?"
Era pequeña, pero sabía reconocer una idea brillante cuando la veía. ¡Por supuesto!
Ni corta ni perezosa, cogí al gatito e intenté meterlo en el sombrero. Todavía no entiendo por qué se resistía tanto, de verdad... En fin, al final aparecieron mis padres y la amiga de mi madre, y me pillaron in fraganti sujetando al pobre gato para que se estuviese quieto.
Al final me obligaron a soltarlo y el pobre gato salió escopetado. Mi hermana se rió tanto que le dolió la tripa.
Poco después, nos contó mi madre que Ratlletes se había ido de casa y no había vuelto. Yo creo que se fue para buscarme. Pero claro, vivíamos lejos...
La moraleja de esta historia es que todos tenemos un pasado y hay que aceptarlo. Me costó lo mío, pero me he reconciliado con esa época oscura de mi vida. O también podría ser que hacerle caso a mi hermana casi nunca es una buena idea. Os dejo elegir. Hasta mañana.
*Sí, mis padres fueron bastante negligentes, pero no precisamente por estas anécdotas. Bueno, por el tabaco sí. Por lo demás, yo era muy sigilosa cuando quería.
**No es su nombre, es que es doctora en Teatro Contemporáneo. Debería llamarla "la Teatrera" o "la Drama", pero sospecho que se lo tomaría mal.
Yo no estaba ese día, y cuando me enteré no podía creerlo... 🤣 No parecía propio de ti 😅
ResponderEliminar