jueves, 16 de junio de 2022

Los días que guardaría para después

El día de hoy ha sido un desperdicio. Sin entrar demasiado en detalles, no he dormido bien y me he despertado bastante triste. 

Tengo muchas cosas en la cabeza ahora mismo, pero probablemente la que más me atormenta sea la operación del lunes y todo lo que la rodea. Pero para explicarme, tengo que dar un poco más de información.

Tengo una hernia umbilical, que en pocas palabras, significa que tengo una especie de agujero en el músculo del abdomen. La operación para solucionarlo, por lo que he averiguado, consiste en poner una pequeña malla por dentro y coserla. Y ya estaría. 

Es una operación sencilla, rápida y no suele presentar complicaciones. Además, he tenido la suerte de no estar en lista de espera mucho tiempo: menos de un año. Si no pasa nada, ese mismo día podré irme a casa. 

¿Por qué estoy tan agobiada y mal por este tema, entonces? Por varias razones.

La primera es la falta de empatía y calidez del sistema sanitario. Y aunque, tal y como están las cosas, debería considerarme privilegiada por tener acceso a una sanidad gratuita y de calidad, me niego a considerarlo un lujo. No lo es. Eso es lo mínimo que merecemos, y debemos esforzarnos por conseguir una sanidad mejor. Lo cual incluye exigir medidas que permitan a los profesionales ser más empáticos y ofrecer una atención más personalizada. Por concretar un poco, lo que me enfada de mi caso concreto es que el anestesista, más preocupado por evitar una demanda que por mí, no se atreviese a explicarme la operación. Soy consciente de que un cirujano y un anestesista son profesionales distintos, pero tras años de experiencia es más que probable que sepa cómo va a ser mi operación y que pudiera darme alguna respuesta, aunque solo fuese para tranquilizarme. También me enfada no haber tenido la posibilidad de hablar con un cirujano desde agosto del año pasado y que la que me vio entonces fuese fría, antipática y no mostrase nada de humanidad ni de compasión. Para quien ha estudiado Medicina durante años, resulta sencillo entender que mi operación es una tontería y nada de lo que preocuparse. Yo hubiera necesitado una conversación abierta sobre esta cirugía y que me lo explicasen todo bien. 

La segunda razón está relacionada con la primera: nadie sabe si me voy a quedar en el hospital una noche o no. Depende de si hay complicaciones, dicen. Muy bien, ¿y cuáles son esas complicaciones? Me da igual que no dependa de mí: me gustaría saberlo. Espero de corazón no tener que quedarme. Cruzo los dedos.

La tercera es que llevo tiempo comiendo mejor para estar mejor, pero desde que sé lo de la operación siento una presión brutal por ser "perfecta". Por comer solo cosas sanas, por no meter la pata, por tener mucho cuidado. Sé que estoy haciendo lo que puedo con la situación que tengo, pero siempre siento que podría hacer más y me angustio. Y es una sensación horrorosa, y me pongo nerviosa, y entonces me apetecen cosas que no son sanas y acabo peleando conmigo misma todo el día. Es agotador. En serio.

Pero la cuarta y última, que objetivamente es la más estúpida, es la que más a menudo me viene a la cabeza: tengo pánico a que me pongan la vía en la mano. Me dan pánico las agujas, cada vez que me sacan sangre me mareo y tengo que esforzarme mucho por estar tranquila y relajada. Pero a los análisis estoy más o menos acostumbrada. Sin embargo, el pinchazo para la vía duele mucho, y no siempre me pillan la vena a la primera. ¡Y no puedes llevar gafas hasta el momento en el que te duermen! ¿Tanto le costaría a alguien quitártelas en el último momento y ponértelas luego?

Drama, drama, drama... Quizá podría resumir todo esto en que, pese a la evidencia que me demuestra que todo va a salir bien, tengo un poco de miedo. 

Sé que no puedo hacer mucho hasta que esto pase más que aguantarlo como pueda y divertirme cuando surja la ocasión. Y que básicamente mi problema hoy es que he estado demasiado ociosa. Pero, ¿no sería genial poder guardarse estos días para después? ¿Saltar al lunes directamente y vivir estos días más tarde, ya tranquila y capaz de disfrutarlos? A veces la realidad resulta decepcionante. 

La calle está más transitable a estas horas, así que me voy a dar un paseo y a comprar plátanos. Café ya compré ayer. Descafeinado, por supuesto. 

Nos vemos mañana.

2 comentarios:

  1. Espero que todo salga muy bien. Todos esos pensamientos son normales y los profesionales sanitarios demasiado saturados para atendernos.

    Sobre lo de ser perfecta: nadie lo es. No te atormentes. Cuando más te agobias más te apetece comer mierdas... seguro que ya lo sabes. Pasear ayuda pero es muy mala época para eso.

    Espero leer pronto que estás mejor. Un abrazo enorme

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que es mala época para pasear, sí. Poco a poco :) Por suerte todo salió bien, y esta cirujana fue todo lo simpática y amable que no fue la que me vio el año pasado. Hay gente buena en todas partes. Gracias por tus palabras. ¡Un abrazo!

      Eliminar

Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!