miércoles, 19 de julio de 2023

Una moneda en el suelo

Que yo recuerde, para mí recoger o no una moneda del suelo estaba proporcionalmente relacionado a su valor. Cuanto mayor fuera, mayores las probabilidades de que me agachase a recogerla. A fin de cuentas, si el dinero en metálico ya es bastante sucio, el que uno se encuentra por la calle todavía más. A veces uno va con prisa, ¿por qué agacharse a por una moneda de 5 céntimos? La moneda de 10 era mi mínimo: con eso ya te compras dos chicles.

Por si el valor de la moneda no era lo bastante disuasorio, en mi ciudad empezó a ponerse de moda lo de pegar monedas al suelo. ¿Por qué? ¿A quién le pareció tan divertida la idea de ver a alguien intentando despegarla (durante dos segundos, quizá) para hacer esa tontería? Fuese su intención o no, pasé bastante de las monedas durante una temporada. 

Mi cinismo se empezó a desvanecer con una película de Hilary Duff. No la vi entera, ni me acuerdo de cuál era. Pero ella se encontraba una moneda y, como no está de cara, decidió ponerla cara arriba para que la próxima persona que la encontrase tuviese suerte. Me pareció muy bonito. Cursi, pero bonito. Fue entonces cuando empecé a tener más presente la relación entre las monedas en la calle y la buena fortuna.

Así que un día que no tendría nada de especial (o de tenerlo, a buen seguro era algo más especial que esto), decidí que en adelante recogería cualquier moneda que me encontrase, porque encontrársela es una suerte. Buena suerte.

Es una suerte vivir. Es una suerte poder caminar, ver algo bueno, agacharse y llevárselo consigo. ¿Por qué rechazar las cosas buenas cuando pasan? 

Por supuesto que esto va de algo más que de recoger monedas. Va de abrazar lo bueno, todo lo bueno, venga de donde venga, como venga, cuando venga. Porque jamás hay que dar las cosas por sentadas. Y porque si la Fortuna es una diosa, más vale estarle agradecido, agasajarla, demostrarle que siempre es bienvenida, para que siempre tenga ganas de volver a vernos. 

jueves, 13 de julio de 2023

Una de cal y una de arena

 ...hacen la mezcla buena. Pero dado que todo el mundo conoce esta expresión para referirse a algo bueno y a algo malo, me sirve. 

Me apetece hablar de libros. Llevo unas semanas aprovechando nuestros largos peregrinajes en coche a y desde Valencia (y otras partes de España, a quién quiero engañar) para leer como loca... y luego no puedo comentar los libros con nadie. Están las reseñas de Goodreads, sí, pero siempre llego tarde a la fiesta y yo pretendo sentar cátedra. Así que lo haré aquí, y para salirme de la norma, esta vez voy a hablar de libros bastante actuales.

La orilla de los vivos de Rodrigo de Pablo Ortiz 

Como todos los años desde que salimos, él y yo fuimos a la Feria del Libro de Madrid. En la caseta de Versátil estaba firmando este autor y la chica de la caseta se puso a hablarme bien del libro, cómo no. Una novela sobre una viuda en la India que va a Varanasi a morir, porque si te entierran en el Ganges, se libera tu alma y acaban las reencarnaciones. Sonaba bien, pero admito que me llamó más la atención la portada. Bonita, delicada, me recordaba a otra novela de Versátil (Una visita inesperada, que aún tengo por leer). Abrí ambos libros para buscar la ilustradora de la portada y en efecto, era la misma: Eva Olaya. "Le debéis a Eva Olaya la venta de muchos libros, diseña unas portadas preciosas", le dije a la chica mientras le daba el libro para que me lo cobrase. "Eva Olaya soy yo". Flipé. Y por supuesto, la obligué a firmarme el libro después de que lo firmase el autor. Serendipias e ilustradora/editora encantadora y de buen gusto aparte, el libro me encantó. Tiene pasajes duros y no es una novela alegre, pero también desprende esperanza, una gran fuerza y a veces, hasta alegría. Una frase para recordar: "Cada pariente verá en ti la parte que cree que le pertenece. No olvides que tú eres una mujer de una pieza y te debes lealtad a ti misma". 

La recomiendo, por supuesto. Muchísimo.

La maestra gitana, de Lola Cabrillana

Sigo a Lola por Twitter desde hace tiempo y me encanta. Creo que su labor es muy necesaria, que personas como ella y su padre ayudan a romper estereotipos y que debe ser una maestra muy especial que ojalá tuviesen mis hijos. Y por eso le debo una reseña justa a su novela.

La historia es sencilla y buena, el estilo es claro y fácil de digerir para quien esté poco acostumbrado a leer, y eso es fantástico. A mí se me queda corto. Redundante en ocasiones, demasiado ligero y sin desarrollar demasiado los personajes. Hay muchos personajes, pero pocos tienen carisma. El resto te los tienen que describir y eso es una lástima. (Acabo de tachar un párrafo con un minispoiler sobre algo que no me gusta, pero me he arrepentido. Es mejor ser amable. Además, el libro me ha gustado.)

En fin. Aunque solo sea por el padre de la protagonista, recomiendo sacarlo de la biblioteca. Se lee en una tarde. No cansa, ni ofende, ni... revoluciona. Y eso está bien. Ser una gran divulgadora y maestra es más que suficiente, ni implica ser una brillante escritora ni tampoco tiene que serlo. Además, esta novela ha acercado a la lectura a mucha gente y eso es un gran logro. Me ha gustado y me leeré lo próximo que publique. Pero ponerla por las nubes es hacerle un flaco favor. Lola va a mejorar mucho. 

Cómo matar a tu familia, de Bella Mackie 

Comprado en mi feliz viaje a Toulouse el otoño pasado. Este me lo leí en versión original, en inglés, porque me hizo gracia el título. Confieso que cometo genocidios y asesinatos en mi mente a veces, qué pasa. Mientras se queden ahí, todo está bien. 

Narrado en (a veces cargante y pretenciosa) primera persona, cuenta cómo Grace mata a todos los miembros de su familia de formas creativas y originales sin ser descubierta. Los capítulos a veces se pasan de largos, es verdad. Y la protagonista es borde, arrogante y muy tonta a veces, pero me da igual: me estaba encantando la novela. La devoré en un viaje de ida y vuelta a Valencia. Me quedaba poco y tenía tantas ganas de saber cómo terminaba, que me quedé levantada hasta las dos de la mañana para acabarlo.

Cuando lo terminé, quise morirme. Quise quemar el libro. Quise presentarme ante Bella Mackie y zarandearla sin dejar de preguntarle: "Why those three last chapters, for heaven's sake? Why? WHYYYY??". Me enfadé tantísimo que no pude dormir, y a la mañana siguiente tenía que madrugar. Enfadadísima aún, por supuesto, y aún poseída por el espíritu de Mourinho. En serio, Bella, ¿por qué? ¿Qué necesidad había? 

No lo leáis. No se lo merece. Pero si lo vais a leer, que sea de la biblioteca. Y si os gustaba cómo iba la novela, saltaos los capítulos en los que cambia la fuente. Ya está. La historia acaba ahí. En serio. 

Como un suspiro, de Ferzan Ozpetek

Este me lo compré en mi felicísimo viaje a Roma, al poco de empezar a salir con él, y me lo he leído en versión original también, en italiano. ADORO las películas de Ferzan Ozpetek. Al menos, las dos que he visto. Y si tenéis Disney +, la serie Los ángeles ignorantes está basada en una de sus pelis, Las hadas ignorantes, y vale la pena. No es tan buena como la peli, pero está bien. En fin. Que me gusta mucho Ozpetek, que me hace feliz, y que me hacía mucha ilusión leerme un libro suyo.

Y está... bien. A ver. Falta algo de desarrollo de personajes, sí, pero es que está escrito como si fuese una peli. De principio a fin, mientras lo lees, estás viendo la película. Una película con temas recurrentes de Ozpetek y otros temas que quizá toma prestados de otras obras (no soy la única a la que le ha recordado a la peli italiana, con adaptación española, Perfectos desconocidos). 

Solo atino a decir que Ozpetek escribe las mujeres mejor para el cine que en el papel. Que la mayoría de los personajes son idiotas, que no tiene que ser algo malo, pero lo son. Y que el final me dejó descolocada en el mal sentido. Mira, si me quieres dar un puzzle para hacerme pensar, vale, pero que tenga solución. La mitad de las reseñas de Goodreads del libro preguntan por interpretaciones sobre el final y eso es horrible. Si queréis leerlo, también de la biblioteca (por favor), y darme vuestras impresiones, os lo agradeceré muchísimo. Porque ahora mismo no sé si el libro me ha gustado o no. He disfrutado leyéndolo, Estambul es preciosa y el italiano es una chuchería para mi cabeza, pero ese regusto metálico del final... no.

Proletaria consentida, de Laura Carneros

La joya inesperada. La sorpresa. La novelita que me compré en mi sitio favorito de Málaga y que me acabé antes de llegar a Granada. Bueno, novela... exabruptos honestos y autobiográficos. Esta chica se ha abierto de arriba abajo con un bisturí y lo ha volcado todo en estos textos. 

Son textos breves. A veces duros, otras livianos y dulces. A veces arrogantes, a veces dan vergüenza propia y ajena. Poderosos. El retrato fiel de una generación, de mi generación. Me he identificado con ella muchas veces, me han entrado ganas de abrazarla muy fuerte y de darle lo que necesita. 

Me encantó. Laura Carneros es malagueña y espero poder conocerla algún día. Hasta entonces, dejo la recomendación, a ver si consigo hacerla tan famosa como otros de los autores de esta lista. 

Este fin de semana me voy a Marruecos, con sus ocho horas de autobús, su ferry y sus otros trayectos cortos. No es cuestión de llenarme la maleta, que voy a trabajar. Pero alguno más caerá. Y volveré para contarlo.

jueves, 6 de julio de 2023

La colcha todavía no ha aparecido

Y en el fondo se lo agradezco, porque me ha servido de excusa legítima para no escribir. Pero escribir me hace bien, incluso cuando me cuesta. Y no escribir me hace mal, aunque a veces crea que me lo pide el cuerpo. Es mentira. El cuerpo, mi cuerpo, pide muchas cosas. Casi todas relacionadas con el tiempo. La parte de mí que me pide no escribir es claramente la autodestructiva.

Será porque aún vivimos de alquiler, o porque el piso no recibe ni un rayo de sol a lo largo del día, o porque todavía no tengo plantas, pero siento que no termino de aterrizar. Que no termino de instalarme. A lo mejor es como cuando te pruebas una prenda porque te gusta, pero necesitas una talla más. Y sí, ciertamente nos faltan metros cuadrados y orientación este o sur. 

El problema de caer en la trampa del en cuanto es que no tiene fin. ¿Cuándo será un buen momento? ¿Para escribir, vivir, respirar? Nunca. Nadie me lo va a dar. Nadie va a venir a mi casa con un montón de fotos y un par de contratos bajo el brazo a decirme: Mira, esta casa es para vosotros. Tiene lo que necesitáis para estar cómodos a un precio razonable. Y como estamos que lo tiramos, también os regalamos ocho horas más cada día, a ver si así dormís un poco, desgraciados. Hala, a hacer todo lo que queréis, ya no tenéis excusas. 

¿Seguro... ?

El tiempo se saca, no se tiene. Es lo que vengo a decir. 

Me lo han recordado Marco Aurelio, Séneca y mi hermana Talía. Ella es la nota discordante en la enumeración, no tiene nada en común con los estoicos salvo quizá su amor por el teatro. Pero da igual. Llevaba semanas, si no meses, picándome en los dedos las ganas de exponer de forma ególatra y sin que nadie me lo pida las cosas que me están pasando aquí. Y llevaba todo ese tiempo ignorando mis deseos, hasta que he encontrado el sitio perfecto. 

No un piso, no. Todavía no. Una cafetería. Cerquísima de casa, la cual me repelía por su color verde marihuana y me atraía por el nombre, tan cutre que me gusta: Dancing Coffee Shop.

Nombre y colores aparte, tienen aire acondicionado, mesas cómodas con enchufes, buen café y unos molletes que me entran ganas de hacerles la ola. 

Y buenos camareros. Porque el producto puede ser bueno, pero la gente le da alma a los sitios. Ella se aprendió mi comanda de café a los dos días. Él me mira cómplice, cuando no hace algún comentario, cada vez que mi mesa está ocupada. Mi mesa, por cierto, es la que está pegada al escaparate, a la izquierda, la de cuatro personas. No me la quitéis. 

Vuelvo, supongo. Pero no este fin de semana, que me voy a Málaga. Qué falta me hace... 


jueves, 1 de diciembre de 2022

Empaquetando...

Y mañana nos mudamos. 

Tengo que escribir de Londres. De Granada. De muchas cosas. Pero lo haré cuando estemos instalados y con Internet en vez de agobiada por no encontrar la colcha. 

No, en serio: ¿dónde se ha metido la dichosa colcha?

martes, 29 de noviembre de 2022

London, baby

En unas horas me voy a Londres. 

Tranquilidad: vuelvo por la noche. 

A veces hay que hacer locuras sin sentido, qué puedo decir. 


lunes, 28 de noviembre de 2022

Despedidas con tiramisú

Estas dos semanas han sido intensas y llenas de novedades. Por abreviar: nos mudamos a Granada esta semana. Él y yo. Ya iré dando más detalles, palabra. 

La cuestión es que estos días están llenos de cosas que hacer. Médicos, compras, maletas, peluquería, de todo. Y despedidas. 

El sábado nos despedimos de Primor y Abracitos con comida china. Hoy, de Jung y Loki con comida italiana. Después de sacarnos el máster en comida india, ahora vamos a por los italianos. Una vez los hayamos probado todos, escribiré al respecto. Pero por ahora, basta decir que hemos cenado muy bien. 

Menudo día me espera mañana... Tengo muchas ganas y a la vez me da una pereza inmensa. Pero ya vaguearé este finde. En mi casa. Con mi pareja. Por fin. 

Mañana más. Aunque me reservo el derecho de no escribir si se me acumula la faena. 

domingo, 6 de noviembre de 2022

Ojalá fuera John Wick

Hoy he visto la primera parte de John Wick por primera vez. Y me ha encantado. 

No tiene un gran argumento, ni un gran guion. Keanu lo hace muy bien... pero es que tampoco había mucho material para hacerlo mal. Pero le gusta a mi parte reptiliana, igual que a todo el mundo. 

Me gusta porque es una historia de venganza. 

Sin moralina. Sin lecciones. Sin sofisticación, ni planificación. Y aunque una parte más elevada y noble de mi persona esté en contra de lo que él hace y considere que hay formas mucho mejores y más productivas de enfrentar las cosas, hoy quiero sangre y dolor, y que no sea el mío. 

Ojalá pudiera ser John Wick por un día sin consecuencias. Ojalá pudiera soñar que lo soy esta noche. Soñar que llego a casa de mis enemigos, que los sorprendo y los tengo a mi merced

Podría deleitarme mucho describiendo la tortura que se me pasa por la cabeza, pero el sentido común todavía me llega para comprender que no es una buena idea compartir ese tipo de ideas. Pero les haría daño. Mucho. 

Rooibos para no desesperarme más. Peli o libro para no pensar. 

Hay niños con cáncer cerebral inoperable. Hay millones de personas que no saben leer. Hay millones de mujeres que se prostituyen porque no tienen otro remedio. 

Dentro de lo malo, tengo suerte. 

PS: Me despido por lo menos hasta el 28 de noviembre. Con este mal humor no se puede escribir nada.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Aaron Carter ha muerto

Y solo tenía dos años más que yo. De pequeña me gustaba mucho, probablemente fuese la razón de que me gustasen tanto los rubios. 

Ningún crío debería ser famoso nunca. Los niños deben ser niños.

viernes, 4 de noviembre de 2022

La carta de desactivación

-La carta de desactivación va al montón de descartes.

-Y la del exploding kitten, al de Platón. 

Como no voy a amarlo. 

jueves, 3 de noviembre de 2022

Maneki-neko

Osisi murió hace meses. Le puse tierra nueva, la mimé más, intenté enderezarla... No hubo manera. Y como no le preste atención, Roslina acabará igual. 

En su momento, me prometí que no me compraría más plantas hasta que me mudase con él... pero he picado. No tengo remedio. 

Esta tarde me he ido con Jung a comprar su regalo de cumpleaños. Le dije que le regalaría una zamioculca, mi planta favorita. Y de una conversación loquísima que tuvimos entonces, se decidió que su plantita nueva se llamaría Iloveny, en honor de todas las niñas con ese nombre cuyos padres obviamente no adoran Nueva York. 

Es la primera vez que voy a Verdecora, y la verdad es que mola mucho. Monsteras enormes, cactus aterradores, begonias alienígenas, plantas cuyas hojas parecen pintadas con acuarela... Ahí hay de todo. Con espacio y dinero suficiente, nos las habríamos llevado todas. 

En uno de los pasillos, me llamaron la atención los bambús de la suerte. Cuando vivía en Varsovia, tenía uno en mi piso, herencia de los antiguos inquilinos. Mira que es fácil de cuidar, pero o le puse demasiada agua o no lo supe podar, que el pobre se me murió. Ni yo le di suerte, ni él a mí, ya que al poco me rompí el brazo en España. 

Llevo días pensando en muchas cosas. Y ahora se me ocurre que la fe no existe sin acciones. No se puede probar la confianza sin correr riesgos. Se me murió un bambú, y una sanseviera, pero no tiene por qué volver a pasar. Perdí un trabajo, pero no tiene por qué volver a pasar. Elijo confiar en mí. Hay días en los que me sale bien, y días que se me salen por los pies sin que consiga aprovecharlos. Eso es la vida. Y por todo lo bonito que tiene, y por todo lo buena que soy, ambas nos merecemos un voto de confianza, un salto de fe.

Me he comprado un bambú y un jarrón para que viva en él. Lo he colocado junto a Roslina, a ver si hacen buenas migas y se dan aliento mutuamente. Por supuesto, el bambú necesitaba un nombre y decidí encomendarle la misión a Jung. Quería un nombre oriental y relacionado con la suerte. No tardó ni diez segundos en responder: Maneki-neko. Esos gatos dorados y rojos espantosos que siempre están moviendo la patita y que en teoría atraen la buena suerte. 

Al principio no me convencía, pero qué demonios, su planta se llama Iloveny. Es lo más normal del mundo que mi planta también tenga el nombre de algo cutre. Y quién sabe, quizá el nombre le siente bien. Yo con que siga viva, me conformo. 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Sin ideas ni tiempo ni ganas

Hoy ha sido un día bastante flojo en casi todos los sentidos. Aunque he conseguido darle la vuelta y que termine medio bien, ha empezado muy mal. Pero no me apetece entrar en detalles.

Él se ha quedado a cenar y ahora se queda a dormir. Así sí que se madruga a gusto.

martes, 1 de noviembre de 2022

Chelva

Chelva es un pueblo a unos sesenta kilómetros de Valencia en el que estuvimos hace meses para ver pájaros. Hoy hemos vuelto con Loki y Jung para hacer una rutita de senderismo.

Buscando información, descubrimos que el antiguo barrio musulmán se parece a Chefchaouen, la ciudad azul del norte de Marruecos. Por suerte, la ruta del agua lo recorre entero y llega hasta el río. En total, han sido unas tres horas de pasear y respirar aire puro. 

Hemos visto casitas preciosas, muchas con una decoración de Halloween que las hacía más bonitas, si cabe. Y plantas alienígenas. Y gatos. Y una mariposa lindísima que nos ha hecho el favor de posar para la foto. Y hemos recorrido una cueva a lo Indiana Jones. Dos veces. También hemos visto una cascada, una presa, una iglesia-mezquita y un restaurante estupendo en el que no hemos podido comer porque estaba todo reservado. Tendremos que volver. 

En días como hoy, festivos raros en mitad de la semana, es importante salir y hacer algo. Si puede ser en buena compañía, mejor. De lo contrario, es fácil caer en las garras del sofá y la tele. Y la verdad… Chelva es más bonita. 

lunes, 31 de octubre de 2022

Historia de dos tostadas

El viernes pasado decidí desayunar una tostada después de acudir a una cita en Valencia. En el centro, no tengo referencias de buenos sitios para desayunar. Me refiero a sitios sencillos, del pueblo, donde desayuna la gente de a pie como tú y como yo. Sitios de tartas suculentas y trampas de turistas conozco muchos, pero no era eso lo que buscaba el viernes.

Al final, por no pensarlo más, me metí en una pastelería-cafetería que lleva unos cien años en funcionamiento. Un local en una calle muy céntrica, a un minuto de la estación de tren... debí verlo venir. 

Las camareras no podían tener más desgana encima. Casi parecían hacerme un favor por atenderme. Nada, me toman nota, se va... Y al rato (demasiado largo para la clientela que había), me trae la tostada.

El pan, gomoso. El tomate, triturado (!!!) y gélido. El jamón... raquítico, salado y pálido. Daban ganas de enviar al jamón a comerse un jamón para que espabilase y pusiese mejor cara. Pido que me calienten un poco la tostada, a ver si remonta la cosa... Ni flowers. Esa tostada está más hundida que el Titanic. 

Le doy dos bocados y decido que no puedo más. Vale la pena no comérsela. Pago la carísima tostada y me voy. 

Al cabo de un rato largo, después de hacer algunos recados, me entra hambre. Normal, dado que no había desayunado. Estaba al teléfono con MacGyver, que también tenía hambre. Así que hicimos algo que hacemos mucho: sentarnos a tomar algo y hacer videollamada. Ella desde Lausanne, yo desde Valencia. En esta ocasión, entro en una cafetería de una cadena de Valencia, un Coffee Corner. Me gustan estas cafeterías porque el café está rico, el ambiente es agradable sin estridencias y son carne de funcionario: estos locales están llenos de oficinistas en la hora del almuerzo, de gente normal. 

¿Por qué no me fui a un Coffee Corner de buenas a primeras en vez de ir al primer local? Porque me pillaban un poquito a desmano y tenía hambre. Punto.

Entro ahí y el sitio está lleno. Pero eso no impide a la encantadora chica tras la barra saludarme, preguntarme qué quiero y, ante mi indecisión, hacerme un par de sugerencias. Decido jugármela y pedir exactamente lo mismo que en el otro sitio: media tostada de jamón y tomate y un café con leche. 

Me siento en la terracita interior, tranquila y agradable. MacGyver y yo estamos en la gloria mientras espero el segundo desayuno. Por fin llega y -¡maravilla!- es justo lo que quería. Pan crujiente. Tomate rallado. Jamón gordito y rico. Qué delicia. Qué exquisitez. Y qué majas fueron las tres camareras antes, durante y después de mi consumición. 

Obviamente les di las gracias por hacer su trabajo con tanto cariño y les di propina. No cuesta mucho ser amable y quizá alegrarle un poquito el día a la gente que trabaja cara al público. A mí me lo alegraron con creces.

En fin, que estoy de vuelta. Sin grandes temas... tampoco es que lo esperase. Era esto o hablar del misterio de la boca de mi novio, que normalmente sabe a albaricoque y hoy sabía a chocolate con leche, sin comer él ninguna de esas cosas nunca. Y la verdad, de las tostadas llevaba un par de días queriendo escribir. 

Ah, hoy he hecho Pilates por primera vez en mucho tiempo. Mañana me voy de excursión. Voy a morir :D. 

domingo, 23 de octubre de 2022

Necesito un descanso

Hoy hemos estado en Xàtiva y nos lo hemos pasado muy bien. Y eso que no hemos visto lo más bonito de la ciudad... Quizá la próxima vez.

En fin, al lío. La semana que viene va a ser muy intensa y, antes que pasarlo mal por las noches para llegar a tiempo escribiendo, prefiero ser realista y darme una semana sin publicar.

Volveré en Halloween. Sed buenos. 

sábado, 22 de octubre de 2022

Cena primorosa

Llevábamos tiempo sin quedar con Primor y Abracitos. Pero los chicos decidieron sincronizar agendas y por fin nos hemos ido esta noche a cenar.

Primero hemos ido a una librería de segunda mano. No he comprado libros, por suerte… pero pelis, sí. Hay gente a la que le sorprende que aún compre películas en DVD y lo entiendo. Es mucho más cómodo usar una plataforma de streaming y ocupa mucho menos espacio… pero estoy harta de depender del catálogo de turno. Y nunca está todo lo que uno quiere ver. Así que, mientras los DVD se puedan reproducir, pardiez que seguiré ampliando mi colección.

Luego hemos ido a cenar. Primor y Abracitos, además de ser sibaritas y de buen comer, son veganos. Por ello, siempre acabamos en algún restaurante interesante y rico. Esta noche hemos ido a El Khambú y qué puedo decir… Qué hamburguesas. Qué postres. Qué boniatos. Hablemos durante un segundo de los boniatos: ¿por qué no han sustituido ya a las patatas fritas en todos los restaurantes de comida rápida? Están más ricos y son un pelín mejores para la salud. En fin, misterios de la vida.

Hemos acabado pronto, por lo que hemos podido jugar un poco con los gatos en casa de Primor y Abracitos. Bueno, yo no he jugado mucho esta vez; estaba ocupada bebiendo agua y comiendo chuches veganas (la única mala decisión de la noche). Pero él se lo ha pasado en grande. Y yo mirándolo. 

Qué bien nos ha sentado esta noche. Pese a la falta de intimidad, al menos hemos salido como adultos. Y cuánta falta nos hace eso.

viernes, 21 de octubre de 2022

Al fin viernes

Apenas nos hemos visto esta semana. Entre el club de lectura, MacGyver y el Estupendo, además, el poco tiempo que hemos estado juntos no hemos podido darnos amor. 

Cuánto nos echábamos de menos. No para hacer nada extraordinario, simplemente para estar cerca y tocarnos, respirarnos, sentirnos. Igual que dos nutrías nadando en el agua, o dos halcones volando juntos. 

Cenita romántica. Y quizá ver La Roca. Y mañana por la mañana (esto te va a hacer mucha ilusión, mi vida), un Ausschlafen como una casa.

jueves, 20 de octubre de 2022

Caballo de bastos

Esta mañana he sacado a pasear al perro de Talía. El pobre ya es muy mayor y está muy enfermo... Nunca me ha gustado sacarlo a pasear porque tira mucho, pero la verdad es que me da mucha pena. 

Esta vez no ha tirado y yo he podido pensar en mis cosas, y mirar las urracas y el metro pasar. De repente, sobre uno de los arbustos me he encontrado un naipe: el caballo de bastos. 

Me encantan los juegos de adivinación desde siempre. Recuerdo que, cuando Talía era adolescente, ella y sus amigas jugaban con la baraja a leerse el futuro. Primero, se sacaba la sota de copas: representaba a la chica. Luego, se barajaba el resto de las cartas y se elegían... ¿diez, quince, veinte? No me acuerdo. Y se empezaban a sacar y a leer.

Si te salían copas, habría amor en tu vida. Si oros, dinero. Si bastos, peleas. Y si espadas, celos. Pero lo interesante era cuando salían las figuras: los caballos eran pretendientes; las sotas, chicas que se iban a interponer entre los pretendientes y tú (a nadie se le ocurrió que pudiesen ser tus colegas) y los reyes, obstáculos en general.

Si te salía el caballo de copas, la alegría era máxima: ibas a acabar con el chico que te gustaba. 

La lectura del tarot no es más que una versión más sofisticada de este jueguito. Y sin creérmelo mucho ni ser ninguna experta, confieso que me interesa, que me gusta, y que cuando tengo alguna duda, consulto mis arcanos mayores de Belén Segarra. 

Es la primera vez que me encuentro con una carta, así porque sí, y he decidido que significa algo. Al volver a casa, me puse a buscar. Si bien no todas las páginas que he consultado dicen lo mismo, sí que hay elementos comunes.

El caballo de bastos es una carta activa, relacionada con el fuego. Anuncia viajes y cambios repentinos: mudanzas o cambios de trabajo, por ejemplo. Además, se relaciona con el éxito en lo material y resolución de problemas. Si sale del derecho, claro está. Si sale del revés, en posición invertida, la cosa cambia: anuncia obstáculos, falta de acción y frustración.

Creo recordar que la vi del derecho, y casi prefiero no cuestionarlo mucho. Pero es un alivio saber que al menos el universo me envía buenos augurios. 

miércoles, 19 de octubre de 2022

Hacia adentro

Hay momentos en los que miro hacia afuera. El cielo, la ciudad, la gente, la comida. La familia. Las necesidades de la familia. El club de lectura. Todo lo que empieza donde acaba mi piel. 

Hay momentos en los que miro hacia adentro. Mi vida, pasada, presente y futura. Mis errores. Mi dirección, o la falta de ella. Mis objetivos. Lo que necesito. Lo que anhelo. Lo que añoro. Lo que me dice mi cuerpo. Todo lo que empieza con mis latidos. 

Llevo más de una semana mirando mucho hacia afuera. Era necesario. Primero, durante las vacaciones. Luego, durante la visita de MacGyver. Se ha ido esta tarde y nos lo hemos pasado muy bien, pero molaría tenerla más cerca...

No es bueno mirar mucho ni hacia adentro ni hacia afuera. Es fácil perderse. Perder el equilibrio, la sensación de fluidez, perderse la vida. Por eso, el día de hoy ha sido revuelto: después de un empacho de días de mirar hacia afuera, toca mirar hacia adentro un poco. 

Para acostumbrar la vista al cambio de luz, conviene ir despacio. Un café con el Estupendo sobre cosas importantes, un paseo, una cena rica para calmar a las fieras internas... Y ahora llega mi parte favorita: los mimos. Pienso ponerme cremas y darme caricias hasta quitarme toda la tensión de encima y dormir bien.

Porque mañana empieza un día maravilloso. 

martes, 18 de octubre de 2022

He sido agredida

Era una tarde tranquila de martes.

Había salido con MacGyver hacia Alaquàs, donde vive la Manicurista, para acompañarla a que le hicieran las uñas. Teníamos el tiempo justo, por lo que en esta ocasión no me hizo las uñas a mí también. 

La Manicurista es un encanto y una amiga. Hacía bastante que no la veíamos porque estaba ocupada teniendo un bebé. En efecto: ¡esta tarde he conocido a un bebé rechonchete y monísimo! 

Ya que la Manicurista estaba ocupada con mi hermana, yo me he ocupado del renacuajo. Hacía más de seis años que no tenía un bebito en brazos, pero eso nunca se olvida. Además, el peque y yo nos hemos entendido fenomenal desde el principio: al poco de bailotear con él, ya estaba súper a gusto riéndose. 

¡Y olía tan bien! Le he dado muchos besitos, le he cantado, le he hecho cosquillitas y le he contado cosas. Vamos, que lo he dado todo. El pobre bichito lo necesitaba: le están saliendo los dientes y le duele la boca una barbaridad.

Todavía recuerdo cuando le pasó a mi sobrino. Nos mordía las manos y la barbilla todo el rato con todas las fuerzas de sus encías. También le mordió la nariz con saña al peluche de Mickey que le regalamos. Y de hecho, una de las mejores fotos que tiene con MacGyver es comiéndole el dedo a mi hermana. 

Por eso, no me preocupó en absoluto que el peque me mordiese la mano. 

Y por eso me dolió aún más la traición.

El muy granuja me clavó sus dos minúsculos dientecitos con tal fuerza, que me hizo sangre. ¡Cómo osa! ¡Con lo maja que he sido con él todo el rato, y va y me deja una marca! 

Eso no ha evitado que le diese el bibe y que le hiciese más mimitos después. Y a lo mejor soy una exagerada con la piel muy sensible… ¡pero todavía me duele! 

Ains, qué ganas tengo de hacerme las uñas el mes que viene… (:

lunes, 17 de octubre de 2022