sábado, 5 de noviembre de 2022

Aaron Carter ha muerto

Y solo tenía dos años más que yo. De pequeña me gustaba mucho, probablemente fuese la razón de que me gustasen tanto los rubios. 

Ningún crío debería ser famoso nunca. Los niños deben ser niños.

viernes, 4 de noviembre de 2022

La carta de desactivación

-La carta de desactivación va al montón de descartes.

-Y la del exploding kitten, al de Platón. 

Como no voy a amarlo. 

jueves, 3 de noviembre de 2022

Maneki-neko

Osisi murió hace meses. Le puse tierra nueva, la mimé más, intenté enderezarla... No hubo manera. Y como no le preste atención, Roslina acabará igual. 

En su momento, me prometí que no me compraría más plantas hasta que me mudase con él... pero he picado. No tengo remedio. 

Esta tarde me he ido con Jung a comprar su regalo de cumpleaños. Le dije que le regalaría una zamioculca, mi planta favorita. Y de una conversación loquísima que tuvimos entonces, se decidió que su plantita nueva se llamaría Iloveny, en honor de todas las niñas con ese nombre cuyos padres obviamente no adoran Nueva York. 

Es la primera vez que voy a Verdecora, y la verdad es que mola mucho. Monsteras enormes, cactus aterradores, begonias alienígenas, plantas cuyas hojas parecen pintadas con acuarela... Ahí hay de todo. Con espacio y dinero suficiente, nos las habríamos llevado todas. 

En uno de los pasillos, me llamaron la atención los bambús de la suerte. Cuando vivía en Varsovia, tenía uno en mi piso, herencia de los antiguos inquilinos. Mira que es fácil de cuidar, pero o le puse demasiada agua o no lo supe podar, que el pobre se me murió. Ni yo le di suerte, ni él a mí, ya que al poco me rompí el brazo en España. 

Llevo días pensando en muchas cosas. Y ahora se me ocurre que la fe no existe sin acciones. No se puede probar la confianza sin correr riesgos. Se me murió un bambú, y una sanseviera, pero no tiene por qué volver a pasar. Perdí un trabajo, pero no tiene por qué volver a pasar. Elijo confiar en mí. Hay días en los que me sale bien, y días que se me salen por los pies sin que consiga aprovecharlos. Eso es la vida. Y por todo lo bonito que tiene, y por todo lo buena que soy, ambas nos merecemos un voto de confianza, un salto de fe.

Me he comprado un bambú y un jarrón para que viva en él. Lo he colocado junto a Roslina, a ver si hacen buenas migas y se dan aliento mutuamente. Por supuesto, el bambú necesitaba un nombre y decidí encomendarle la misión a Jung. Quería un nombre oriental y relacionado con la suerte. No tardó ni diez segundos en responder: Maneki-neko. Esos gatos dorados y rojos espantosos que siempre están moviendo la patita y que en teoría atraen la buena suerte. 

Al principio no me convencía, pero qué demonios, su planta se llama Iloveny. Es lo más normal del mundo que mi planta también tenga el nombre de algo cutre. Y quién sabe, quizá el nombre le siente bien. Yo con que siga viva, me conformo. 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Sin ideas ni tiempo ni ganas

Hoy ha sido un día bastante flojo en casi todos los sentidos. Aunque he conseguido darle la vuelta y que termine medio bien, ha empezado muy mal. Pero no me apetece entrar en detalles.

Él se ha quedado a cenar y ahora se queda a dormir. Así sí que se madruga a gusto.

martes, 1 de noviembre de 2022

Chelva

Chelva es un pueblo a unos sesenta kilómetros de Valencia en el que estuvimos hace meses para ver pájaros. Hoy hemos vuelto con Loki y Jung para hacer una rutita de senderismo.

Buscando información, descubrimos que el antiguo barrio musulmán se parece a Chefchaouen, la ciudad azul del norte de Marruecos. Por suerte, la ruta del agua lo recorre entero y llega hasta el río. En total, han sido unas tres horas de pasear y respirar aire puro. 

Hemos visto casitas preciosas, muchas con una decoración de Halloween que las hacía más bonitas, si cabe. Y plantas alienígenas. Y gatos. Y una mariposa lindísima que nos ha hecho el favor de posar para la foto. Y hemos recorrido una cueva a lo Indiana Jones. Dos veces. También hemos visto una cascada, una presa, una iglesia-mezquita y un restaurante estupendo en el que no hemos podido comer porque estaba todo reservado. Tendremos que volver. 

En días como hoy, festivos raros en mitad de la semana, es importante salir y hacer algo. Si puede ser en buena compañía, mejor. De lo contrario, es fácil caer en las garras del sofá y la tele. Y la verdad… Chelva es más bonita. 

lunes, 31 de octubre de 2022

Historia de dos tostadas

El viernes pasado decidí desayunar una tostada después de acudir a una cita en Valencia. En el centro, no tengo referencias de buenos sitios para desayunar. Me refiero a sitios sencillos, del pueblo, donde desayuna la gente de a pie como tú y como yo. Sitios de tartas suculentas y trampas de turistas conozco muchos, pero no era eso lo que buscaba el viernes.

Al final, por no pensarlo más, me metí en una pastelería-cafetería que lleva unos cien años en funcionamiento. Un local en una calle muy céntrica, a un minuto de la estación de tren... debí verlo venir. 

Las camareras no podían tener más desgana encima. Casi parecían hacerme un favor por atenderme. Nada, me toman nota, se va... Y al rato (demasiado largo para la clientela que había), me trae la tostada.

El pan, gomoso. El tomate, triturado (!!!) y gélido. El jamón... raquítico, salado y pálido. Daban ganas de enviar al jamón a comerse un jamón para que espabilase y pusiese mejor cara. Pido que me calienten un poco la tostada, a ver si remonta la cosa... Ni flowers. Esa tostada está más hundida que el Titanic. 

Le doy dos bocados y decido que no puedo más. Vale la pena no comérsela. Pago la carísima tostada y me voy. 

Al cabo de un rato largo, después de hacer algunos recados, me entra hambre. Normal, dado que no había desayunado. Estaba al teléfono con MacGyver, que también tenía hambre. Así que hicimos algo que hacemos mucho: sentarnos a tomar algo y hacer videollamada. Ella desde Lausanne, yo desde Valencia. En esta ocasión, entro en una cafetería de una cadena de Valencia, un Coffee Corner. Me gustan estas cafeterías porque el café está rico, el ambiente es agradable sin estridencias y son carne de funcionario: estos locales están llenos de oficinistas en la hora del almuerzo, de gente normal. 

¿Por qué no me fui a un Coffee Corner de buenas a primeras en vez de ir al primer local? Porque me pillaban un poquito a desmano y tenía hambre. Punto.

Entro ahí y el sitio está lleno. Pero eso no impide a la encantadora chica tras la barra saludarme, preguntarme qué quiero y, ante mi indecisión, hacerme un par de sugerencias. Decido jugármela y pedir exactamente lo mismo que en el otro sitio: media tostada de jamón y tomate y un café con leche. 

Me siento en la terracita interior, tranquila y agradable. MacGyver y yo estamos en la gloria mientras espero el segundo desayuno. Por fin llega y -¡maravilla!- es justo lo que quería. Pan crujiente. Tomate rallado. Jamón gordito y rico. Qué delicia. Qué exquisitez. Y qué majas fueron las tres camareras antes, durante y después de mi consumición. 

Obviamente les di las gracias por hacer su trabajo con tanto cariño y les di propina. No cuesta mucho ser amable y quizá alegrarle un poquito el día a la gente que trabaja cara al público. A mí me lo alegraron con creces.

En fin, que estoy de vuelta. Sin grandes temas... tampoco es que lo esperase. Era esto o hablar del misterio de la boca de mi novio, que normalmente sabe a albaricoque y hoy sabía a chocolate con leche, sin comer él ninguna de esas cosas nunca. Y la verdad, de las tostadas llevaba un par de días queriendo escribir. 

Ah, hoy he hecho Pilates por primera vez en mucho tiempo. Mañana me voy de excursión. Voy a morir :D. 

domingo, 23 de octubre de 2022

Necesito un descanso

Hoy hemos estado en Xàtiva y nos lo hemos pasado muy bien. Y eso que no hemos visto lo más bonito de la ciudad... Quizá la próxima vez.

En fin, al lío. La semana que viene va a ser muy intensa y, antes que pasarlo mal por las noches para llegar a tiempo escribiendo, prefiero ser realista y darme una semana sin publicar.

Volveré en Halloween. Sed buenos.