martes, 4 de abril de 2017

De mis películas V: "El mundo de Leland" (The United States of Leland)

Parece que fue ayer cuando empezó 2017 y ya hemos superado la cuarta parte. Alucinante. Mejor no me pongo a divagar sobre lo rápido que pasa el tiempo, que acabaré deprimiendo a alguien. Mejor hablar de una película, sí. Una alegre... El mundo de Leland, por ejemplo. 

Cáptese el sarcasmo de la última frase: no es una película alegre. En absoluto. Es más, es la antítesis de la alegría. Eso sí, es una película muy buena. 

Corría el año 2005 y yo me fui a Murcia a visitar a una amiga. Cuando nos cansábamos de pasear y de hablar, nos poníamos a ver películas. Por suerte, M. tiene un gusto maravilloso para el cine. Fue el verano de ver Desayuno con diamantes y Vacaciones en Roma (porque Audrey Hepburn es genial y punto). Y también fue el verano de El mundo de Leland

Esta película va de un chaval de quince años al que acusan de matar a un niño con deficiencia mental. Obviamente, lo meten en prisión mientras esperan a celebrar el juicio y como es menor, tiene que ir a clase. Ahí, empieza a escribir su historia en un cuaderno y el profesor le anima a continuar. Y hasta aquí puedo leer. 

A ver, ¿por dónde empezamos? Ryan Gosling lo hace de maravilla, pero... ¡¡esperad, por favor!! ¡Que la película es buena de verdad! ¡Ryan no tiene nada que ver en esto, me enamoré de él años después! ¡Volved, maldita sea! Si además no parece ni él. Como decía, Ryan Gosling interpreta el papel protagonista a la perfección, pero no es el único. Esta es una película de personajes: casi todos tienen una historia que se nos cuenta con pequeños detalles, pinceladas sutiles que les dan una personalidad compleja. Me encanta el personaje de Don Cheadle, y odio que me encante, pero me identifico mucho con él. Michelle Williams y Lena Malone consiguen hacerme empatizar con ellas, cada una a su manera. Pero si a alguien le quedan dudas: Kevin Spacey sale. Y con eso lo digo todo.

Es una película de bajo presupuesto, así que ni la música ni los escenarios son ninguna maravilla. Tampoco lo necesita, no dejan de ser adornos: si el guión es bueno y lo interpretan buenos actores, no hace falta más. El mundo de Leland se basta por sí sola en su sencillez, no necesita aderezos. 

Recomiendo verla un día que se esté de bajón, para tocar fondo a gusto. En días de felicidad suprema, por favor, no seas tan masoquista. Ponte Aladdin y disfruta del momento. Pero a veces apetece sentarse, dejar que le cuenten a uno una historia y pensar. En por qué las cosas sucedieron así, en si los personajes -o nosotros- tenían opción... en muchas cosas. Y en la tristeza, sobre todo en eso.

No apta para quien solo ve comedias y cosas felices que acaban bien, ni para quien se aburre con las historias raras. Pero para quien tenga ganas de ver algo diferente, ya está tardando. 

2 comentarios:

Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!