viernes, 10 de marzo de 2017

De la no tan misteriosa afonía y otras cosas que han pasado

Esta iba a ser una semana muy tranquila. Me iba a limitar a leer, escribir y no salir de casa. Fácil, ¿verdad? Demasiado. Por eso creo que en algún momento entre la siesta del martes y la del miércoles, el Universo se enfadó conmigo y decidió volver mi semana un poco más interesante. 

Entre mis nuevas aficiones se encuentra el baloncesto. Más concretamente el Valencia Basket: toda mi familia tiene pase y cuando se hizo evidente que no me volvía a Polonia, me compraron uno. He aprendido muchas cosas con este deporte; entre ellas, que la afición también juega y que me encariño demasiado deprisa con la gente. Oh, sí: ya adoro a toda la pandilla. Bueno, Thomas es un soso, pero los demás son adorables. Pues el miércoles nos jugamos el pase a la semifinal de la Eurocup y teníamos a dos lesionados y medio (Vives jugó con un esguince a medio curar). El partido fue en Valencia y todos fuimos. Y gritamos. Mucho. Muchísimo. ¡Pero ganamos! Y además, me encontraba bien, perfectamente... 

El jueves parecía un día apacible, pero resultó ser la calma que precede a la tormenta. Por la mañana rememoré los tiernos días de mi infancia con M.: nos maquillamos como cuando éramos niñas. También, entre charla y charla, tomamos una sublime decisión. Todavía nos tenemos que informar, pero la verdad es que es algo que me apetece mucho hacer. También recibí un mensaje de mi editorial polaca para que les corrigiera un libro de conversación en español. De vez en cuando les hago algún trabajito, no me suele llevar mucho tiempo y así me saco un extra. Tenía tiempo de sobra antes de irme a Barcelona el jueves que viene, así que acepté. 

Así estaban las cosas cuando por la noche me escribió una amiga del instituto con la que llevaba tiempo sin hablar ofreciéndome otro trabajito. Más extenso, más complicado y más interesante. En Barcelona tendré mucho tiempo libre y puedo trabajar, pero me interesaría dejármelo todo acabado. Dudas, nervios, más dudas... Qué narices, aquí hemos venido a jugar. He aceptado. 

Eché un ojo a mi agenda: una semana para corregir un libro, hacer el otro encargo, dar un par de clases, ver dos partidos de baloncesto y hacer la maleta. Un poco justo, pero factible. Así, entusiasmada y asustada a partes iguales, me fui a la cama. ¿Qué podía salir mal? 

La biología, cómo no: me he despertado afónica. No me duele la garganta (menos mal, me estoy dejando los nudillos tocando madera para que no se me infecte), pero no tengo voz. Si hay algún otorrino en la sala, que se manifieste: ¿cómo es esto posible? No he cogido frío (si alguien está atento a las previsiones meteorológicas, habrá observado que aquí ahora mismo hace calor), no he hecho nada. Vale, me desgañité el miércoles, ¡¡pero de eso hace dos días!! ¿Existe la afonía con efecto retardado? ¿Es eso algo real? ¿Por qué me tiene que pasar esto? ¿Mataron a alguien porque fui una bocazas en mi antigua vida y ahora el karma me lo paga con episodios de silencio forzado? ¿El universo necesita un respiro de tanto oírme hablar? ¿Se me está yendo la cabeza? 

Probablemente. Y sigo sin poder hablar, así que me vuelvo al trabajo. El libro ya está corregido y estoy preparada para lo que venga. Creo. Si no publico el martes, es que el universo se ha hartado también de la mierda que escribo y ha decidido que se me caigan los dedos. ¡Buen fin de semana!

2 comentarios:

  1. Jajaja, no por dios, los dedos no! ¿Estás mejor?

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    1. Lo estaba, pero ayer volví a gritar. Hoy estoy bien, no puedo cantar mucho, aunque sí hablar con normalidad. Veremos mañana que me voy a Barcelona... ¡Seguiré informando! :)

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!