viernes, 31 de marzo de 2017

De la entrada contra reloj

No es que anteponga la cantidad a la calidad, aunque estoy dando motivos más que sobrados para se piense eso de mí. Este empeño mío reciente en querer actualizar dos veces a la semana responde más a la necesidad de querer ser constante en algo. Son las 23:47, así que me quedan poco más de diez minutos para escribir y publicar esta entrada.

Casualmente hoy me he puesto a pensar, no sé muy bien por qué, en el tiempo que he tardado en aprender ciertas cosas. Algunas más fáciles que otras, y que sin embargo me han costado muchísimo. Por poner un ejemplo, tardé casi un año en entender las divisiones por dos cifras. Ahora me cuesta creerlo, pero en tercero de primaria me supuso una crisis existencial. Un poco más tarde, en sexto, me enfrenté a uno de los desafíos más grandes de mi vida: aprender a hacer la voltereta. Hay quien se queja de estudiar análisis sintáctico porque dicen que no sirve de nada... Tal vez. Yo sí puedo garantizar que hacer la voltereta no me ha servido absolutamente de nada en esta vida.

Probablemente de lo que más orgullosa me siento es de haber aprendido a montar en bici, aunque fuera con 24 años. No he practicado mucho desde entonces, pero espero de corazón que sea de verdad lo que dicen y no se me olvide.

Aún me queda demasiado por aprender. Y es maravilloso y genial: solo aprendiendo tiene sentido la vida. No me parece mal. Pero me gustaría entender mejor a la gente... ¿soy la única? Un manual de instrucciones, no demasiado complicado, con lo básico. A detectar las emociones en las palabras y en los gestos, o en la ausencia de ellos. Y a reaccionar de manera sencilla y elegante, para no hacer daño ni que te lo hagan a ti. Apple, saca una aplicación con esto y te ganarás mi respeto.

Es algo que me ha fastidiado siempre y me sigue doliendo. Tanto como no entender las divisiones de dos cifras. La sensación de que todo el mundo me lleva algo de ventaja, de que hay algo que no entiendo. Y lo que es peor, el terrible miedo a no ponerme al día jamás. Ojalá las relaciones personales se parecieran un poquito a las matemáticas; quizá así tendría una oportunidad...

Se me acaba el tiempo.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!