viernes, 17 de febrero de 2017

De raíces y alas


Meses de rehabilitación y de no hacer nada dan para mucho. Como, por ejemplo, ver un montón de vídeos y hacer cursitos online sobre productividad y actividades varias. Y de pronto un buen día sientes la necesidad de retomar alguno de tus antiguos proyectos.

Mi primera opción fue terminar El Puzzle. Sí, ha adquirido personalidad propia y hasta el derecho de que lo mencione con mayúsculas. El Puzzle es un puzzle de mil piezas de la torre Eiffel que brilla en la oscuridad. De lo cual se desprenden dos cosas. La primera, que es muy bonito. La segunda, que estoy mal de la cabeza o que soy una gran montadora de puzzles, porque solo en uno de esos dos casos se entiende que me haya comprado un puzzle de mil piezas de las cuales novecientas son cielo nocturno azul oscuro. Por si alguien se lo estaba preguntando, el primer caso es el correcto: efectivamente, estoy muy mal de la cabeza. Y El Puzzle lleva cogiendo polvo en mi casa desde el año 2008, cuando empecé la universidad. Haré un master, un doctorado, me casaré, tendré hijos, mis hijos se irán a la universidad y El Puzzle seguirá cogiendo polvo en mi casa. En el fondo es hermoso, una oda a lo inmutable fabricada por Educa. ¿Quién soy yo para fastidiarlo ahora y montarlo? ¡Nadie, pardiez! Descartado.

Mi segunda opción fue volver a mi pequeño rincón de Internet y tomármelo en serio. C., uno de mis compañeros de batalla en Saarbrücken, me sugirió que lo usara de plataforma para dedicarme a lo que quería. A las malas, siempre habría practicado mucho. M., mi compañera de piso en Saarbrücken, lo remató añadiendo que debía empezar a vivir como si ya hubiese conseguido la vida que quiero. Por desgracia, ninguno de los dos vivía conmigo cuando me hicieron esas sugerencias, así que lo apunté para más tarde y seguí hundiéndome en la miseria. El año 2015 no fue fácil.

Pero ahora que tengo el tiempo y las ganas, es el momento. No podía ser tan fácil, claro: pronto saltó el monstruo (que también debería estar escrito en mayúsculas, pero me niego a darle ese poder) a disuadirme. “¿Por qué ahora, que no te está pasando nada interesante?”

“Porque estoy reconciliando mis raíces y mis alas y eso también es importante. Y porque quiero.” Lo segundo se entiende, pero quizá lo primero requiera una pequeña explicación.

Desde septiembre de 2008, cuando empecé la uni, me he pasado ocho años viviendo fuera de Valencia, principalmente en Granada y en Alemania. Durante ese tiempo no he pasado más de tres meses seguidos en Valencia. Ni proponiéndomelo. Y mi relación con Valencia durante todos esos años ha sido complicada: la amaba, pero no dejaba de criticarla a ella y a mi vida aquí. Llevo en conflicto con mi pasado demasiado tiempo, pensando que eso me serviría para seguir adelante, pero no ha sido así.

Y mientras, las alas fueron creciendo. Despacio, un poquito cada día, con cada nueva decisión, cada nueva persona. Y aunque al principio fueron todo lo que prometían ser y más, siempre me acababa aburriendo. Me he mudado unas doce veces en ocho años, sé de lo que hablo. Al final me cansé de volar, pero mi orgullo me impedía reconocerlo, así que el destino decidió romperme el brazo para forzarme a aterrizar.

Y aquí estoy, después de ocho años. Enamorándome de nuevo de la perla del Turia, de su fragancia y sobre todo de su luz. Redefinir mi relación con mi familia es casi imposible (las constelaciones son tales porque no cambian), pero sí estoy redefiniendo algunas relaciones de amistad y en general, tengo mono de conocer a gente nueva. A veces caigo en el extremo opuesto y reniego de mis alas, de las ciudades, camas, personas e historias que he conocido durante mis viajes. Pero me dura poco porque ahora me digo a mí misma que la persona que soy es una mezcla de ambas.

“¿Desde cuándo tiene que ser una cosa o la otra? Se puede tener raíces y también alas”. Esta frase, dicha por el atractivo Josh Lucas en una comedia romántica, se ha convertido en uno de mis nuevos mantras. Así que a eso he venido. A reconciliar ambas, a crecer, a crear y a escribir mucho.

Mis contactos en FB ya conocían mi cara, pero para todos los demás, ahí me tenéis en todo mi esplendor. Es una foto un poco vieja pero servirá por ahora. Y por primera vez en mucho tiempo, escribo y firmo con mi nombre. Salvo enfermedad o compromiso importante, subiré nueva entrada todos los martes y viernes. Me encantaría comprometerme a una hora determinada, pero no puedo. Imagino que por las mañanas. La temática será la habitual; quizá un poco más organizada (que no es que sea muy difícil). Ya tengo preparadas un par de entradas de reserva y uno de mis últimos proyectos de escritura ha producido varios relatos que personalmente me gustan mucho y tengo muchas ganas de enseñar.

Por cierto, tengo que preguntarlo por lo menos: ¿hay alguien de Valencia aquí dispuesto a terminar El Puzzle? Interesados contactar. 

6 comentarios:

  1. ¡Hola! Cuánto tiempo. Gracias a Facebook (algunas cosas buenas tiene que tener) he llegado a tu entrada, y no he podido evitar comentarla. Me encanta que escribas y que vayas abriendo las alas. Te entiendo muy muy bien cuando dices "Al final me cansé de volar, pero mi orgullo me impedía reconocerlo, así que el destino decidió romperme el brazo para forzarme a aterrizar", qué sabio es el cuerpo, cada día me sorprende más.

    Un abrazo, y a volar alto ;-)

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    1. ¡Hola! Bueno, en mi caso lo del brazo fue muy literal, pero sí, necesitaba frenar un poco. A ver qué sale de aquí ^^ Muchísimas gracias por comentar y espero volver a verte por aquí. ¡Un abrazo! :)

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  2. Siempre me han gustado mucho tus historias, así que, aunque no sea tan constante como tus entradas, seguro que sigo pasando por aquí.

    En cuanto a los de las raíces y las alas, no sé por qué a veces renegamos de ellas, a mí me pasa, no me identifico mucho con la gente del lugar del que provengo, pero al fin y al cabo soy así por ellos.

    Un abrazo.

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    1. Bueno, de momento he hecho el propósito de actualizar dos veces a la semana. Del dicho al hecho hay un trecho y toda mi pereza, pero en cualquier caso, con que de vez en cuando te pases y leas ya soy feliz :).

      Supongo que renegamos de las raíces cuando nos damos cuenta de que no son tan perfectas como imaginamos de niños. O cuando vemos que hay vida fuera de nuestro pequeño universo, no sé. Pero sí, es algo muy común.

      Un abrazo :)

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  3. ¡Estupendo post, Krysia! :) Se ve que a los dos el cuerpo nos da señales parecidas y que nos sirven para echar el freno, recapitular y, sobre todo, tomar impulso para lo que viniere :) Enhorabuena por los horizontes que se te abren. Como sigas así me voy a hacer asiduo a este rincón de la blogosfera. Un besote gordo y mucho ánimo de otro que anda de baja explorando sus raíces y soñando con sus alas. ¡Que tardemos menos en abrir las últimas que en echar las primeras!

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    1. Me ha costado identificarte, pero lo he logrado, mwahaha. ¿Qué te ha pasado? Espero que eches a volar pronto allá donde quieras ir y gracias por comentar, ven cuando quieras. ¡Un abrazo y muchos buziaki!

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!