martes, 28 de febrero de 2017

De mis libros: El guardián entre el centeno

Hace tiempo escribí sobre el que considero uno de mis libros preferidos, Caperucita en Manhattan. Pues bien, hoy toca hablar del libro que se ha convertido en mi obsesión: El guardián entre el centeno.

Ya había oído hablar de este libro antes, pero no me llamó la atención hasta que empecé a escribir con M. la historia de los tres hermanos (no creo que vaya a compartir nada de ese material por el momento. Básicamente es la vida de tres hermanos adorables con vidas perfectas y geniales). A M. se le ocurrió que el libro preferido de los tres tenía que ser éste, y dado que estaba tan convencida de ello, me lo acabé comprando el 23 de abril, día del libro, de 2008.

Me encantó. Su primer párrafo, probablemente uno de los comienzos más populares de la literatura, nos dice mucho de su protagonista y del tono del libro: esta es una historia en la que nos lo cuentan todo sin contarnos nada y que vamos a vivir como si nos estuviera sucediendo a nosotros.

Por si hay alguien que no sepa nada de este libro, no hay mucho que contar del argumento: es la narración en primera persona de todo lo que le pasa a Holden Caulfield, un chico de 17 años, desde que lo expulsan de su internado hasta que comienzan las vacaciones de Navidad. Tres días en la vida de Holden, con su visión del mundo y con los personajes que lo pueblan. Nada más.

Si no lo habéis leído, por favor, leedlo. Este libro es la novela monologada por antonomasia. En mi opinión resulta bastante sencillo empatizar con el protagonista por el estilo que emplea Salinger y sobre todo, porque todos hemos sido como Holden en algún momento de nuestra vida: inseguros, desconfiados y solitarios. Vale, tal vez todo el mundo no, pero yo sí.

Con esto no quiero decir que sea un libro para todo el mundo ni mucho menos. A quienes les gustan más los libros que te cuentan una historia con principio, nudo y desenlace tradicional no les va a gustar este libro porque es algo totalmente distinto. A quien no le guste Virginia Woolf, Sándor Márai o en general cualquier autor cuyos personajes sean almas torturadas, no le va a gustar nada El Guardián. Pero a mí me pone el drama y me encantan los personajes complejos. Por eso es uno de mis libros preferidos. Y mi obsesión, no lo olvidemos.

¿Por qué mi obsesión? Todo empezó en Münster, con una buena idea. Mi amigo D., también un gran fan de este libro, volvía un día de la librería cuando me lo encontré por la calle. Me dijo que se había comprado el libro en inglés y en alemán porque el texto original se entiende muy bien aun sin saber muchísimo inglés y en alemán, para comparar la traducción con el original y aprender más vocabulario. Me pareció que tenía sentido e hice lo mismo. La versión original me la leí en menos de una semana. La versión en alemán… habrían de pasar años.

Entonces fui a Varsovia y me pareció que podía leérmelo en polaco y me lo compré. Luego me mudé a Saarbrücken y, estando de excursión en Saarguemines, Francia, lo encontré en una librería y pensé que sería buena idea comprármelo en francés. Más tarde, me mudé a Varsovia y le encargué a mi profesor que me lo comprara en italiano cuando volviera de sus vacaciones en Roma. Una compañera de trabajo de Barcelona tuvo el detallazo de regalármelo en catalán y, para terminar con la locura, mi tandem me lo compró en húngaro durante sus vacaciones en Budapest.

Sí. Tengo ocho ejemplares de El guardián entre el centeno. Me queda leérmelo en polaco, en francés y en húngaro, lo cual va a ser complicado porque no entiendo nada de húngaro, pero ahí lo tengo. No sé en qué momento se convirtió en una colección, pero es lo que es: una colección de traducciones. Resulta fascinante leer la misma historia en distintos idiomas, porque en cada uno se aprecian matices diferentes. La voz de Holden suena distinta en cada traducción porque una persona distinta la tradujo. Y sí, resulta muy útil para aprender idiomas y recomiendo el truco.

Resulta un poco preocupante, sin embargo, si tenemos en cuenta que el asesino de John Lennon firmó un ejemplar de este libro y lo llamó “su confesión”. O que varios asesinos en serie tienen uno o más ejemplares. Yo, por si acaso, siempre les digo a mis amigos que no se olviden de filtrar el detalle de que tengo ocho a la prensa si por casualidad me da por matar a alguien: mantengamos viva la leyenda.

Bien porque os interese ver qué tiene este libro que fascina a los asesinos, bien porque os he convencido o bien por curiosidad, leedlo. Y si ya lo habéis leído, leedlo otra vez, puñetas. Solo por la primera y por la última frase del libro merece la pena el esfuerzo (creo que la última la he escrito yo alguna vez en este blog, por cierto).


Total, lo peor que puede pasar es que queráis matar a alguien. A mí, por ejemplo. Y me hago cargo encantada.

viernes, 24 de febrero de 2017

De mis películas IV: La ciudad de las estrellas (La la land)

N., mi segunda esposa, y yo vivimos separadas desde hace mucho tiempo. Pero para mantener la pasión, todos los años celebramos nuestra triple porra: los Oscar y las semifinales de Eurovision. Este año es especial porque mi querida N. llegará a Valencia en pocas horas y podremos ver la gala juntas. Y le ganaré, por supuesto. 

Celebrando que han abierto -¡por fin, oh, por fin!- un cine en mi ciudad, hace un par de semanas fui a ver la favorita, la más nominada… La ciudad de las estrellas (La la land).

Normalmente soy crítica con las traducciones de los títulos (deformación profesional, qué le vamos a hacer), pero en este caso lo comprendo: cuando escucho “La la land”, pienso en Massiel. Y probablemente a la persona que tradujo el título le sucede lo mismo. Aunque no somos los únicos: la traducción del título es un tema que trae cola, porque en toda Europa se lo han cambiado.

Fui a verla con miedo, lo confieso: demasiadas expectativas para un musical. Sí, soy muy fan de Siete novias para siete hermanos y Ryan Gosling es más atractivo que los siete hermanos juntos, pero tenía mis reservas. Tanta nominación… Algo no encajaba. Y el argumento, a priori, no puede ser más básico: él quiere abrir un club de jazz, ella quiere ser una gran actriz, se conocen, se enamoran y…

No, no voy a contar el final. Si la habéis visto, a lo mejor os habéis visto inmersos en algún debate al respecto y esta es mi opinión: artísticamente soberbio, ligeramente incoherente. No puedo asegurar nada, pero sí tiene posibilidades reales de llevarse muchos Oscar. Las razones para ello, a continuación.

A los Oscar les gustan las pelis serias, históricas, trascendentes… y que homenajean a Hollywood. Las ganadoras de los últimos años han cumplido alguna o varias de esas características. Esta película no es seria, ni histórica ni trascendente, pero le hace muchos guiños a Hollywood y gira en torno a su mitología de ciudad de los sueños. ¿A quién no le gusta un elogio?

Su historia es sencilla pero bonita, y tiene un mensaje positivo: siempre vale la pena luchar por un sueño. Las historias de superación nos encantan, aunque su narrativa sea más falsa que una moneda de tres euros. Así que ahí va otro punto para La la land.

Y ya que hablamos del lalala, la música: con razón dos de sus canciones están nominadas al Oscar a Mejor Canción, así como su banda sonora.  Si no os gustan mucho los musicales, como a mí, al final os cansaréis de tanta cancioncita. Pero lo cierto es que todas sus canciones son bonitas, pegadizas y memorables. Ryan canta bien (qué demonios, Ryan lo hace todo bien). Emma también.

El reparto, en el que Emma Stone y Ryan Gosling son los protagonistas absolutos, no decepciona y da vida de forma convincente a sus personajes. Personajes que, aunque pequen un poco de arquetípicos, muestran su profundidad en los pequeños detalles. Además, son personajes agradables y simpáticos, a los que da gusto querer y a los que querrías tener como amigos. Los personajes secundarios no destacan especialmente, salvo quizás John Legend.

En resumen, es una película que se disfruta. Cuenta una historia clásica pero con su propia voz y sus propias características. La recomiendo y, si la habéis visto ya, dejadme vuestra opinión sobre el final en los comentarios.

martes, 21 de febrero de 2017

Del CJC (I): El paseo

Hace unas semanas hice un cursillo en Skillshare: Creative Journaling Challenge, que consistía en escribir unos diez minutos durante diez días seguidos. Algunos días escribí más, otros menos... No voy a compartirlos todos, solo los que me gustan. Este es un poco flojito, pero es el primero y le tengo cariño.

El paseo

Acaba de darse cuenta de que le gusta salir a andar solo. Ha sido la primera vez en meses que lo hace. Y lo más importante: lo ha hecho a propósito. Ha decidido salir a pasear él solo. Él, su móvil y sus cascos, avenida arriba.

Creía –esperaba y casi confiaba en- que sería muy aburrido. Pero llevaba música y, casi sin querer, ha empezado a cantar para sí mismo. Es lo que alguna generación –la suya o la anterior como mucho- ha decidido llamar estar en un videoclip. Y aunque a buen seguro las calles de Manhattan o de París serían un escenario mucho más interesante y bonito para un vídeo musical de su vida, ningún lugar es más suyo ni lo define mejor, por más que lo niegue.

En algún momento, ha comenzado a sentir su propia compañía dentro de él, mucho más amable y pacífica de lo que esperaba. Sin obsesiones, sin sufrir y casi sin pensar. Solo música. La música, la calle y él consigo mismo. También le dolía la pierna –y le sigue doliendo, de hecho-, pero en esos momentos nada de eso importaba demasiado. Solo caminaba y cantaba.

A la vuelta, casi por accidente, ha llamado a Marta. Y su propia compañía se ha retirado en silencio con una sonrisa y con la música para dejarles hablar. Echaba de menos su voz, sus palabras y la forma en que tenía ella de hacerle sentir mejor. El camino de vuelta se ha hecho mucho más corto… seguramente, también, porque era cuesta abajo.

Cumplió su propósito inicial al decidir dar un largo paseo solo: activar su circulación, evitar el sopor de la siesta y no invertir demasiado tiempo en el proceso. Pero le ha sorprendido mucho disfrutar de la caminata y del tiempo consigo mismo. Casi se echa de menos.

Es una alegría saber que solo tiene que coger las llaves, las zapatillas, el móvil y los cascos para encontrarse de nuevo.

viernes, 17 de febrero de 2017

De raíces y alas


Meses de rehabilitación y de no hacer nada dan para mucho. Como, por ejemplo, ver un montón de vídeos y hacer cursitos online sobre productividad y actividades varias. Y de pronto un buen día sientes la necesidad de retomar alguno de tus antiguos proyectos.

Mi primera opción fue terminar El Puzzle. Sí, ha adquirido personalidad propia y hasta el derecho de que lo mencione con mayúsculas. El Puzzle es un puzzle de mil piezas de la torre Eiffel que brilla en la oscuridad. De lo cual se desprenden dos cosas. La primera, que es muy bonito. La segunda, que estoy mal de la cabeza o que soy una gran montadora de puzzles, porque solo en uno de esos dos casos se entiende que me haya comprado un puzzle de mil piezas de las cuales novecientas son cielo nocturno azul oscuro. Por si alguien se lo estaba preguntando, el primer caso es el correcto: efectivamente, estoy muy mal de la cabeza. Y El Puzzle lleva cogiendo polvo en mi casa desde el año 2008, cuando empecé la universidad. Haré un master, un doctorado, me casaré, tendré hijos, mis hijos se irán a la universidad y El Puzzle seguirá cogiendo polvo en mi casa. En el fondo es hermoso, una oda a lo inmutable fabricada por Educa. ¿Quién soy yo para fastidiarlo ahora y montarlo? ¡Nadie, pardiez! Descartado.

Mi segunda opción fue volver a mi pequeño rincón de Internet y tomármelo en serio. C., uno de mis compañeros de batalla en Saarbrücken, me sugirió que lo usara de plataforma para dedicarme a lo que quería. A las malas, siempre habría practicado mucho. M., mi compañera de piso en Saarbrücken, lo remató añadiendo que debía empezar a vivir como si ya hubiese conseguido la vida que quiero. Por desgracia, ninguno de los dos vivía conmigo cuando me hicieron esas sugerencias, así que lo apunté para más tarde y seguí hundiéndome en la miseria. El año 2015 no fue fácil.

Pero ahora que tengo el tiempo y las ganas, es el momento. No podía ser tan fácil, claro: pronto saltó el monstruo (que también debería estar escrito en mayúsculas, pero me niego a darle ese poder) a disuadirme. “¿Por qué ahora, que no te está pasando nada interesante?”

“Porque estoy reconciliando mis raíces y mis alas y eso también es importante. Y porque quiero.” Lo segundo se entiende, pero quizá lo primero requiera una pequeña explicación.

Desde septiembre de 2008, cuando empecé la uni, me he pasado ocho años viviendo fuera de Valencia, principalmente en Granada y en Alemania. Durante ese tiempo no he pasado más de tres meses seguidos en Valencia. Ni proponiéndomelo. Y mi relación con Valencia durante todos esos años ha sido complicada: la amaba, pero no dejaba de criticarla a ella y a mi vida aquí. Llevo en conflicto con mi pasado demasiado tiempo, pensando que eso me serviría para seguir adelante, pero no ha sido así.

Y mientras, las alas fueron creciendo. Despacio, un poquito cada día, con cada nueva decisión, cada nueva persona. Y aunque al principio fueron todo lo que prometían ser y más, siempre me acababa aburriendo. Me he mudado unas doce veces en ocho años, sé de lo que hablo. Al final me cansé de volar, pero mi orgullo me impedía reconocerlo, así que el destino decidió romperme el brazo para forzarme a aterrizar.

Y aquí estoy, después de ocho años. Enamorándome de nuevo de la perla del Turia, de su fragancia y sobre todo de su luz. Redefinir mi relación con mi familia es casi imposible (las constelaciones son tales porque no cambian), pero sí estoy redefiniendo algunas relaciones de amistad y en general, tengo mono de conocer a gente nueva. A veces caigo en el extremo opuesto y reniego de mis alas, de las ciudades, camas, personas e historias que he conocido durante mis viajes. Pero me dura poco porque ahora me digo a mí misma que la persona que soy es una mezcla de ambas.

“¿Desde cuándo tiene que ser una cosa o la otra? Se puede tener raíces y también alas”. Esta frase, dicha por el atractivo Josh Lucas en una comedia romántica, se ha convertido en uno de mis nuevos mantras. Así que a eso he venido. A reconciliar ambas, a crecer, a crear y a escribir mucho.

Mis contactos en FB ya conocían mi cara, pero para todos los demás, ahí me tenéis en todo mi esplendor. Es una foto un poco vieja pero servirá por ahora. Y por primera vez en mucho tiempo, escribo y firmo con mi nombre. Salvo enfermedad o compromiso importante, subiré nueva entrada todos los martes y viernes. Me encantaría comprometerme a una hora determinada, pero no puedo. Imagino que por las mañanas. La temática será la habitual; quizá un poco más organizada (que no es que sea muy difícil). Ya tengo preparadas un par de entradas de reserva y uno de mis últimos proyectos de escritura ha producido varios relatos que personalmente me gustan mucho y tengo muchas ganas de enseñar.

Por cierto, tengo que preguntarlo por lo menos: ¿hay alguien de Valencia aquí dispuesto a terminar El Puzzle? Interesados contactar.