lunes, 30 de enero de 2017

De mi brazo roto

Se supone que, para mantener enganchados a los lectores, no hay que desvelar la solución de la trama hasta el final. Pero qué demonios, llevo seis meses y medio sin pasarme por aquí, así que no vale la pena andarse con rodeos. En mi afán de seguir los pasos de César Mallorquí, he decidido copiarle pero al revés: romperme algo y luego escribir y publicar buenas novelas que se vendan bien. La buena noticia es que dentro de nada empezaré a ganarme la vida como escritora.

La mala noticia es que me rompí el brazo en octubre. Era martes, día 4 de octubre. Estaba de vacaciones en España y tenía billetes para volver a Varsovia una semana después. Aquel día me disponía a ir de compras a Valencia con mi madre y mientras bajaba el piso de escaleras, ese único, corto y conocido tramo de escaleras, que tantas veces había subido y bajado, me resbalé y caí hasta chocar contra la rampa.

Intenté levantarme, pero no podía mover el brazo derecho. Para colmo, me lo rompí por dos partes a la altura del hombro, así que me tuvieron que operar. Qué desagradable… Mejor os ahorro la narración de la experiencia, cualquiera a quien hayan operado de adulto lo entiende. Tres semanas después me quitaron las grapas y más tarde empecé con la rehabilitación.

Huelga decir que no volví a Varsovia. Tuve que dejarlo todo. Mi trabajo, mi piso, mi planta. Lo que más me dolió fue la planta, pero sé que M. está cuidando de ella. Y me resultó muy duro gestionar que me enviaran las cosas desde Varsovia y no poder decirle adiós a mi piso.

Por suerte, ahora estoy mucho mejor. He hecho rehabilitación y ya puedo hacer vida normal. No lo muevo exactamente igual que el izquierdo, aunque sigo trabajando en ello, pero qué le vamos a hacer.

Todo este proceso ha sido doloroso y transformador, física y mentalmente. Ahora que ya estoy bien se me plantea la posibilidad de volver a Varsovia, pero por ahora no voy a volver. Esto puede resultar sorprendente para quien me haya leído durante estos últimos años, porque me encanta Varsovia. Y me sigue encantando, no tengo ningún problema con ella.

El problema era yo. Yo estaba mal. Durante mis vacaciones, empecé a cambiar hábitos y a encontrarme mejor. Tenía mis planes para adaptar esos cambios a Varsovia, pero tenía mucho miedo de volver. Y en cierto modo, a veces pienso que el destino hizo que me rompiera el brazo para obligarme a quedarme y parar.

Si alguien se ha molestado en echar cuentas, se habrá dado cuenta de que ya llevaba dos meses sin escribir cuando me rompí el brazo. Y esa es una pausa importante. Sencillamente, escribir aquí había perdido todo su sentido. Escribía, pero no sabía por qué. Pensaba en cosas pero no las escribía. Y pasó el tiempo. Pero he vuelto y tengo planes (planes de los de agenda, horarios y objetivos) para quedarme aquí también.

Antes de terminar, quería comentar un par de cosas. Sí, finalmente publiqué el relato y se está vendiendo muy bien en Polonia. En parte, gracias a todos mis alumnos y a los alumnos de mi profesor de polaco. Y está gustando: un lector me encontró por Facebook y me dio las gracias por haberlo escrito. Pocas cosas me han hecho más feliz. Es una tontería de relato, es muy simple y de peor calidad que lo que escribo aquí (baja, Modesto), pero si a alguien le interesara, puede escribirme un correo y os informo de cómo conseguirlo.

Y por último, por si alguien se sorprende de ver que faltan entradas: es un misterio. Ha habido fallos en el sistema que han afectado a mi blog y se han cargado varias entradas… porque sí. Para colmo, acostumbro a escribir directamente en el blog, así que no tengo copia de seguridad de ninguna. Razón por la cual estoy escribiendo esto en un Word antes de copiarlo en el blog: esto no me vuelve a pasar. Lo siento sobre todo por los comentarios... a ver si averiguo qué narices ha pasado.

Gracias a todos por pasaros por aquí y espero seguir viéndoos, si no antes, el 17 de febrero. Un abrazo,


Cristina

4 comentarios:

  1. ¡Vaya! Cuánto lo siento. Me alegro de que estés mejor. Fíjate que hace unas semanas me acordé de ti y pensé que estarías tan feliz en Varsovia, unido al desencanto que tenías por el blog últimamente, que lo habrías dejado.

    Espero que los cambios que te esperan sean positivos y te hagan feliz, que dentro de un tiempo puedas decir eso tan típico de no hay mal que por bien no venga.

    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola! Sí, ha sido muy mala pata (nunca mejor dicho), pero al final no está resultando tan malo. Ha tenido sus cosas buenas, la verdad. Y nada, ahora a trabajar en otros proyectos.

      Muchas gracias por pasarte por aquí todavía :) ¡Un beso!

      Eliminar
  2. Como me alegra leerte amiga! Y saber que sigues feliz, con cambios y escribiendo...un abrazo, de los gordos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola! Gracias, a mí me alegra leer tu comentario y verte por aquí, jeje. Gracias por pasarte por aquí y espero que no sea la última vez. ¡Un abrazo!

      Eliminar

Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!