lunes, 14 de diciembre de 2015

De un par de copas más

No me conoces. Ni me miras, ni me ves, no existo. No te culpo. ¿Cómo habrías de conocerme? Si no me conozco ni yo. Si no has tenido la ocasión. ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Buscarte? ¿Espiarte sin que lo sepas y aparecer ante ti cuando menos te lo esperes? Ya estamos mayores para eso. 

No te conozco. Pero te miro, te veo y existes. Te escucho cuando hablas, te escucho cuando escribes y hasta escucho las palabras que no dices y que imagino que piensas, en algún maravilloso lugar entre tu mente y tu boca y tus dedos, antes de materializarlas en este impuro mundo que, la verdad, no sé si se las merece. Las necesita, eso sí. El mundo necesita palabras hermosas y gente como tú que las escriba. Perdona que me ponga trascendental, es que hacía tiempo que no me enamoraba de las palabras de alguien. 

En mi mente eres una imagen difuminada. Lo siento, no puedo imaginarte sin tenerte delante. Ni siquiera con una foto consigo verte tan vivo como te siento. Así que ya no miro tus fotos; me entorpecen. Pero cuando te veo, me es imposible refrenar mis pensamientos. Pensamientos sobre ti. Y anoche te vi.

Creo que nunca te había visto tan guapo, y eso que no llevabas puesto nada especial. Pero había algo en tus ojos, de un color indeterminado. No son azules, eso está claro. ¿Pero qué importará de qué color son tus ojos? Lo que importa es que son tuyos, son dulces y sabios y a través de ellos ves el mundo. Anoche estabas feliz, se te notaba. En las arrugas de tus párpados, heraldos de tu sonrisa.

Ay, tu sonrisa. Algo le pasa al mundo cuando sonríes, pero no sé qué es. ¿Brilla más? Tal vez, pero sobre todo es un lugar más cálido. Veía tus labios y sólo quería besarlos. O sencillamente estar más cerca del aire que exhalas -de tus palabras, de ti. 

También me cuesta recordar tu voz, extraña. No es bonita, pero es imposible confundirla con otra. Ya te he profesado mi admiración por tus palabras y ahora admitiré que me encanta ese tono socarrón que usas cuando dices algo indecente. Y sueles hacerlo a menudo.

Y quizás con un par de copas más... Tal vez habría reunido el valor para acercarme y decirte hola. Para sonreír con mi no tan bonita sonrisa, para cogerte de la mano con decisión, mirarte a lo más profundo de los ojos y decirte "Baila conmigo". 

Por caridad, por diversión, porque nos apetece. Porque somos jóvenes y es bonito estar enamorado incluso de quien no te quiere. Porque me apetece soñar contigo. Porque sé que todo esto es mentira, que me estoy enamorando de lo que me imagino de ti basándome en lo poco que sé. Porque me da igual. Porque no debería encariñarme contigo, pero tú no me has pedido permiso tampoco. Porque siendo como eres -inteligente, amable, canalla-, ¿cómo esperas que no me enamore? 

Las luces se apagan, la noche se acaba y tu imagen desaparece. Y aquí estoy yo, con una resaca que me he ganado a tragos de vodka y los ojos tristes porque te echan de menos. No miraré tus fotos. Pero te imaginaré tan bien como pueda. Soñaré que fui valiente. Y que bailamos. Elige tú la canción, yo ya estoy soñando. 


4 comentarios:

  1. No, no pedimos permiso para enamorarnos. Ojalá las cosas fueran más fáciles y siempre lo hiciéramos de la persona correcta.

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    1. Más bien me refiero a que él no ha pedido permiso para ser especial. Siendo como es, es inevitable. Pero teniendo en cuenta que me enamoro unas tres veces a la semana, y sin desmerecer mis sentimientos, no es para tener demasiado en cuenta lo que digo. :)

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  2. Oye, pues para ir ebria (si es que realmente lo estabas) te ha salido un texto estupendo. Tampoco te voy a animar a que pilles cogorzas continuamente, pero en las ocasiones que te pongas intenta tener a mano un boli o un teclado. Tus abnegados lectores lo agradeceremos.

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    1. Con resaca tardía, más bien :). Fue una de esas resacas que engañan. Me desperté como una rosa y, horas después, me sentía como si me hubiese atropellado un autobús. Bah, tranquilo, no necesito excusas para emborracharme. Lo cual no significa que lo haga todos los días -ni siquiera todas las semanas. Gracias :)

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!