sábado, 7 de noviembre de 2015

De rascacielos y enamoramientos

Un día le haré fotos a mi barrio y las publicaré aquí para que lo veáis. Mi barrio no es bonito, porque apenas hay calles bonitas en Varsovia. Pero es céntrico, lo tengo todo cerca y me encanta. Y es mi hogar.
Pero no veo estrellas por la ventana. En vez de eso, veo mi rascacielos. Que ni es el más grande, ni el más bonito, ni el más especial. Pero es mío. Lo sé, es triste cambiar las estrellas por el hormigón, pero son malos tiempos para los soñadores. Especialmente si viven en una ciudad grande. 

Así que ahora, cuando mi mirada se pierde en el vacío y mi mente vaga sin rumbo, de repente me sorprendo mirando el rótulo luminoso del rascacielos. Que ahora que lo pienso, ni siquiera es tan alto. Y me pregunto si alguna vez estaré preparada para que alguien se enamore de mí y para enamorarme de manera sana.

Por supuesto. Ya me hacía falta un motivo para dramatizar y lamentarme... O no. Estas semanas he estado reflexionando mucho sobre muchas cosas. Soy cariñosa y me encanta abrazar y toquetearle el pelo a la gente. Y sin embargo, me incomoda muchísimo que alguien haga lo propio conmigo. Casi me asusta. Ya sea para hacerme un gesto cariñoso o para pedirme que me aparte: me aterra que me toquen. Puede que sea por falta de costumbre. O tal vez desconfío de las intenciones de los demás y me cuesta perder el control, no lo sé.

De igual manera, sé que este no es un buen momento para enamorarse. Nunca lo es, de acuerdo. Y si tuviera que elegir, este sería sin duda uno de los mejores: independiente, con trabajo, libre, feliz y satisfecha. Creo que nunca me ha ido mejor. Pero las cosas no son tan sencillas.

Aún estoy en período de transición. Aún intento encontrar del todo mi sitio aquí y acostumbrarme a mis rutinas. Aún estoy ocupada construyendo cosas (aunque ahora mismo tengo las obras en pausa). De hecho, estoy ocupada y punto. Y me encanta. Pero en estas condiciones no puedo hacer sitio para nadie más. O podría, a costa de dejarme a mí misma a un lado. Y no puedo hacer eso ahora. 

Pero ha faltado muy poco. He estado a punto de enamorarme. Por suerte, la tontería se me ha pasado pronto y ha mutado en un gran cariño hacia esa persona. Habría sido imposible, de todas formas. Y de haber sido posible, habría sido un error. Todavía me agobio. Todavía no me basto. Y aunque siento muchísima curiosidad por saber cómo sería yo en una relación, aún me queda mucho por hacer. Es mejor no tener prisa. 

Supongo que mientras haya rascacielos y mañanas bonitas el proceso no será tan difícil. Pese al agotamiento, se vive muy bien aquí :-).