viernes, 9 de octubre de 2015

De una aventura alucinante, terrorífica y maravillosa

Esto va a ser largo, así que poneos cómodos. Con una buena cerveza cerca. Si es española, que sea Alhambra, por favor.

Todo empezó el día después de mi última entrada, cuando decidí que ya estaba bien. No, empezó antes. Este verano he hecho dos cosas muy importantes: aprender a montar en bici y limpiar mi habitación. 

Lo primero me devolvió la seguridad perdida y me hizo recordar que puedo hacer cosas nuevas y que estoy a tiempo de aprender. Que nunca es tarde para intentar algo que vale la pena y que, de hecho, muchas veces se puede conseguir. 

Lo segundo me obligó a hacer limpieza mental. Recordé muchas cosas y viajé en el tiempo hasta mis años de instituto y lo que vi ahí me hizo llorar no pocas veces. He tirado muchas cosas y cerrado bastantes capítulos, o eso quiero creer. Carlos estaba ahí. Y la única carta que me escribió, cuando cumplí 15 años, lo cambió todo. Me invitaba a fabricar los recuerdos que quisiera tener, a vivir. El día en que releí esa carta sus palabras tuvieron más sentido que nunca. 

Y en septiembre decidí actuar. Redacté mi curriculum en varios idiomas, lo envié a varios sitios (casi todos en Varsovia), seguí haciendo mis cosas en Valencia, seguí viviendo mi vida y no me quedé quieta. Apunté mis triunfos diarios para recordar que realmente estaba haciendo algo y esperé a que me respondieran de alguna parte, sin dejar de buscar trabajo.

Un martes, tomándome un café con mi hermana, recibí un mensaje de una academia de Varsovia. Que querían hacerme una entrevista y que llamara. Pero la entrevista no podía ser por teléfono: tenía que ir a Varsovia. 

Skyscanner. ¿Cuándo me puedo ir? Mañana es demasiado pronto, pero el domingo está bien. Vale. Ahora el alojamiento… "M… ¿me puedo quedar en tu casa? Hay billetes baratos y…" "Sí, tía, vente." "Vale." Mejor compro billete sólo de ida; si me sale algo, vuelvo en unos días para recoger las cosas y ya está... *náuseas*

"Me voy para una semana o así y si no me sale nada me vuelvo… Vamos, que me vuelvo en una semana." "Te vas a quedar ahí, que lo sepas. Ya nos invitarás a tu piso y tal." "Tú no vuelves, te van a contratar y te va a ir genial." Mi madre lo supo más que nadie; no estaba tan afectada por despedirme en una estación desde que empecé en la universidad. Pero yo tenía mis dudas.

Y mientras el avión despegaba, paradójicamente, yo sentía que me lanzaba en caída libre. Esa sensación me ha acompañado no pocas veces durante las últimas semanas. 

Cinco entrevistas en una semana, cuatro ofertas formales de trabajo, tres pisos, dos ángeles polacos y una casera encantadora después firmaba el contrato de alquiler. Pardiez que hacía tiempo que no tenía tanto miedo. Pero el piso es genial, pequeñito pero cómodo, todito para mí, muy céntrico, cerca de mis amigos y del trabajo y de casi todo, en realidad. ¡Y tengo una plantita! Pues eso, que ya tenemos piso. Ahora a ver cómo lo pagamos. 

Entonces llegó el taller de profesores, con mis ocho compañeros de batalla. Gente simpática y adorable, muchos de los cuales se estrenan dando clases en español, y que espero que acaben siendo buenos amigos. Por lo pronto ya ha habido alguna cerveza de por medio y un karaoke. Nino Bravo se está retorciendo en su tumba, no digo más :).

El martes nos asignaron grupos y tengo mucho, muuuucho trabajo. Casi más del que puedo gestionar, de hecho. Pero qué narices, uno emigra para trabajar y la verdad es que todo me apetece mucho. Esta academia es la que más trabajo me da y podría sobrevivir tranquilamente gracias a ella, pero como soy masoquista y además ya me había comprometido, tengo un par de trabajitos más. Para ahorrar. O para derrochar, ya veremos. 

Lo que yo no sabía cuando firmé el contrato con la academia es que prácticamente me iba a mudar allí. Entre que en casa no me concentro tanto y que en la academia se preparan las clases mejor, llevo un par de días volviendo al piso sólo para dormir. No soy la única; los profes veteranos también "viven" ahí. Y son amor. Bueno, los que conozco son un amor; un día de estos los achucharé, me llamarán loca y pedirán una orden de alejamiento, pero ese día todavía no ha llegado. A los novatos nos ayudan en todo lo que pueden, nos dan ánimo, nos enseñan trucos y nos invitan a café. O a caramelos. O a quedarnos en la sala Lorca con ellos preparando clases hasta que no queda más remedio que desalojarla. 

¿Y cómo van las clases? Pues empecé ayer y antes de entrar estaba histérica y con las manos heladas. Para colmo, se me olvidó tomarme una valeriana. Por suerte, los grupos de ayer fueron buenos. Mis nuevos niños alumnos tienen bastante interés y muchas ganas de hablar y creo que disfrutaron. Como anécdota del día, me cargué el borrador de la pizarra. Dos veces. Acabé con las manos negras y haciendo cómplices a mis alumnas del crimen; al menos se rieron un rato. La clase de hoy no ha estado mal y bueno, poco a poco nos irá saliendo mejor. Me preocupan las clases del viernes y el sábado: tres horas seguidas por grupo. ¡Eso es lo que dura Titanic! Va a ser un desafío, pero estoy dispuesta a afrontarlo… con mucho café. Y no descarto drogas más duras. 

Nada de todo esto habría sido posible sin M y K, mis guías y mi refugio. Y mis abogados, agentes inmobiliarios, traductores, publicistas, cocineros, terapeutas… Espero poder hacer algún día por ellos la mitad de lo que han hecho por mí, porque sin su ayuda yo no estaría aquí. Y me encanta estar aquí. 

Tengo miedo. Qué digo, pánico. Mi vida ha cambiado totalmente en dos semanas. Me siento como una alcohólica en rehabilitación: limpia pero con miedo a volver a caer. A que los días vuelvan a ser todos iguales, a no querer levantarme de la cama, a odiar mi vida. Pero al igual que los alcohólicos, lo importante es no pensar en meses ni en años ni en cantidades de tiempo imposibles de manejar. Hay que pensar en días. Hoy lo haré bien. Mañana lo haré bien. Y después, quién sabe. 

Así que esto va a ser mi vida por ahora. Un trabajo que me gusta, unos amigos geniales, unos compañeros de curro estupendos, un piso encantador y una ciudad en la que siempre he sido feliz. Hoy he visto la constelación del carro en el cielo sobre mi edificio y me he sonreído como una tonta. Ojalá las ciudades se pudieran abrazar… ¿Y en el blog? Pues las tonterías de siempre y, espero, mucha Varsovia. Jolines, ¡¡vivo en Varsovia!! Aunque me levanto cada mañana aquí, a veces todavía no me lo creo. Luego salgo a la calle y el frío disipa mis dudas de golpe… 

En fin, corto el rollo ya. He vuelto. :-)

4 comentarios:

  1. Joder, Babilonia (y perdóname el taco o censúralo, tú mandas ;) ) pero estoy llorando de la emoción, literal. Me alegro tantísimo por ti. Porque leer a otro blogger durante un tiempo tiene estas cosas, que te implicas y te emocionas con sus aventuras y desventuras. Te conozco muy poco pero sé lo que te gusta esa ciudad y sé lo que es conseguir un curro cuando no tenías nada. Ante todo: ¡¡FELICIDADES!!

    Y para terminar, siempre se pueden (y se deben) aprender cosas nuevas, tengamos la edad que tengamos. Y tú eres muy joven. Soy joven yo y te llevo unos diez años, así que imagínate! :) Y por supuesto, me alegro de tu regreso :)

    Un beso enorme y mucha suerte en tu nueva etapa. Ah por cierto, yo empiezo este año al otro lado: como alumna :D Y no me enrollo más.

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    1. Jajajajaja, tranquila, no te censuro :) De hecho, en ese aspecto esta ciudad está siendo una muy mala influencia: estoy volviendo a decir palabrotas, con lo orgullosa que estaba de haberlas eliminado de mi boca. Pero Varsovia es genial; si alguna vez te dejas caer por aquí, avisa y te enseño la ciudad encantada.

      Ains, qué bonica que eres :) Muchas gracias por tu mensaje. Y sí, siempre hay que aprender cosas nuevas. Y sí, somos muy jóvenes. Y nos quedan muchas aventuras por delante.

      Así que empiezas de alumna... ¿de qué? ¿Dónde? ¡Cuentaaaaaa! Un beso y un abrazo de oso gigantescos :)

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    2. Alumna de inglés en una academia, a ver si pierdo el miedo a hablar. Y como está bastante relacionado con mi trabajo, puede que hasta escriba algo en el blog :D

      Gracias por la invitación :) Qué miedo dan las novedades, pero qué emocionantes. Sigue contando tú también :) MUAC

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    3. Habla, mujer, que los profes no nos comemos a nadie. Y es la única forma de aprender. ¡Besos! :)

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!