miércoles, 2 de septiembre de 2015

De la mentirosa que por una vez no quiere serlo

O de una despedida a medias.

Hola. Me llamo Cristina y eso es cierto. Que tengo 25 años también. Que en general no soy mala persona, no le deseo mal a nadie e intento, sin éxito, no fastidiar a nadie, también. Pero casi todo lo demás es un fraude.

Soy una mentirosa y una cobarde. No siempre y no con todo el mundo. Sólo con mi familia y con la gente que va muy de frente. Me entra miedo y agacho la cabeza y la acabo liando mucho. Y luego soy tan cobarde que ni me disculpo. O me disculpo a medias. Todo lo hago a medias, pero que hasta me disculpe así es de vergüenza. Habrá una cosa más triste…

Soy irresponsable. Inadecuada. Charlatana pero incapaz de rematar nada. Con muy buenas intenciones pero incapaz de ayudar a la gente a la que quiero. Mucho ruido y pocas nueces es mi obra preferida de Shakespeare y una buena frase para definirme.

Pero como de lo negativo sabemos hablar todos, y ahora que debo usar gran parte de mi tiempo en buscar trabajo, quizá debería añadir un par de cosas buenas. Cocino muy bien. Me interesa mucho la educación. Solía escribir, de joven incluso lo hacía bien. Hablo un par de idiomas y chapurreo otro par. Y no traduzco mal del todo. Ah, y leo en voz alta de maravilla.

Todo esto para decir que ahora mismo el blog se me queda grande. Que no quiero seguir escribiendo. Que apenas me quedan motivos para hacerlo. Ni motivos, ni tiempo, ni ganas. El problema es que me sigue quedando un asunto pendiente, que me importa mucho y no quiero dejar así: las dichosas entradas de mi sistema educativo.

No quiero dejarlo a medias, porque me importa de verdad. Me pasé mucho tiempo pensando sobre eso en el retrete (larga historia que será contada en otra ocasión) y en el tren. Sistemas aparte, sigo leyendo mucho sobre el tema y aunque no me vaya a llevar a ninguna parte, quiero acabarlo. Y lo haré, aunque no sé cuándo.

Así que de momento así se queda la cosa. Cuando quiera y pueda, lo acabaré. En un máximo de cuatro entradas más. Y si mientras se alinean los planetas, encuentro un trabajo, me mudo y empiezo de nuevo, tal vez me entren ganas de volver a escribir aquí.

Mientras tanto, y para que no se me aburra nadie. El guardián entre el centeno es un libro que recomiendo a todo el que no lo haya leído ya. Me tiene tan obsesionada que tengo cinco ejemplares en distintos idiomas. O leed un poco a Walt Whitman, que siempre viene bien para levantarse la moral. Tú la letra y yo la música, en versión original, es mucho mejor película de lo que esperaba. Y la voz de Hugh Grant en inglés es de las cosas más bonitas que se pueden escuchar. Y hablando de escuchar, el concierto en vivo de The Corrs en 1999 ha sido la banda sonora de estos dos últimos años de mi vida. En los buenos momentos. He cantado Dreams y Runaway paseando a los perros a las seis de la mañana y he cantado y silbado No frontiers, especialmente la parte de Caroline, para mi sobrinito. Que está enorme, que cada vez es menos mío y que prefiere la banda sonora de Frozen. No lo culpo.

Me quedaron muchas cosas que contar. Más allá de todo el rollo del carpe diem, a mí lo que me gustaba  de El club de los poetas muertos eran sus chicos, por dentro y por fuera. No pocas veces he fantaseado con ser novia de Neal o de Todd, pero mis preferidos eran Charlie y Knox. Charlie porque era un bribón y por su Poetrusic. Knox porque era un romántico de los pies a la cabeza. Para colmo, su amor era Chris. ¿Cómo no lo iba a querer? En fin. Personajes míos deben sus iniciales a poemas de esa película y no sé por qué me ha venido ahora a la cabeza el que escribe Knox. "Pero la vida está lograda y yo estoy contento. Porque sé que ella vive". La vida no está lograda. Más bien la malogramos a diario. La pobre bastante hace, amaneciendo cada mañana.

Quién sabe si esta será nuestra última noche.

Ah, casi lo olvido. Aprendí a montar en bici en julio.

2 comentarios:

  1. Me da mucha pena que lo dejes, voy a echarte de menos. Si vuelves con este blog probablemente me entere, si vuelves con otro, avísame por favor. Y voy a pedirte algo más: no dejes la escritura. Todos los que escriben lo dicen y tienen razón, hay que escribir aunque no se tengan ganas, aunque no lo publiques, aunque lo tires a la papelera después.

    El guardián entre el centeno me encantó, lo leí en la edad justa. De Wal Whitman no conozco nada. Tú la letra y yo la música me pareció divertida, aunque prefiero otras comedias como Cuando menos te lo esperas. Y debo de ser una rara porque El club de los poetas muertos me gustó pero no significa nada para mí.

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    1. Hey :) Tu comentario me alegró muchísimo, que lo sepas. En principio creo que volveré con éste, aunque no descarto empezar otro como plataforma profesional. Ya veremos.

      Y estoy de acuerdo en lo de que hay que escribir. A mi manera lo hago a diario: a menudo escribo en mi cabeza páginas, reflexiones enteras. Claro que si se plasma en la pantalla o el papel, mucho mejor. No te preocupes: creo que ni queriendo podría dejar del todo la escritura.

      Un abrazo enorme :)

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!