viernes, 24 de abril de 2015

De mi sistema educativo, parte I

Esta serie de entradas me va a costar más que un parto, pero es algo que me apetece mucho. Van a ser largas y quizá un poco más densas que lo que suelo escribir aquí. Por ahora estoy satisfecha con el resultado de la primera parte. A ver qué opináis. 

Empecemos por lo básico: ¿qué es la educación? ¿Por qué es tan importante? La respuesta corta es sencilla: la educación lo es todo y por eso es tan importante. Pero me extenderé un poco. Desde que nacemos, todo lo que percibimos con los sentidos es educación. Las calles limpias, el “por favor” y el “gracias” con sonrisa incluida, ceder el asiento, no decir palabrotas, ayudar a los demás, las declinaciones en latín, las ecuaciones de segundo grado, la filosofía de Platón, la estructura de las células, nociones básicas de nutrición humana, los deportes, el arte, la dinastía de los Austrias, los idiomas –locales y extranjeros-, la capital de Brunei Darussalam, las partes del árbol, las funciones del lenguaje, cocinar, ayudar con las tareas de casa, limpiar… 

Es algo muy grande y por tanto, complicado. Mucho más complicado que un edificio carcelario que abre de 8 a 15 lleno de mesas, sillas, pizarras y gente con más buenas intenciones que medios en clases demasiado llenas.

Por eso me parece ingenuo –aunque debería decir cruel, porque no hay ni una pizca de inconsciencia en su decisión- y fácil que los gobiernos de todo el mundo pretendan crear una ley chachi molona cada cuatro años (bueno, o las legislaturas que duren) para que milagrosamente resuelva todos los problemas de la educación. Cuando lo que falla es el mismísimo sistema. Así que volvamos a lo básico.

Tener una buena educación, integral (que abarque todos los ámbitos), universal (gratuita en todas sus etapas), de calidad (sin que exista la opción privada) y humana (donde los niños sean tratados como personas y no como números) es crucial para una sociedad feliz y sana. El problema es que la  felicidad y la salud no enriquecen a nadie, pero esa es otra historia. Y la felicidad, la realización del ser humano al máximo con el fin de sentirse útil, querido y seguro dentro de una sociedad, es lo que necesita el ser humano. En todo el mundo, en todas las clases sociales.

Lo que planteo es posible. A lo largo de mi exposición vais a pensar muchas veces: “Esto costaría mucho dinero que no tenemos”. A lo que yo digo: “Tururú”, o en su versión extendida: “Si fijamos un salario máximo que no exceda los límites de la decencia humana, eliminamos el ejército, los coches oficiales, las dietas y un montón de gastos realmente innecesarios y aun así NO hay dinero, me lo creeré.” Hasta entonces, en mi opinión hay dinero, muy malgastado y en manos de quien no debería tenerlo. Pero lo hay.

Para cambiar la educación hay que cambiar el sistema laboral al completo. No necesitamos trabajar 40 horas a la semana: podríamos trabajar 20, cobrar el mismo dinero, y usar el resto de horas en educar a nuestros niños. Porque sí, cada niño de este mundo es nuestro, nuestra responsabilidad. Nuestro futuro. Les debemos nuestro tiempo y nuestra disponibilidad. Y no, me niego a la solución alemana de “reconocemos el trabajo del progenitor y te pagamos por quedarte en casa”, porque todos sabemos cómo acaba la cosa: madres que podrían ser útiles a la sociedad también en el ámbito laboral pero que deben renunciar a su éxito profesional por los niños. Y no, no me estoy contradiciendo: en mi opinión es totalmente realizable. Trabajemos menos horas, las dos partes. Pasemos más tiempo con los niños, las dos partes. Si por mí fuera, daría baja maternal los tres primeros años y paternal los tres siguientes, por dos razones: porque los hombres se merecen estar con sus hijos al mismo nivel que las madres y porque las mujeres se merecen que sus maridos sepan lo que es llevar todo el trabajo de la casa y los niños. (Me lo estoy oliendo venir: en parejas homosexuales, que cada cual elija cuándo prefiere pillarse la baja; aunque en el caso de las lesbianas y si una es la madre biológica, para favorecer la lactancia materna debería ser ésta la primera en disfrutar de la baja). Por si a alguien le ha dado por calcular, la reducción de las jornadas laborales se traduciría en una mayor oferta laboral: ahora necesitamos a dos personas para el mismo trabajo. Dos personas menos en el paro, pagando impuestos y consumiendo y devolviendo el dinero a la economía global.

El otro motivo por el que exijo la reducción de las jornadas laborales es para que los padres puedan participar en las clases del colegio. Pero esa es otra historia.

Aunque quiero hablar de la educación a todos los niveles, tenemos que empezar con los niños. Los niños han sido tratados como una molestia durante siglos y por mucha Play Station para Reyes y muy poca disciplina que haya hoy día, esos críos están sufriendo una educación negligente dentro y fuera de las aulas. Padres que se sienten culpables por no poder pasar tiempo con los niños, abuelos y cuidadores cansados que no están preparados para el trabajo que supone educar a un niño rebosante de energía, maestros y profesores desmotivados: todos los adultos de este mundo deseosos de disfrutar de los niños como si fuesen muñequitos. Que estén guapos, que estén quietos, que estén sentados, que estén callados, pero que escuchen. Que escuchen y que lo aprendan todo y sin chistar, que para eso aún son semipersonas y no tienen derecho a decidir sobre su vida. Y no confundáis estas palabras con dejar a los niños campar salvajemente a sus anchas, pero entre ambos escenarios existe una gama de grises muy atractiva que vale la pena explorar.

Y como los cimientos del Escorial ya van en bueno, proseguiré con el resto de la obra en próximos posts. Quiero dejar constado en acta, no obstante, que esto son simplemente mis opiniones, que no he reflexionado tanto sobre el tema para tener en cuenta todas las variables y que esto son solo bosquejos, ideas locas. Todo comentario y aportación, como siempre, son bienvenidos

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Supongo que eso significa que hasta ahora te gusta lo que propongo :) Me alegro ^^. Pero primero escribiré una entrada más ligerita, que escribir sobre educación me cuesta. Bueno, más bien me cuesta poner las ideas en orden. Ahora, una entrada sobre Eurovision :D

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    2. Sí, me gusta, es una lástima que no pongan más empeño en conseguir algo parecido. Voy a lo de Eurovisión :)

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!